
Si cuando llega el calor los chicos se enamoran, como cantaban Sonia y Selena, cuando llegan las vacaciones muchas de las parejas se ven abocadas a la ruptura. Quizá el dúo del pop se equivocaba y lo que el buen tiempo trae consigo no es el amor, sino el fin de la relación y la extinción de un lenguaje propio.
Entre marzo y septiembre se encuadran los meses en los que las tasas de divorcio alcanzan su pico, según un estudio de la Universidad de Washington presentado por la Asociación Americana de Sociología en 2016. Este periodo coincide con la primavera y el verano, épocas en las que el clima favorable da la bienvenida a las vacaciones y los viajes.
El misterio detrás de por qué el verano puede convertirse en un campo de minas para las relaciones amorosas no es más que por la cantidad de tiempo que comparte, ya que, durante las vacaciones, las parejas suelen pasar mucho más tiempo juntas del que están acostumbradas. “Normalmente vemos a la pareja un ratito durante el día, para cenar o por las mañanas. Lo que ocurre durante las vacaciones es que surgen más oportunidades para que haya peleas, roces, desacuerdos, para que exploten todos los rencores y tensiones“, explica en una entrevista para Infobae España el psicólogo Luis Miguel Real.
De hecho, otro fenómeno que se da durante el verano (y que también ocurre en la Navidad) es que las parejas “se fuerzan” a pasar mucho más tiempo juntas hasta el punto de olvidarse de uno mismo, de su propia individualidad. Como explica el psicólogo, se van rompiendo todos estos límites individuales hasta el punto de hacer explotar la relación.

Los viajes en pareja, una prueba de fuego
“El verano es la época que puede producir más rupturas amorosas”, sentencia Real, al igual que es el momento del año en el que se realizan más viajes. Roma, Oporto, París, Santorini... Todas estas ciudades pueden ser destinos ideales para pasar unos días lleno de romanticismo y pasión. En cambio, un viaje relajante a la playa puede convertirse en un finde estresante y lleno de conversaciones tirantes.
Esos días en los que se convive con la pareja, en los que se comparte una habitación de hotel o se alquile una pequeña furgoneta para recorrer un país, pueden ser toda una “prueba de fuego porque les permiten ver una cara de la otra persona que no sale a relucir tan a menudo”. En ese momento, “a lo mejor se dan cuenta de que no les gusta tanto esa persona como creen", aclara el psicólogo a este medio.
En las vacaciones surgen situaciones nuevas e inusuales que poco tienen que ver con el día y tal no lleguen a acuerdos: “¿Qué hacemos si tenemos que estar juntos 24 horas una semana entera?“. Esto se acrecienta si estamos de viaje en un lugar remoto, lejos de casa, donde se ven esas otras ”partes negativas que no solían salir en la rutina del día a día”.
No obstante, no todo está perdido para los románticos que ya tienen su reserva hecha en una casa rural en la sierra o en un apartamento a pie de playa. “Hay muchas parejas que también salen reforzadas de las oportunidades de interacción que les dan las vacaciones”, recuerda el psicólogo.
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