
El verano es una época especialmente peligrosa para las víctimas de violencia de género, pues tal y como reflejan los datos de la serie histórica del Ministerio de Igualdad, en junio, julio y agosto se concentran un 30% de los crímenes machistas. Algunos de los factores que influyen es el aumento del tiempo que comparten con su agresor durante las vacaciones y la reducción de recursos a los que poder acudir durante los meses estivales, lo cual incrementa el aislamiento y limitan las oportunidades de pedir ayuda. El pasado mes de junio fueron asesinadas nueve mujeres, mientras que en julio han sido dos, lo que eleva el número de feminicidios en lo que va de año a un total de 23 y a 1.317 desde 2003, cuando comenzaron a recopilarse estos datos de forma oficial.
Los dos crímenes machistas ocurridos en julio presentan un elemento en común: las víctimas eran mujeres de edad avanzada. El último se produjo el pasado 29 de julio en la localidad navarra de Zizur Mayor, cuando un hombre de 85 años asesinó a su pareja, de 78 años, en el domicilio que ambos compartían, mientras que el 2 de julio un hombre de 90 años mató a su mujer, de 86 años y quien sufría un proceso degenerativo cognitivo, en la casa familiar ubicada en Paola de Laviana, Asturias. Según datos oficiales, en ninguno de los dos casos constaban denuncian previas por violencia de género contra los agresores.
Pero además de estas dos últimas víctimas mortales, otras cinco mujeres del total de 23 feminicidios registrados en lo que va de año tenían más de 60 años, lo que supone el 30%, mientras son ocho los agresores entre los 61 años y más de 85. En 2024, ocho de los 48 crímenes machistas eran mujeres de este grupo etario, lo que representa el 16,7%, mientras que en 2023 ese porcentaje se redujo al 138,%, al registrarse 8 víctimas mortales de un total de 58 feminicidios.

Es más, de acuerdo a la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, correspondiente a 2019, las mujeres mayores muestran prevalencias de violencia más altas que las que tienen menos de 65 años, y acuden en menor medida a los servicios de ayuda disponibles. Por otro lado, el 54% de las mujeres de 65 años o más ha contado a su entorno la violencia machista sufrida frente al 81% de las mujeres de 16 a 64 años, lo que evidencia que lo ocultan en mayor medida que el resto, con todas las implicaciones que esto conlleva.
Pero, pese a estos datos, la violencia de género en mujeres de edad avanzada es un fenómeno que sigue invisibilizado y la respuesta que se da a estas víctimas “es insuficiente”, según explica a Infobae España la antropóloga feminista Mónica Ramos, tanto por parte de las instituciones como de sus propias familias, pues a menudo miran hacia otro lado. Esta falta de respuesta adecuada incrementa el riesgo y la vulnerabilidad de las víctimas mayores, quienes además suelen afrontar mayores obstáculos para denunciar, ya que han normalizado el maltrato o temen perder vínculos familiares y estabilidad. Además, la falta de acceso a recursos digitales y el desconocimiento de las redes de asistencia dificultan la búsqueda de ayuda en este grupo etario.
De ahí la importancia, destaca Ramos, de poner el foco en las mujeres de más de 60 años, porque si ellas no detectan que lo que les ocurre es violencia de género, “será más difícil que busquen recursos y que estos estén verdaderamente diseñados para el acompañamiento, la intervención y para que puedan tomar la decisión segura de salir de la relación o separarse”.
“Tenemos que escucharlas más y saber cuáles son sus necesidades, analizar en que situación se encuentran, porque aunque muchas han sufrido todo tipo de violencia menos la física -como puede ser la psicológica, la económica o la sexual-, no lo consideran maltrato y hablan simplemente de machismo. Sienten que no lo pueden llamar violencia de género porque aún les cuesta mucho la idea de identificarse como una mujer que ha sufrido maltrato, pues en el fondo piensan que han tenido cierta capacidad de sobrevivir a esa situación y que no siempre esa situación era igual de dura”, indica la experta y coordinadora técnica del grupo social de la Universidad Permanente de Cantabria (UNATE), una alianza de entidades que trabaja con y por las personas mayores.
Por eso es clave, añade, que las diferentes administraciones pongan en marcha campañas de sensibilización “para que ellas puedan detectarlo” y luego realizar un acompañamiento. “Aunque no pongan nombre al maltrato, al menos que, cuando estén cansadas de no tener una buena relación con su pareja, tengan recursos para separarse y un acompañamiento para poder hablar de todo esto”. Porque Ramos tiene claro que es precisamente esa falta de acompañamiento y de intervención dirigida específicamente a ellas “lo que está fallando”.
Además, de los factores mencionados, las creencias religiosas, la fuerza de los estereotipos de género y la vergüenza también actúan como barreras para que las mujeres mayores víctimas de violencia de género busquen ayuda. Muestra de ello es que son muy pocas las de este grupo etario que se atreven a denunciar a sus agresores. Los casos activos de víctimas mayores de 65 años en el sistema policial VioGén suponen poco más del 2% del total de 103.782 casos registrados, según datos del Ministerio de Interior actualizados a 30 de junio de 2025, pese a que más de uno de cada diez feminicidios tiene por víctimas a mujeres que superan los 60 años.
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