
“Desde que soy madre, le he cogido manía a mi suegra”. Con esta contundencia comienza la psicóloga Alicia González (@aliciagonzalezpsicologa) a explicar una dinámica común en las familias; no porque ella necesariamente se identifique con esta afirmación, sino porque muchas mujeres se enfrentan a este sentimiento (a veces inconsciente e imparable), tal y como demuestran la gran cantidad de consultas relativas a esta cuestión en distintos foros y páginas webs dedicados a la crianza.
“Tras el parto, que estás extremadamente sensible y con una necesidad imperante y biológica de proteger a tu bebé, la figura de la suegra, por muy buena voluntad que tenga, la puedes percibir como una invasión". La psicóloga matiza que con esto no se refiere al estereotipo de la “suegra mala”, tan asentado en muchas culturas y sobre el que se ha teorizado y bromeado en multitud de ocasiones. Este sentimiento tiene que ver con los cambios neurobiológicos tras el parto, ya que se activa la amígdala, encargada de gestionar las emociones, y aumentan los niveles de oxitocina, reforzando el vinculo con el bebé y la necesidad de protección.
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Es cierto que los abuelos tienen un papel importantísimo en la crianza, no solo para quedarse con los nietos cuando los padres no puedan hacerse cargo de ellos: son fuente de valores, de enseñanza y una posibilidad de aprender todo aquello que no se conoce sobre lo que se necesita para criar a un niño, algo fundamental sobre todo en padres primerizos.
Pero es que en este sentido también se puede generar un conflicto cuando la nueva familia no concuerda en algunos aspectos con los modelos de crianza que han empleado los abuelos con sus hijos: “Cuando tú te conviertes en madre, entras en una especie de danza inconsciente entre linajes, un conflicto simbólico entre lo mío y lo suyo. No es que yo sienta que tenga que proteger a mi bebé de una persona en concreto, sino de lo que representa: los valores, los estilos de crianza que quizá yo no comparto, todo lo que he visto en la familia de mi pareja que no me ha gustado y que ahora yo no quiero por nada del mundo que mi bebé tenga”.
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De esta manera, se puede sentir como una invasión inconsciente del espacio propio, incluso si los suegros lo hacen con la mejor intención del mundo y con el único deseo de ayudar.
Las palabras no dichas y la necesidad de los límites
Además, esa manía, que también puede sentirse por otros familiares o incluso amigos sin que a veces seamos conscientes de por qué ocurre (ya que en este aspecto tienen un papel importante las hormonas), puede representar “todo lo que yo no estoy pudiendo decir”: “Ese ‘no me apetece darte a mi bebé ahora’ que me callé o ese ‘no te he pedido opinión en esto’ que me tengo que callar”.
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De esta manera, se van acumulando y brota la rabia, especialmente cuando la madre del niño siente con esas sugerencias que se está invalidando o poniendo en duda su capacidad para criar a su hijo (aunque, efectivamente, no sea este el objetivo de la suegra en muchas ocasiones).
“En otras culturas, cuando una mujer se convierte en madre, la jerarquía se retoca y la madre adquiere un puesto de autoridad. Pero en la nuestra no está del todo definida y no queda muy clara. Y a veces las suegras no quieren quitarse de ese papel central y las nueras tienen la sensación de que no tienen la suficiente legitimidad para ocupar ese puesto”, explica la psicóloga.
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Por este motivo, Alicia González remarca la necesidad de poner límites, que en muchas ocasiones deben recaer en la pareja. Para ello, es fundamental la comunicación y establecer en conjunto la manera en la que se quiere criar al bebé.
Tal y como destaca la experta, todo esto no quiere decir que ella como profesional normalice o justifique estas sensaciones tan negativas que a veces se experimentan por la suegra. Más bien, se trata de una dinámica que ha sido estudiada “desde orientaciones distintas de la psicología” y que tiene relación con el patriarcado: la distribución tradicional de poder en la familia, la competencia entre mujeres fomentada por el sistema o la carga mental que sufre la madre en la crianza incluso en la actualidad, pese a que poco a poco se esté avanzando hacia una dinámica en la que las tareas están (como debe ser) más repartidas.
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