
Nuestro cuerpo y nuestra mente tienen necesidades distintas según la edad. Según indica la revista internacional Educational Magazine, hay una variedad de tareas que los adultos mayores no realizan tan bien, en comparación con los adultos jóvenes: algunos ejemplos son la memoria, la capacidad espacial y la velocidad de procesamiento.
Pero también hay algunas tareas en las que las personas mayores obtienen mejores resultados que los más jóvenes, como, por ejemplo, la comprensión lectora y el vocabulario. Contra lo que suele pensarse, los déficits cognitivos relacionados con la edad comienzan muy temprano en la edad adulta; se ha medido que la disminución de la cognición se inicia a partir de los 25 años. Sin embargo, este cambio resulta visible solo avanzada la edad.
El Dr. Riccardo Borgacci, licenciado en Nutrición Humana, Dietética y Ciencias del Deporte, ha publicado recientemente un artículo en My Personal Trainer, donde recomienda una serie de ejercicios y actividades que usar para proteger nuestro cerebro, corazón y memoria.
¿Cómo proteger el cuerpo y la mente con la edad?
Existen varias formas de estimular la memoria, el corazón y el cerebro para mantenerlos activos.
- Aprender nuevas habilidades
Una de las maneras más efectivas de mantener el cerebro joven es participar en actividades que impliquen aprender algo nuevo. No importa si se trata de tocar un instrumento, aprender un idioma o probar a tejer o jugar al ajedrez; lo importante es la estimulación cognitiva.
Cuando adquiere una nueva habilidad, el cerebro crea y fortalece conexiones entre las áreas involucradas, haciendo la transmisión de información más eficiente. Este proceso, conocido como plasticidad cerebral, contribuye a una mayor resiliencia de la memoria y a la capacidad de adaptación. Lo más importante es disfrutar de esta nueva habilidad: solo si nos apasiona, tendremos ganas de ser constantes.
- Actividad física diaria
Varios estudios, como, por ejemplo, uno publicado en la Universidad de Utah, destacan la importancia de la actividad física y sus beneficios para personas de edad avanzada. El deporte reduce la presión arterial, disminuye los niveles de colesterol, ayuda a controlar el peso y libera sustancias beneficiosas que mejoran el estado de ánimo.
Se recomienda elevar la frecuencia cardíaca durante al menos 20 minutos, tres o cuatro veces por semana, pero incluso sesiones cortas diarias tienen un impacto positivo. El ejercicio también actúa indirectamente sobre el cerebro, promoviendo la liberación de moléculas producidas por los músculos que parecen tener un efecto protector sobre las células nerviosas.
- Caminar con regularidad
Caminar a diario, subir las escaleras en lugar de usar el ascensor o dar paseos cortos y regulares tiene un importante efecto preventivo. Según las investigaciones, estos pequeños gestos cotidianos, si se mantienen a lo largo del tiempo, protegerán la salud cerebral y cardiovascular.
Por otro lado, hacer esta actividad en compañía aporta un valioso beneficio social. Iniciativas como las caminatas grupales promovidas por Buena Vida Senior demuestran cómo la actividad física puede convertirse en una oportunidad para la socialización y el apoyo mutuo.
- Mantenerse conectado
La soledad y el aislamiento social son factores de riesgo reconocidos para la demencia. Cultivar relaciones y compartir actividades con otros estimula la memoria, fomenta el intercambio de ideas y ofrece la oportunidad de interactuar con los demás. Asistir a reuniones, eventos culturales o incluso charlar con amigos y familiares ayuda a mantener la mente ágil.
- Controlar la presión arterial
Uno de los factores que más se subestiman en la prevención de la demencia es el control de la presión arterial. Los neurólogos destacan cómo los niveles de presión arterial entre los 30 y los 40 años pueden influir significativamente en el riesgo de desarrollar problemas cognitivos en la vejez.
La hipertensión arterial persistente puede dañar los vasos sanguíneos cerebrales. Por tanto, es fundamental controlar la presión arterial regularmente y corregir cualquier desequilibrio mediante cambios en el estilo de vida o, si fuera necesario, tratamientos médicos, para proteger la memoria y las capacidades cognitivas.
Lo más importante es la constancia
Mantener el cerebro y el corazón sanos no supone un esfuerzo extraordinario, sino constancia. Con tan solo 20 minutos al día dedicados a nuevas actividades mentales, ejercicio físico, caminatas e interacción social, se pueden reducir los riesgos asociados con la demencia, el colesterol y la hipertensión.
Lo importante es elegir actividades que nos entusiasman, integrarlos en la rutina diaria y prestar atención a las señales del cuerpo; una inversión sencilla, pero valiosa para garantizar el bienestar y la claridad mental.
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