
Ha llegado el mes predilecto de los españoles para irse de vacaciones. Al menos un 35% de la ciudadanía partirá en agosto, según ObservaTur, y se marcharán a destinos nacionales e internacionales en busca de nuevas experiencias y, sobre todo, unos días de descanso.
Ya sea un destino de playa, de montaña, rural o urbanita, el agua será un elemento esencial para refrescarse con las altas temperaturas de los próximos días. Mares, piscinas y ríos se llenarán durante semanas de turistas deseosos de un baño frío para pasar las horas de calor del día. Sin importar el lugar, todos (o casi todos) pasarán por la misma experiencia: a más tiempo en el agua, más arrugados quedarán los dedos de las manos.
¿Por qué ocurre este curioso fenómeno? Según cuenta la bióloga Laura Pinillas, conocida como @celulau.bio en redes sociales, esto es un recurso evolutivo heredado de nuestros ancestros que les proporcionaba ventajas a la hora de buscar alimento.
Una respuesta involuntaria y evolutiva

“Mucha gente piensa que es porque la piel absorbe el agua, como cuando metemos una galleta María en el vaso de leche y se hincha. Pero, en el caso de los dedos, esto no es por eso”, comenta en un vídeo publicado en TikTok. Según la bióloga, todo tiene que ver con el sistema nervioso autónomo, “responsable de las acciones involuntarias que hacemos constantemente, como el latido del corazón, respirar o parpadear”.
“Este sistema también controla la dilatación y la contracción de los vasos sanguíneos. ¿Y qué pasa cuando estamos un buen rato a remojo? Pues que el sistema nervioso autónomo dice: “Sed, vasoconstricción”. Es decir, los vasos sanguíneos se van a contraer, haciendo que los dedos arruguen y dándoles un tono un poco más pálido", explica Pinillas. Este proceso tenía grandes ventajas en el pasado: “Resulta que los dedos arrugados ofrecen un mayor agarre en superficies resbaladizas o mojadas, ya que las arrugas en la piel canalizan el agua y nos aportan una mayor superficie de contacto entre nuestra piel y el objeto que queremos sujetar. Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene mucho sentido, y es que nuestros ancestros, antes de trabajar en oficinas, trepaban árboles, buscaban alimento en ríos o caminaban por zonas muy húmedas. Y, en este caso, arrugar o no arrugar los dedos podría llegar a ser la diferencia entre sobrevivir o no“, cuenta la bióloga.
Es una teoría que demostraron Kyriacos Kareklas, Daniel Nettle y Tom V. Smulders en un artículo publicado en la revista Biology Letters en el año 2013. A partir de un grupo de voluntarios, su estudio, Water-induced fingers wrincles improve handling of wet objects, probó que las personas con los dedos arrugados eran significativamente más rápidos y eficaces al manipular objetos mojados, en comparación con quienes tenían la piel lisa.
No a todo el mundo se le arrugan los dedos al entrar en contacto con el agua, señala Pinillas. “Se ha visto que gente con problemas nerviosos no tienen esas arrugas en los dedos tras bañarse”, dice la bióloga.
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