
El Museo de Prado, en Madrid, es la mayor pinacoteca de España. En 2024 recibió 3,4 millones de visitantes (todo un récord) y en la actualidad es un campus museístico compuesto por varios inmuebles: el edificio Villanueva, el Claustro de los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro, el edificio administrativo de la calle Ruiz de Alarcón, y el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. ¿Podría repetirse en el Prado un robo como el que se ha perpetrado en el Louvre de París? La última vez que unos ladrones lo intentaron fue en 1961 (frustrado), y el único con éxito data de 1918.
El Ministerio de Cultura, de quien depende su gestión, quiere que el Prado siga siendo un especio seguro y está licitando actualmente un nuevo contrato de seguridad, que incluye el servicio de atención al público. El museo está dispuesto a pagar 9,7 millones de euros durante un año. El dispositivo de seguridad consiste en un circuito cerrado de cámaras, alarmas, controles de acceso electrónicos y un equipo de vigilantes con el objetivo de “garantizar la protección de las personas y de los bienes y la prevención de delitos e infracciones”. Un portavoz del museo prefiere no dar datos sobre el dispositivo, pero la documentación consultada por Infobae España revela que en la mayor parte del día (entre las 6.15 y 23.30 horas) el contrato exige 33 vigilantes, número que deberá crecer a los 39 en 2026.
El dispositivo tendrá que dar seguridad a nueve edificios: Villanueva y Jerónimos (en el Paseo del Prado), que albergan la mayor parte de la pinacoteca; el Casón del Buen Retiro; el edificio administrativo (en la calle Ruiz de Alarcón); el Salón de Reinos (calle de Méndez Núñez); un aparcamiento que hay en la calle Casado del Alisal; las dependencias del departamento de Recursos Humanos; un almacén de marcos; y un almacén de esculturas que hay en el municipio de Alcalá de Henares. Estamos hablando de 200.000 horas de seguridad cada año, por el que el museo pagará un máximo de 28,4 euros por cada hora. Todos los vigilantes deben estar habilitados por el Ministerio del Interior y tener la formación de personal AVSEC (especialistas en seguridad aérea para trasladar obras desde el aeropuerto). Deben tener también experiencia en la extinción de incendios, y en los puestos que se determine deberán contar con la habilitación licencia tipo C para portar armas cortas de fuego.

Para el Museo del Prado, “la gestión de un volumen cada vez mayor de público, la obligación de accesibilidad universal, la garantía del ejercicio de los derechos culturales para todos los ciudadanos y la debida protección de bienes y personas, con especial atención al patrimonio custodiado, obligan a la integración y a la coordinación de todos los departamentos que están implicados en estas tareas mediante una planificación transversal y unos procedimientos que optimicen el funcionamiento de todos los servicios que se ofrecen a los visitantes". El principal argumento para licitar juntos en un mismo contrato los servicios de atención al cliente y seguridad. “Esta visión integral resulta esencial en una institución de las dimensiones y proyección pública del Museo Nacional del Prado”.
Control de visitantes
La seguridad no solo consiste en evitar que el patrimonio cultural y las instalaciones del museo sufra robos o daños, sino que ayude también a “controlar la afluencia de visitas y los accesos al museo, a canalizar adecuadamente los flujos de público, a garantizar que la presencia de grupos y otros visitantes se mantenga ordenada, se orienten y se atiendan las posibles consultas, y prevenir y evitar así situaciones que puedan suponer un riesgo". Según el pliego del contrato, “el orden, como primer estadio de la seguridad, es esencial para garantizar la prevención de incidentes, el correcto desarrollo de las actividades, la mejor experiencia de visita y el cumplimiento de la función social que tiene el museo”. Hay que tener en cuenta 9.500 personas visitan de media sus instalaciones.
El Prado valora mucho su servicio de atención al público, “uno de los pilares de su funcionamiento”, entendiendo como “público” no solo como visitante, sino como cualquier persona que accede y entra en contacto con cualquiera de las dependencias o ámbitos en que museo desarrolla su actividad. Un servicio que cubre varios ámbitos: “información, adquisición y venta de entradas y complementos o servicios asociados a la visita, la organización de la ocupación del museo en función de los flujos previstos a partir de esa venta, su canalización, y la creación de un entorno seguro para las personas (visitantes, trabajadores, proveedores…) y para los bienes culturales". En horarios de máxima afluencia el objetivo es que haya 65 trabajadores en atención al público, taquillas, consigna...
También estamos hablando de atención telefónica, atención en filas, verificación de accesos, control de seguridad y vigilancia en las entradas, acreditación e identificación de las visitas que lo requieran, mantenimiento del flujo de público ordenado, inspecciones visuales o con medios técnicos de las pertenencias del público y otros objetos en las entradas, refuerzo de vigilancia en eventos y actividades, recepción, acogida, consigna, realización de encuestas y distribución de material informativo. La dirección del museo exige que para “el desempeño de todas estas prestaciones se realizará siempre con una actitud positiva, buena educación y amabilidad”.
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