Hay algo que incomoda, pero es clave para entender lo que nos está pasando en este momento. La razón corta, la que muchos no quieren oír, es que el poder real en Venezuela todavía lo tiene el chavismo armado y no la oposición civil.
En transiciones duras no se negocia con quien tiene la razón moral, sino con quien puede apagar o no los incendios.
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Primero, ¿por qué Delcy Rodríguez está en la mesa? Porque presenta tres cosas que Estados Unidos necesita de inmediato. La primera, la continuidad administrativa: ministerios, PDVSA, bancos, puertos... El orden. Sin eso, el país se paralizaría en días. Dos, un canal directo con el poder duro: militares, inteligencia, colectivos... Ella no manda, pero coordina. Y tres, capacidad de entregar algo concreto: información, desmovilización, firmas y órdenes. No es simpatía, es utilidad.
Segundo, ¿por qué María Corina Machado no está en esta jugada? Duele, pero hay que decirlo claro. No controla armas, no controla territorio, no controla logística y no puede garantizar que mañana no haya violencia. Es una fase de choque, pesa. Más que legitimidad o votos, tiene el apoyo solo popular. Además, esto es clave para que el chavismo duro entienda que ella es una amenaza existencial. Meterla ahora bloquearía cualquier negociación inmediata.
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Tercero, Edmundo González es un símbolo sólo electoral, una figura de consenso civil, pero no es un operador de poder. Sirve para después, no para apagar el incendio que estamos viviendo. Esta es la lógica real, un poco fría, pero constante.
Las transiciones pasan por tres fases. La número uno, control del caos. Se negocia con los que tienen armas y los que pueden desatar violencia y los que saben dónde están las minas. Aquí es donde entra Delcy, no por gusto. La fase dos, reacomodan el poder, empiezan a entrar civiles, técnicos y actores aceptables; podría entrar Edmundo González o podrían entrar algunos otros. Fase tres, legitimación: elecciones, narrativa democrática. María Corina es el punto final, pero no es el principio.
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El error emocional de nosotros, los venezolanos, es creer que si cayó Maduro, ahora ya están los buenos mandando. Y no es así. Primero mandan los que pueden evitar que el país se queme, los que pueden gobernar y al final, los que pueden representar. Esto no significa que María Corina ya esté fuera de una jugada, significa que no es la carta para este momento. Meterla ahora sería como poner elecciones en medio de un incendio forestal.
Mi lectura estratégica también es clara. Si la transición avanza, María Corina no será la negociadora, pero sí la legitimadora y posiblemente quien capitalice políticamente después. Si la sacan del juego por completo, sí hay una alarma real, pero lo digo sin adornos: hoy se habla con Delcy, mañana con los civiles, pasado con el país. La historia nunca empieza donde nosotros queremos, pero sí seguimos contra el régimen que deja Maduro en Venezuela y con la realidad de lo que está pasando.
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*La autora es Licenciada en Comunicación social.
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