
En la mesa no es conveniente hablar ni de política, ni de religión ni de fútbol, suele decir un dicho popular. En las últimas décadas, se han convertido en tres elementos altamente inflamables en muchos hogares españoles, y a las puertas de las cenas navideñas, la radiografía de la polarización política en España realizada por la organización More in Common ha vuelto a poner de manifiesto esta realidad.
El estudio Atlas de la polarización en España, realizado a partir de 2.500 entrevistas, afirma que seis de cada diez españoles evitan hablar de política para no discutir, y uno de cada cinco personas presenció o participó en discusiones fuertes sobre política en las cenas de Nochebuena y Nochevieja del año pasado.
El dato más preocupante es el 14% de las personas, unos cinco millones, que han llegado a romper relaciones familiares o de amistad en el último año por motivos políticos. Asimismo, un 15% asegura haber abandonado grupos de WhatsApp por las mismas diferencia ideológicas.
En cuanto a la percepción de este fenómeno, un 65% de la población española piensa que la sociedad “está muy dividida o algo dividida” y solo un 15% piensa que está “unida o muy unida”. “No es el máximo de polarización percibida que hemos alcanzado, de acuerdo a nuestros datos el pico más alto se alcanzó en los primeros meses de 2024, en pleno debate de la Ley de Amnistía”, ha señalado Jaziri-Arjona, investigador de More in Common.
Dos puntos de consenso: los servicios públicos y la crisis climática
A pesar de este clima de confrontación, el estudio recoge un dato positivo: siete de cada diez españoles han mantenido conversaciones respetuosas con personas que piensan distinto y un 20% ha cambiado de opinión tras debatir sobre política.
El informe descubre algunos puntos en común entre tanta fricción ideológica, como son el apoyo a los servicios públicos, la progresividad fiscal y la lucha contra el cambio climático. Jaziri-Arjona ha precisado que no existe una España progresista pro-clima y otra conservadora negacionista, ya que el votante de centro-derecha es mayoritariamente favorable a las políticas medioambientales y el votante de Vox no se opone a ellas tanto como suele asumirse.
Sánchez y Abascal, los más polarizadores
En cuanto a los responsables de la división, los encuestados apuntan principalmente a las redes sociales y los medios de comunicación, seguidos de Vox, el Gobierno y los dos grandes partidos tradicionales, PP y PSOE.

Los líderes políticos que más polarizan, según las personas encuestadas, son Santiago Abascal y Pedro Sánchez, seguidos, a más distancia, de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso y el líder independentista Carles Puigdemont. “En conjunto, el patrón es claro: la población atribuye la polarización principalmente al sistema político y al ecosistema informativo, más que a instituciones sociales o cívicas”, resumen desde More in Common.
“Las percepciones difieren según la orientación política”, ha explicado Jaziri-Arjona, que añade que los votantes del PSOE mencionan a Abascal y Ayuso como los líderes más polarizadores, mientras que los del PP señalan a Sánchez y Puigdemont. Aún así algunos electores reconocen responsabilidad en su propio partido: “para los votantes socialistas, Sánchez es la tercera figura más divisiva, y los votantes de Vox sitúan a Abascal en segundo lugar”, ha mencionado el estudio.
Nos cae mal el que piensa distinto
El Atlas de la polarización analiza también la conocida como polarización afectivo-social, que se manifiesta cuando las personas desarrollan sentimientos positivos hacia quienes comparten sus ideas y emociones negativas, como desconfianza o rechazo, hacia quienes piensan distinto. “De todas las formas de polarización, esta es una de las más preocupantes, porque afecta directamente no solo a la gobernabilidad, sino también a la convivencia cotidiana”, ha señalado Jaziri-Arjona.

Los resultados muestran que los votantes de todos los partidos sienten mayor simpatía hacia quienes votan igual que ellos y mayor antipatía hacia los votantes del bloque ideológico opuesto. Sin embargo, en el contexto político y preelectoral actual, los electores del PP y de Vox son quienes expresan los niveles más altos de emociones negativas hacia los votantes de otros partidos en su conjunto.
En el ámbito personal, las personas que votan a Vox son las que dicen contar con círculos de amistad más homogéneos, mientras que los de partidos como Sumar declaran entornos más diversos. “Una de las conclusiones más reveladoras del estudio es que quienes mantienen amistades con personas de distintos partidos muestran niveles significativamente menores de polarización afectiva”, apuntan desde More in Common.
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