Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, San Sebastián… Son destinos turísticos que se han convertido también en atracción gastronómica, no solo para el visitante extranjero sino también para los propios españoles que, cada vez más, buscan escapadas en las que la buena cocina sea el late motiv. Pero fuera de las grandes ciudades más evidentes, España está repleta de joyas gastronómicas ocultas, pequeños pueblos que cuentan con una oferta culinaria por la que merece la pena viajar.
Así lo ha querido destacar la Guía Michelin, que ha dedicado una publicación aquellos pueblos y pequeñas ciudades españolas que gustan por su paisaje, su historia, su patrimonio y, sobre todo, por su gastronomía. “Muchas de ellas están fuera del radar del turismo más masivo o internacional, y todas cuentan con restaurantes avalados por la Guía Michelin”, cuenta la propia guía. Aínsa, en Huesca; la ciudad alicantina de Calpe; o Ponferrada, en León, son algunas de las pistas gastronómicas que se mencionan en esta recopilación.
De entre todas las opciones planteadas por la guía francesa, destaca uno de los rincones más llamativos de Valladolid, un pueblo que es corazón latente de la D.O. Ribera del Duero y, a la vez, uno de los más bonitos de España. Hablamos de Peñafiel, un municipio de poco más de 5.000 habitantes que se encuentra a unos 50 kilómetros de la ciudad de Valladolid. Este lugar destaca por sus vinos, por supuesto, aunque también por su historia, representada por el imponente castillo medieval que corona su skyline.

Se trata del Castillo de Peñafiel, una fortaleza medieval declarada Monumento Nacional en 1917 y visitada cada año por cerca de 100.000 personas. En su interior, esta construcción alberga el Museo Provincial del Vino, un espacio que nos invita a sumergirnos en la historia y la cultura enológica de la región. Paseando por sus calles, se pueden apreciar bellos rincones como la Plaza del Coso, un espacio público creado en la Edad Media para albergar festejos taurinos que se encuentra rodeado por 48 edificios con balcones adintelados y arabescos.
Más allá de su interés histórico y cultural, Peñafiel es un destino envidiable por su gastronomía. Por supuesto, parte de culpa lo tienen sus vinos, algunos de los mejores de la Denominación de Origen. Pero también ayuda su propuesta hostelera, con grandes restaurantes que hacen homenaje a los sabores propios de la zona. Algunos de ellos cuentan incluso con el reconocimiento de Michelin. Estas son las dos paradas obligatorias que la guía francesa sugiere a aquellos que visiten este precioso pueblo vallisoletano.
Restaurante Ambivium

Una de las grandes pistas gastronómicas de la zona es Ambivium, un restaurante premiado con una estrella Michelin y otra estrella Verde sostenible que se encuentra en la bodega Pago de Carraovejas. Con más de 4.000 referencias en su bodega, un huerto ecológico propio del que emanan sus materias primas y unas impresionantes vistas al castillo y a los viñedos, se trata sin duda de una razón de peso para visitar Peñafiel en cualquier momento del año, un completo homenaje al vino y a la gastronomía.
Su cocina se demuestra en una única propuesta degustación de 12 pases, que se degustan a lo largo de un recorrido que se inicia en la bodega, continuando por el laboratorio de armonías y la cocina, hasta llegar a la mesa, ubicada en la amplia sala estructurada alrededor por una herradura central desde la que se sirve el vino. En este menú (182 euros sin maridaje), el chef Cristóbal Muñoz presenta bocados que giran todos ellos en torno a los métodos de conservación de los alimentos, desde los más tradicionales hasta los más innovadores.
Restaurante Curioso

De Ambivium vienen, precisamente, los fundadores de la siguiente recomendación. Marina de la Hoz y Luis de Miguel abrieron Curioso después de trabajar en el estrella Michelin, buscando poner en marcha una propuesta propia que renovara la tradición más castellana. Situado a pocos metros de la famosa plaza del Coso, el restaurante Curioso ofrece una carta de mercado con propuestas de base tradicional actualizadas y fusionadas. La filosofía de sus chefs se refleja así en platos como la gyoza de manitas de lechazo, su boloñesa de corzo con pasta fresca o el croissant, acompañado de rabo de vaca y bearnesa.
Además de una variada carta, los chefs ofrecen el menú Curioso, una degustación que, en realidad, depende por completo de la voluntad de los comensales. Así, bajo un precio fijo de 62 euros, los que se sienten en sus mesas pueden disfrutar de un aperitivo de bienvenida, cinco entrantes elegidos de la carta por ellos mismos, un pescado, una carne y un postre, además de unos petit fours. La armonía de este menú, basada en los vinos de la zona, tiene un precio de 49,00 euros.
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