El Tribunal de Nimes, en el sur de Francia, ha condenado este jueves a diez años de prisión a Husamettin Dogan, de 44 años, uno de los 51 hombres responsables de las violaciones y agresiones sexuales sufridas por Gisèle Pelicot durante casi una década. Dogan era el único condenado que había recurrido la sentencia dictada en 2023 por el Tribunal de Aviñón, que le impuso una pena de nueve años. En esta apelación, un jurado popular formado por cinco hombres y cuatro mujeres ha considerado probado de nuevo el delito y ha sido más severo que la primera instancia.
La Fiscalía francesa había solicitado una condena de doce años de cárcel, tres más que los que Dogan recibió inicialmente. El fiscal Dominique Sié defendió ante el tribunal que el acusado debía ser declarado culpable “porque es un hombre completamente responsable de sus actos, que ha cometido un acto monstruoso”. Finalmente, los jueces optaron por imponer una pena intermedia, aunque más dura que la anterior.
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Un crimen cometido bajo sumisión química
Los hechos se remontan a la madrugada del 28 al 29 de junio de 2019, cuando Husamettin Dogan violó a Gisèle Pelicot en la vivienda familiar de la víctima, en Mazan, una localidad del sur de Francia de poco más de 6.000 habitantes. Pelicot se encontraba inconsciente, bajo el efecto de somníferos y ansiolíticos administrados por su marido, Dominique Pelicot, quien la drogaba de manera sistemática desde 2011 para permitir que distintos hombres abusaran sexualmente de ella.
El exmarido fue condenado en diciembre de 2023 a 20 años de prisión, la pena máxima prevista por la ley francesa, por haber orquestado durante casi una década una red de violaciones en grupo contra su propia esposa. Las agresiones, cometidas entre 2011 y 2020, fueron grabadas en centenares de fotos y vídeos, muchos de ellos con la complicidad de los agresores. En las imágenes, la víctima aparece completamente inmóvil mientras los hombres posan o levantan el pulgar frente a la cámara.
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Durante el juicio en Nimes, el investigador jefe del caso, Jérémie Bosse-Platière, director de la policía judicial de Aviñón, confirmó la contundencia de las pruebas. “Los vídeos son claros, en ningún momento puede haber dudas”, afirmó ante el tribunal. Las 14 grabaciones analizadas muestran, según explicó, a Dogan “plenamente consciente” de sus actos mientras forzaba a Gisèle Pelicot, que permanecía “totalmente inerte”.

“Caí en su trampa”
Pese a la contundencia de las pruebas, Dogan negó la violación durante todo el proceso. En su declaración, aseguró que fue manipulado por Dominique Pelicot, a quien calificó de “psicópata”. “Caí en su trampa”, afirmó ante el jurado, alegando que creyó participar en una “fantasía libertina” consentida por la pareja. Su abogada defensora, Sylvie Menvielle, insistió en esa línea, asegurando que su cliente “no tenía intención de cometer una violación” y que, a diferencia de otros acusados, “nunca volvió a la casa de los Pelicot”.
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La Fiscalía desmontó esa versión y subrayó la falta total de evolución del acusado, que “sigue negando los hechos a pesar de las pruebas irrefutables”. En palabras del fiscal Sié, “esta pena de doce años que se pidió cobra todo su sentido cuando se observa que el acusado no quiere asumir responsabilidades”. Durante su intervención final, recordó que “los actos sexuales cometidos sobre una persona dormida constituyen violación, porque la víctima no estuvo en condiciones de expresar su consentimiento”.
“¿En qué momento le di mi consentimiento? Nunca”
Gisèle Pelicot, que asistió a la vista, intervino con firmeza. “¿En qué momento le di mi consentimiento? Nunca”, exclamó ante el tribunal, mirando directamente al acusado. La mujer, que hoy tiene 72 años, exigió a Dogan que “asuma la responsabilidad de sus actos y deje de esconderse detrás de su cobardía”. Su testimonio volvió a recordar la magnitud del daño sufrido y la persistencia de su lucha judicial.
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Desde que el caso se hizo público, Pelicot ha optado por renunciar al anonimato y a la celebración de un juicio a puerta cerrada, con el objetivo de que “la vergüenza cambie de bando”. En su intervención inicial, durante el primer juicio celebrado en Aviñón, declaró sentirse “como un boxeador que se cae y se levanta una y otra vez”. Un año después, su resistencia sigue simbolizando el combate de muchas mujeres contra la violencia sexual y el silencio que la rodea.
Durante el proceso, el representante del Ministerio Público se dirigió a Gisèle Pelicot con palabras de reconocimiento: “La vergüenza aún no ha cambiado de bando, pero la sociedad, tal vez, lo está haciendo dentro de una nueva conciencia colectiva”.
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