
Hay bromas y bromas, y esta no se ha hecho viral por las risas que provocó. El suceso ha ocurrido en Italia, en una escuela de Avola, provincia de Siracusa, donde una estudiante ha terminado en el hospital después de beber de una botella de agua que contenía lejía, según ha informado la prensa local de ese país. La joven, que permanece internada en el Hospital Di Maria de Avola, no se encuentra en peligro gracias a la rápida intervención del personal médico, que le realizó un lavado gástrico preventivo.
El incidente tomó un giro inesperado cuando, después del traslado de la estudiante al centro médico, un compañero de clase reconoció haber manipulado la botella como parte de una “broma”. El alumno admitió ante las autoridades haber colocado lejía en el envase que su compañera utilizó para beber, lo que desencadenó la reacción adversa en la joven. Las fuerzas de la compañía de carabineros de la región continúan con la investigación a fin de esclarecer los detalles y decidir si presentan cargos contra el autor de la broma.
La secuencia de los hechos señala que, regresando al aula tras la clase de educación física, la joven percibió un olor extraño en el contenido de su botella. Tras notificar inmediatamente a los docentes y a la dirección del centro educativo, fue acompañada por familiares al hospital. Las primeras verificaciones de los carabineros permitieron localizar una botella de lejía que, según presumen las autoridades, habría sido introducida desde el exterior del instituto. En los interrogatorios posteriores, el compañero terminó reconociendo la autoría de lo ocurrido, confesando que “era solo una broma”.
Un caso similar en España
Y la broma ni siquiera era demasiado original. El año pasado, la justicia española resolvió el caso de una trabajadora de la limpieza que puso lejía en una botella para “dar un escarmiento” a un compañero. La Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco declaró procedente su despido.
En el juicio, la empleada explicó que siempre utilizaba el frigorífico común para almacenar su botella de agua personal, quejándose de que otros trabajadores habían consumido de esa botella en diversas ocasiones. Incluso llegó a encontrarla descartada en la papelera. Ante esta situación, y “harta” de los repetidos episodios, optó por introducir lejía en una botella de medio litro etiquetada con su nombre.
Dos días después de colocar la botella con lejía en el frigorífico, un compañero bebió de ella y, al notar un sabor extraño, escupió el contenido. Aunque requirió asistencia médica en urgencias, no se detectaron lesiones en su estómago. El comentario de la empleada fue: “Que se joda”.
La trabajadora fue interrogada tras el incidente, admitiendo haber vertido lejía al agua —según narra la sentencia— y ratificó su intención punitiva hacia quien tomara la botella. La empresa procedió al despido, calificando el acto en la carta de extinción de contrato como “fraude y deslealtad en las gestiones encomendadas, así como en el trato con los compañeros de trabajo, y una transgresión de la buena fe contractual”.
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