Pedro Sánchez encuentra en Venezuela el clavo ardiendo para resistir, pero la guerra también pasa por el Congreso

El Gobierno quiere exhibir perfil propio e iniciativa en el río revuelto internacional mientras sigue atado de manos para legislar en España

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno,
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, llega a la cumbre de la Coalición en el Palacio del Elíseo en París. (Yoan Valat/Reuters)

Pedro Sánchez tiene la determinación de concluir su mandato en plazo, es decir en 2027, pero sabe que no podrá hacerlo si no recupera la iniciativa ni la capacidad para legislar. Ya son dos los presidentes autonómicos que han convocado elecciones por este motivo, María Guardiola y Jorge Azcón, ambos del PP, y el del Gobierno no tendrá otra salida que hacer lo mismo si pierde una votación tras otra. Debe verlo complicado cuando ha pedido a sus ministros que se las ingenien para encontrar propuestas de impacto que no necesiten de la aprobación del Congreso.

Sánchez cree tener perimetrada tanto la crisis de los abusos en el seno del PSOE como los coletazos del caso que apunta a Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García, pero acusa una debilidad parlamentaria agravada por los desencuentros con Junts por la derecha y con Podemos y crecientemente con Sumar, su socio de coalición, por la izquierda. Entretanto, ganando tiempo, María Jesús Montero anunció el día de Navidad que el Ejecutivo ya tiene elaborados los Presupuestos y que los presentará en el primer trimestre del año.

2026 ha echado a rodar y solo le bastaron tres días para deparar una oportunidad para Sánchez. En una operación relámpago, Estados Unidos capturó al dictador Nicolás Maduro y ya lo ha sentado ante un juez en Manhattan por narcotráfico, terrorismo y corrupción. El presidente español anticipó su respuesta apenas unos minutos después de la incursión en Caracas. “España no reconoció al régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”.

El presidente del Gobierno expresa su preocupación tras la operación de Estados Unidos en Venezuela.

Ucrania, Groenlandia

Dirigentes como Emmanuel Macron o el propio jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, comenzaron más prudentes, para terminar desconfiando igualmente de la operación auspiciada por Donald Trump, que en esta primera fase consiente a Delcy Rodríguez al frente de Venezuela. Cuando estos se sumaron, Sánchez o José Manuel Albares ya tenían la velocidad de crucero y el discurso aprendido. “Es un precedente muy peligroso”, insiste Albares, que alerta de que la seguridad de Europa se encuentra en “un momento crucial”, con Groenlandia en el centro.

Subido en esta ola de acontecimientos, Sánchez anunció este martes en París que España está dispuesta a enviar tropas a Ucrania si se logra un acuerdo de paz. La agenda no habla de España y eso da aire al Gobierno, pero el Gobierno no va a poder evitar las Cortes, de modo que ha agendado una ronda de contactos con el resto de fuerzas. Necesita su autorización. Y no hay debate, sea cual sea su contenido sobre el papel, ni llamándose monográfico, que no esté inundado finalmente de otras cuestiones -corrupción, elecciones- y acusaciones cruzadas.

España habla de Venezuela, de Estados Unidos y de Ucrania y Sánchez se sentirá cómodo mientras dure la inflamación, pero hasta en esta cara de su mandato, o sobre todo, dada la trascendencia hoy de la Seguridad, de la Defensa, necesita empezar a ganar votaciones. La posición ha de ser de país y no de parte. También en la encrucijada sobre Groenlandia. Francia, Alemania y Polonia capitanean la defensa del enclave. Tras ellos, serán fuertes quienes logren una posición común. La de España empieza por España. Por PP, por Podemos o por ERC. Está por ver.