Erin Patterson, de 50 años, acaba de ser condenada a cadena perpetua por asesinar con hongos venenosos a tres familiares y por intentar matar a un cuarto. La sentencia establece que podrá optar a la libertad condicional tras haber pasado 33 años en prisión, cuando tenga 83. Los hechos, que tuvieron lugar en una localidad rural del sureste de Australia en 2023, han despertado una notable atención internacional una vez se ha conocido la sentencia en Melbourne.
En julio de 2023, Patterson organizó una comida familiar en su domicilio. Acudieron Don Patterson y Gail Patterson, padres de su marido, Simon, así como Heather Wilkinson, tía de Simon, y su marido, Ian Wilkinson. Para la ocasión, Erin cocinó un solomillo Wellington, que elaboró con ternera y champiñones y recubrió de hojaldre. Tres de los invitados, Don, Gail y Heather, fallecieron días más tarde. Ian estuvo varias semanas ingresado y logró sobrevivir.
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Simon había rechazado acudir a la comida pese a la insistencia de su mujer, quien llegó a enviarle un mensaje diciéndole “espero que cambies de opinión”. Patterson y Simon estaban separados desde 2015, sin haberse divorciado, y su relación se había deteriorado por desacuerdos sobre la manutención de sus hijos.

Destruyó las pruebas
Antes de la comida, Patterson comunicó a los asistentes que tenía un grave problema de salud, en concreto que padecía cáncer, y pidió consejo sobre cómo comunicar la noticia a sus hijos. Durante la investigación, la fiscalía demostró que no existía ningún diagnóstico médico que acreditase esa enfermedad y consideró probado que había utilizado esta mentira para asegurar la presencia de los familiares en la comida.
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Tras la muerte de los tres familiares y el ingreso hospitalario del cuarto, las autoridades comenzaron a investigar las circunstancias. Patterson insistió, tanto ante la policía como ante el tribunal, en que el envenenamiento fue accidental. Aseguró ser aficionada a recolectar hongos y negó haber introducido a propósito hongos tóxicos en la receta. También desmintió haber destruido pruebas o haber tirado utensilios claves, como el deshidratador de alimentos.
La policía no logró localizar algunos de los platos utilizados durante el almuerzo, pero la acusación sostuvo que Patterson los desechó para ocultar la evidencia. Además, durante el proceso se conoció que la acusada participaba activamente en su comunidad, editando el boletín informativo del pueblo y formando parte de un grupo de Facebook enfocado en crímenes reales ocurridos en Australia.
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Su ayuda podría haber salvado vidas
Durante el juicio, que se extendió durante nueve semanas, la fiscalía presentó pruebas de que la acusada actuó con premeditación. Erin organizó el almuerzo y realizó una invitación que, según el juez, era inusual tanto por la insistencia como por la selección específica de los comensales. La acusación también señaló que en los días posteriores a la intoxicación, Patterson no informó al personal sanitario de la causa probable ni colaboró para salvar a las víctimas.
El juez, Christopher Beale, remarca que la condenada podría haber comunicado al hospital que los hongos eran de recolección y, aunque no admitiera que eran tóxicos deliberadamente, esto habría facilitado la administración de un tratamiento adecuado.
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La sentencia se produce tras discutir la fiscalía y la defensa sobre la posibilidad de acceder o no a la libertad condicional. El juez Beale finalmente ha decidido conceder esta opción después de 33 años, reconociendo que Patterson sufrirá condiciones penitenciarias muy severas y destacando la “notoriedad” de la condenada entre la población reclusa australiana. Patterson lleva 15 meses en prisión preventiva y ha sido mantenida en régimen de aislamiento para su protección.
Ya intentó matar a su marido
Durante la vista para imponer la condena, Patterson se mantuvo impasible, sin mostrar emociones. El juez Beale señala la falta de remordimiento como uno de los aspectos más graves. Ian Wilkinson, único superviviente, ha ofrecido públicamente el perdón a Patterson y pedido que admita los hechos. Tras escuchar la sentencia, Wilkinson ha agradecido la labor de la policía y del personal sanitario que atendió la emergencia.
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En el transcurso de la investigación, el tribunal informó que existen sospechas de que la acusada intentó matar a su marido en al menos tres ocasiones anteriores, entre 2021 y 2022, también utilizando ingredientes en la comida. Estos indicios, aunque no formaban parte directa de la acusación principal, se añadieron como elemento agravante a la hora de calcular la pena.
Con esta sentencia, Erin Patterson debe permanecer en prisión al menos hasta cumplir 83 años, sin posibilidad de reducir el tiempo mínimo, tal como señala la decisión del tribunal. La resolución reconoce la dureza de las condiciones penitenciarias y la especial notoriedad que pesa sobre la condenada, pero subraya la falta de compasión y la premeditación de los actos como motivos fundamentales para la imposición de la máxima pena legal.
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