
A nadie le gusta enfrentarse a la limpieza de ventanas. Por norma, todo empieza con una ronda de desempolvado. Los marcos, las contraventanas y los rieles suelen acumular polvo y telarañas, así que un plumero o un paño de microfibra abren el camino antes de meterse de lleno con los cristales. E incluso poniendo ese cuidado, es común que, tras la limpieza, queden surcos o marcas visibles sobre los cristales que hacen parecer que el trabajo ha sido en vano. Por suerte, existen maneras de evitar que esto suceda utilizando ingredientes caseros.
Las recetas caseras para dejar las ventanas relucientes
La primera de las recetas, con ingredientes que no suelen faltar en un hogar: agua templada, vinagre y un poco de suavizante. Hay quien cambia el vinagre por amoniaco, aunque eso ya depende del gusto de cada cual. Una esponja o un paño suave logra repartir la mezcla por todo el vidrio, prestando atención a esquinas y bordes, donde se resiste la suciedad. El toque final lo pone la espátula de goma de toda la vida, esa que arrastra el agua y deja el cristal seco. Si se utiliza un paño limpio y seco para repasar, todavía menos opción de que quede alguna marca en la superficie. Eso si, es recomendable elegir días nublados para limpiar los cristales, porque el sol directo sobre la ventana evapora la mezcla demasiado rápido y pueden aparecer rastros indeseados.
Doug Bryant, de la empresa de limpieza de ventanas Fish Window Cleaning en Rock Hill (Carolina del Sur), ofreció su método a The Spruce - un medio especializado en hogar - con una pauta más sencilla todavía: agua caliente y jabón de platos. “Sumerja completamente el paño y muévalo en la solución para remover el jabón”, explicó, incidiendo en la importancia de retirar primero telarañas y acumulaciones de polvo para no arañar el vidrio. Para terminar, insistió en la limpieza de los rieles, donde se cuela el polen y el polvo y puede volver a ensuciar el trabajo recién hecho. “Limpie los cristales con un paño, asegurándose de recoger cualquier goteo o humedad restante y para acabar limpie los rieles de las ventanas, donde es probable que se acumule el polen y el polvo y que regresen a los paneles recién limpiados”, repitió.
Entre los trucos domésticos para alargar el efecto de la limpieza, también se recomienda una solución a partes iguales de agua y vinagre de alcohol, económica y fácil de preparar. El líquido se pulveriza sobre el vidrio y se frota con una rejilla húmeda para aflojar las manchas, terminando el trabajo con una buena pasada de papel de periódico o una servilleta para secar y eliminar cualquier rastro. Quien quiera una fórmula desengrasante, solo debe añadir unas gotas de detergente a la mezcla. El resultado son ventanales sin brillos raros y una estancia luminosa que deja ver el exterior sin esa neblina que suele instalarse en los cristales. Aunque las ventanas no lo ponen fácil, un repaso regular - cada quince días - suele ser suficiente para decir adiós al polvo, la lluvia y esa fina película que asoma con el paso del tiempo.
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