
Los planes de igualdad, lejos de eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres en el ámbito laboral, podrían estar reforzando enfoques “falsamente neutros” que invisibilizan los riesgos específicos a los que se enfrentan las mujeres. Así lo ha advertido la directora del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), Aitana Garí Pérez, durante una jornada técnica celebrada en Barcelona, centrada en la integración de la perspectiva de género en la salud laboral.
Garí, que participó este miércoles en la presentación de los resultados del estudio Los planes de igualdad como herramienta para la integración de la perspectiva de género en PRL. Negociación colectiva de los planes de igualdad, elaborado por las expertas Pilar Frey Martínez y Sandra Rosales Peña, ha señalado que muchos planes de igualdad “mantienen patrones androcéntricos bajo la apariencia de universalidad”, lo que provoca que los problemas de salud de las mujeres “sigan siendo infravalorados o directamente ignorados como contingencias profesionales”. Esta situación, advirtió, “tiene una consecuencia directa en la actuación preventiva tanto en los sectores feminizados como en los masculinizados”.
La falsa neutralidad de los planes de igualdad
El diagnóstico del INSST pone el foco en un fenómeno que lleva años denunciándose: el supuesto carácter neutral de muchas políticas de igualdad. En la práctica, estas medidas suelen diseñarse sin tener en cuenta las diferencias biológicas, sociales y organizativas que marcan la experiencia laboral de las mujeres.
“El enfoque neutro —señaló Garí— perpetúa la invisibilidad de los riesgos laborales específicos de las trabajadoras, como los asociados a la carga mental, la doble presencia o la exposición a violencias en el entorno laboral”.
En este sentido, la directora del instituto instó a las empresas a revisar sus estrategias de prevención con una mirada transversal que contemple las desigualdades estructurales entre hombres y mujeres. “Tanto la igualdad como la prevención de riesgos laborales deben ser materias integradas en la gestión empresarial. Solo así se podrá abordar de manera eficaz cuestiones como la conciliación o la violencia sexual, que tienen una incidencia directa en la salud de las trabajadoras”, añadió.
Más mujeres en los espacios de decisión
Durante la jornada, Sandra Rosales insistió en la importancia de que las mujeres estén representadas en los espacios donde se toman decisiones que afectan a su salud y seguridad. “Es imprescindible que las trabajadoras participen en las negociaciones de convenios, en los planes de igualdad y en los comités de seguridad y salud”, subrayó. “Su voz debe estar presente en todos los foros donde se definen las condiciones laborales y preventivas.”
Rosales recordó que la participación activa de las mujeres en estos ámbitos no solo favorece una mayor equidad, sino que mejora la calidad de las medidas preventivas, al incorporar experiencias y problemáticas que tradicionalmente se han pasado por alto.
Por su parte, Pilar Frey remarcó que la integración del enfoque de género no debe limitarse a la elaboración de documentos o planes formales. “Debe reflejarse en la cultura de la organización, en la evaluación de riesgos y en la implementación de medidas concretas”, apuntó.
Desigualdades estructurales y sectores olvidados
El encuentro organizado por el INSST abordó también las desigualdades estructurales que persisten en distintos sectores laborales. Mientras que los sectores masculinizados presentan mayor exposición a riesgos físicos, los feminizados —como los cuidados o la educación— concentran factores de riesgo psicosocial y ergonómico que siguen sin recibir la atención adecuada.
Se destacó, además, la situación de las mujeres con “doble o triple presencia”, es decir, aquellas que compaginan trabajo remunerado, tareas domésticas y cuidados familiares. Este fenómeno, frecuente en sectores feminizados, tiene un impacto significativo en la salud mental y física de las trabajadoras, especialmente cuando no existen políticas de conciliación efectivas.
La jornada concluyó con una llamada unánime a transformar la cultura preventiva en las empresas y en las instituciones. Las expertas incidieron en la necesidad de avanzar hacia modelos de gestión que reconozcan las diferencias y desigualdades de género, y que dejen atrás el tradicional enfoque neutro. “No se trata de aplicar medidas específicas para mujeres y hombres, sino de comprender cómo las condiciones de trabajo afectan de manera diferente según el género”, explicó Garí.
Entre las propuestas destacadas, se mencionó la importancia de que los planes de igualdad incluyan diagnósticos exhaustivos, indicadores de seguimiento claros y medidas concretas que permitan evaluar su impacto real en la salud laboral.
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