
Los betabloqueantes, fármacos utilizados para reducir la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la contractilidad o fuerza del corazón, han estado en el centro del debate científico desde que el pasado 30 de agosto un artículo científico cuestionase su beneficio para algunos pacientes. Durante años, este medicamento ha salvado miles de vidas y se considera esencial para el tratamiento de la insuficiencia cardiaca. Sin embargo, un ensayo clínico internacional conocido como estudio REBOOT ha planteado que no aportan beneficios para aquellos pacientes que han sufrido un infarto de miocardio no complicado.
La noticia saltó a las grandes cabeceras de medios y algunos se apresuraron a anunciar que los betabloqueantes ya no servían para nada. Los médicos, sin embargo, piden cautela y paciencia antes de hacer tales afirmaciones. La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) reconoce que los resultados de REBOOT “aportan información útil y podrían suponer una mejora” en la práctica médica, pero solo para los pacientes que en él se evalúan. “Los resultados de los ensayos deben interpretarse con cautela y prudencia. Un único estudio, aunque sea amplio y de calidad, no invalida años de experiencia clínica y debe contrastarse con otros ensayos, con la evidencia acumulada a lo largo de los años y con la seguridad de cada paciente”, dicen en un comunicado.
El propio secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, calificó de “despropósito increíble” el titular de prensa y alertó del peligro que puede tener el mensaje, al hacer creer a los pacientes que están tomando “un medicamento que no sirve para nada”.
Betabloqueantes sí, pero no para todos

El estudio REBOOT, publicado en The Lancet y The New England Journal of Medicine, siguió la evolución de 8.505 pacientes de 109 hospitales españoles e italianos durante cuatro años, algunos con pauta de betabloqueantes y otros sin ella. Los resultados mostraron que este fármaco no aportaba mejoras significativas en las tasas de mortalidad, reinfarto o ingreso por insuficiencia cardiaca y que, sin embargo, tenía asociados una serie de efectos secundarios, como la fatiga o la disfunción sexual, que afectaban a la calidad de vida de los pacientes.
Los riesgos eran mayores para las mujeres que tomaron betabloqueantes, que sufrieron un aumento significativo del riesgo de muerte, reinfarto u hospitalización en comparación con las que no lo tomaron (2,7% mayor). “REBOOT va a cambiar el tratamiento en estos casos en todo el mundo, ya que hasta ahora más de un 80% de los pacientes con este tipo de infarto no complicado son dados de alta con tratamiento con betabloqueantes”, aseguraba el investigador principal del estudio, el doctor Borja Ibáñez.
Los propios autores de REBOOT han querido ahora matizar los resultados del estudio ante el debate mediático. En una entrevista con elDiario.es, el doctor Ibáñez aclara que su estudio solo aplica a pacientes que, tras haber tenido un infarto sin complicaciones, recibían el alta con una función cardíaca completamente normal o moderadamente reducida. “A los que la tenían severamente reducida no los incluimos, porque en ellos teníamos claro que los betabloqueantes son beneficiosos”, explica.
Para Ibáñez, el estudio de muestra que “los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio no complicado y con la función contráctil del corazón intacta no necesitan ser tratados con betabloqueantes”, algo que puede “cambiar el tratamiento en estos casos en todo el mundo, ya que hasta ahora más de un 80% de los pacientes con este tipo de infarto no complicado son dados de alta con tratamiento con betabloqueantes”, asegura.
Esto no quiere decir que el tratamiento haya estado equivocado durante 40 años. “Los betabloqueantes se incorporaron desde el inicio al tratamiento estándar del infarto porque, en su momento, disminuyeron significativamente la mortalidad. Su beneficio se atribuía a su capacidad para reducir el consumo de oxígeno del corazón y prevenir arritmias”, explica Ibáñez en una nota de prensa. No obstante, los tratamientos “han evolucionado radicalmente” en los últimos años y han conseguido minimizar “considerablemente las complicaciones graves, como las arritmias”. Si en los años 80, la probabilidad de sufrir una arritmia maligna era del 20-30%, los avances médicos han reducido esa posibilidad por debajo del 1%. “En este nuevo contexto, donde el daño cardíaco es menor, se cuestiona si los betabloqueantes siguen siendo necesarios”, señala el doctor.
La investigación del equipo de Ibáñez no es la primera en señalar este cambio de paradigma. En 2024, se realizó un estudio similar en Suecia con 5.000 pacientes, que obtuvo resultados muy similares. Otros dos ensayos más pequeños, uno en Dinamarca y otro en Noruega, obtuvieron conclusiones ligeramente discordantes. “Hay artículos contradictorios en este ámbito, y merece la pena la prudencia”, dijo Javier Padilla tras la publicación de REBOOT. “En medicina, sin giros bruscos ni engreimiento epistémico, incorporando la evidencia para recomendar lo que más beneficie al paciente”, concluyó el secretario de Estado.
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