Cuenta atrás para el euro digital: Europa acelera el proyecto y fija el horizonte de emisión en 2029

El BCE concluye la fase de preparación e inicia el desarrollo técnico a la espera de la aprobación de la regulación europea

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Christine Lagarde, presidenta del BCE,
Christine Lagarde, presidenta del BCE, junto al símbolo del euro.

El euro digital está cada vez más cerca. El Banco Central Europeo (BCE) calcula que podría ponerse en circulación en 2029 siempre que la hoja de ruta se cumpla según lo previsto y se tome la decisión de emitirlo tras definirse un marco legal que aporte certidumbre jurídica. Con el objetivo de cumplir los plazos, el Consejo de Gobierno del eurobanco ha decidido pasar en noviembre a la siguiente fase del proyecto tras concluir de forma satisfactoria la fase de preparación, que sentó las bases para la emisión del euro digital.

El Eurosistema lleva desde 2021 trabajando en la versión digital del euro, cuyo objetivo no es reemplazar los billetes y monedas, sino ofrecer una alternativa de dinero público adaptada a los nuevos tiempos. “Factores como la caída en el uso del efectivo y la necesidad de disponer de una solución paneuropea de pago en comercio que no dependa de actores extranjeros justifican la emisión de un euro digital, después de que se cuente con el marco legal necesario”, señala Juan Ayuso, director general de Operaciones, Mercados y Sistemas de Pago Banco de España.

Su puesta en circulación posibilitará que los ciudadanos lo usen para llevar a cabo las operaciones del día a día, como pagar en tiendas o comprar online. Su principal ventaja es que es un medio de pago respaldado por los bancos centrales de los distintos países, lo que “garantiza al ciudadano el acceso universal, gratuito y no dependiente de proveedores extranjeros a ese medio de pago”, señala Ayuso. Incide en que el euro digital es igual que el efectivo, pero utilizado en el mundo digital.

Un complemento “seguro” del efectivo

El euro digital se está diseñando pensando en las necesidades y preferencias de la sociedad y como complemento de los billetes y monedas. Una vez emitido, los ciudadanos podrán acudir a su banco para abrir una cuenta de euros digitales, que sería similar a las cuentas bancarias, con el respaldo del banco central de cada país.

Desde la cuenta de euros digitales “podrán hacer pagos de forma fácil y segura, incluso las personas menos familiarizadas con las tecnologías”, explica Juan Ayuso. Además, las operaciones más habituales como apertura de cuenta, transferencias o pagos en comercio serán gratuitas. Y al ser de curso legal, como el efectivo, se podrá utilizar en cualquier comercio de la zona del euro, sea físico o electrónico.

Monedero ‘offline’

Con el propósito de replicar al máximo las características del efectivo, la moneda única digital incluye, junto a la cuenta de euros digitales, una funcionalidad que da la posibilidad de solicitar un monedero denominado ‘offline’, que permitirá tener euros digitales directamente almacenados en el móvil o en una tarjeta. Con él se podrán hacer pagos de proximidad sin necesidad de conexión a Internet o sin electricidad.

“Pagando con el monedero offline, los euros digitales viajarán de dispositivo a dispositivo, algo similar a cómo se transfiere un fichero con bluetooth, borrándose los euros digitales del dispositivo de origen”, indica Ayuso. Además, al no intervenir ningún intermediario financiero en la operación, tendría un nivel de privacidad comparable al pago con efectivo.

Otra de las cualidades del euro digital offline es que reforzará el sistema de pagos europeo, haciéndolo más resiliente ante situaciones extremas, como la vivida con la DANA, o el apagón del pasado mes de abril. “Se trata de cubrir todas las situaciones en las que se considera necesario contar con una alternativa pública de pagos en el ámbito digital”, subraya el experto del Banco de España.

Uso voluntario

Los ciudadanos no estarán obligados a utilizar el euro digital porque seguirán disponiendo de monedas y billetes físicos. Los que sí están obligados a usarlo son los comercios, que deberán aceptarlo, al igual que pasa con el efectivo. Los que decidan utilizarlo no tendrán que abrir una cuenta en el Banco de España, sino en bancos comerciales o entidades financieras que son los que gestionarán su operativa.

Otra de las ventajas del euro digital será su privacidad, ya que ni los gobiernos ni los bancos centrales sabrán a quién corresponden los distintos saldos ni verán quién hay detrás de cada movimiento de fondos. Al igual que ocurre en la actualidad con otros medios de pagos digitales, los únicos que tendrán esta información serán las entidades financieras; y, con el monedero offline, solamente la tendrán los usuarios.

Banderas de la Unión Europea
Banderas de la Unión Europea se reflejan en una ventana de la sede del Banco Central Europeo (BCE) en Fráncfort, Alemania. REUTERS/Ralph Orlowski

Implantación

En cuanto su implantación, Juan Ayuso aclara que “la decisión de emitirlo no podrá tomarse hasta que se haya aprobado la propuesta normativa presentada por la Comisión Europea”. Entre tanto, el Eurosistema seguirá avanzando en los desarrollos técnicos. Esto permitirá minimizar el plazo existente entre el momento en que se toma la decisión de emitir y la fecha prevista para la emisión. Ayuso prevé que si la normativa se aprueba a lo largo del año que viene, podría iniciarse un piloto en 2027 y ponerlo en circulación en 2029.

El proceso está en marcha, y la decisión del Consejo de Gobierno del BCE de pasar en noviembre a la siguiente fase del proyecto del euro digital se alinea con la solicitud de los líderes europeos de acelerar su implantación, como quedó patente en la Cumbre del Euro de octubre de 2025.

El euro digital “preservará la libertad de elección y la privacidad de los europeos y protegerá la soberanía monetaria y la seguridad económica de Europa”, señalan desde el BCE. Inciden en que también promoverá la innovación en los pagos y contribuirá a que los pagos europeos sean competitivos, resilientes e inclusivos.

Asegurar el futuro del sistema monetario de Europa

Una de las defensoras del euro digital es la presidenta del BCE, Christine Lagarde, para quien “el euro, nuestra moneda común, es un símbolo de la confianza en la unidad europea. Trabajamos para que su forma más tangible -el efectivo en euros- se adecúe al futuro, rediseñando y modernizando nuestros billetes y preparándonos para la emisión del efectivo digital”.

El edificio permitirá conocer su acervo artístico, archivos, biblioteca histórica y obras de Goya, mezclando cultura, historia económica y tradiciones artesanales con su función financiera.

Desde su institución advierten que a medida que los hábitos de pago evolucionan y el número de pagos en efectivo disminuye en comparación con las operaciones digitales, la necesidad de un medio de pago digital público como complemento del efectivo es cada vez más urgente. “El euro digital complementará al efectivo y ofrecerá sus ventajas -simplicidad, privacidad, fiabilidad y disponibilidad en toda la zona del euro- a los pagos digitales”, señala el BCE en un comunicado.

“No se trata solo de un proyecto técnico, sino de un esfuerzo colectivo para asegurar el futuro del sistema monetario de Europa”, afirma Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y presidente del Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre el euro digital. Considera que “reforzará la resiliencia del panorama de pagos en Europa, reducirá los costes para los comerciantes y creará una plataforma para que las empresas privadas innoven, crezcan y compitan”.

Todo ello, a un precio. La moneda única digital tendrá un coste, tanto en su desarrollo como en su funcionamiento. El BCE estima que los costes de desarrollo totales, que incluyen los componentes producidos tanto externa como internamente, ascenderán a 1.300 millones de euros hasta la primera emisión, que se espera en 2029. A partir de ese año, los costes operativos anuales serán de unos 320 millones de euros.