
Hace más de 1.200 años comenzó a cultivarse en la India una hortaliza que no tardaría en llegar a Europa a través de la Península Ibérica. Nuestra gastronomía occidental ha sabido poner en valor las propiedades de la berenjena y aprovechar su versatilidad culinaria preparándolas rellenas, al horno, fritas con miel o en la famosa moussaka griega.
Más allá de su sabor y de las múltiples formas en que puede prepararse, la berenjena esconde propiedades nutricionales y beneficios para la salud que la convierten en un alimento que encuentra su hueco en una dieta variada y equilibrada. Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), su valor energético y nutritivo es modesto en comparación con otras verduras y hortalizas. Su principal componente es el agua, lo que la hace un alimento de bajo contenido calórico, ideal para quienes buscan cuidar su peso o seguir dietas equilibradas.
En 100 gramos de berenjena, la cantidad de calorías es muy reducida, mientras que el aporte de grasas y proteínas es prácticamente nulo. Sin embargo, esta aparente simplicidad no debe engañarnos: su riqueza se encuentra en otros aspectos menos visibles. Uno de ellos es su contenido en fibra, de nivel medio pero especialmente concentrado en la piel y en las semillas. Esta fibra contribuye a mejorar el tránsito intestinal y a proporcionar una sensación de saciedad, lo que ayuda a controlar el apetito. Además, favorece el mantenimiento de niveles saludables de colesterol en sangre, lo que convierte a la berenjena en un aliado natural para la salud cardiovascular.

Quizá lo más interesante de la berenjena se esconde precisamente en su piel. La tonalidad morada que la caracteriza se debe a un pigmento natural llamado nasunina, una antocianina con potentes propiedades antioxidantes. Estas sustancias ayudan a combatir los radicales libres, moléculas inestables que dañan las células y están relacionadas con el envejecimiento prematuro y diversas enfermedades crónicas. La nasunina, en particular, ha sido estudiada por su papel protector frente al estrés oxidativo, contribuyendo al cuidado de las membranas celulares y del sistema nervioso.
Algunas contraindicaciones de las berenjenas
La berenjena, no obstante, también requiere cierto cuidado en su consumo. Como explica la FEN, contiene una sustancia llamada solanina, un alcaloide de carácter tóxico que se encuentra sobre todo en las partes verdes de la planta y en los frutos inmaduros. Esta sustancia puede resultar perjudicial en grandes cantidades, aunque la buena noticia es que la solanina desaparece con el calor.
Por tanto, una berenjena madura, bien preparada y cocinada, no supone ningún riesgo para la salud. De hecho, su consumo habitual en platos tradicionales (como la ya mencionada moussaka griega, la escalivada catalana o las berenjenas al horno) demuestra que la cocción es la mejor forma de disfrutar de sus beneficios sin preocupaciones.
Más allá de sus componentes nutricionales, la berenjena tiene también un valor gastronómico y cultural indiscutible. Su textura esponjosa le permite absorber los sabores de los ingredientes con los que se cocina, mientras que su bajo contenido calórico la convierte en una opción excelente para elaborar platos sabrosos y saludables.
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