
Con la llegada del verano, las altas temperaturas se convierten en las máximas protagonistas de los días en España. El abanico, el ventilador y el aire acondicionado se transforman en los mejores aliados, pero a veces ninguno de estos objetos son suficientes para hacer frente al calor intenso que azota el país especialmente en julio y agosto.
La primera ola de calor en España, que tuvo lugar entre finales de junio y principios del siguiente mes, provocó que los termómetros superasen los 40 ºC en amplias zonas del territorio. Aunque, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), ahora el calor ha pasado de extremo a intenso, las temperaturas continúan dejando avisos amarillos y naranjas en distintos puntos del país. Así, Andalucía, Extremadura o el sur de Castilla-La Mancha son algunas de las comunidades a las que más afecta la subida del mercurio.
Aunque el verano es el momento del año en el que España recibe su mayor volumen de turistas, ya que muchos extranjeros buscan disfrutar de sus vacaciones rodeados de la arena de la playa y el agua del mar, el calor de estos meses convierte muchos núcleos urbanos y rurales en lugares casi inhóspitos. Por ello, también son muchos los que prefieren visitar el país en otro momento del año o incluso los españoles que huyen de las altas temperaturas fuera de nuestras fronteras.
La sensación térmica es aún mayor cuando la persona no está acostumbrada a tales valores, aunque las cifras de las últimas semanas tampoco se encuentran dentro de la normalidad de la época, lo que resulta difícilmente soportable incluso para quienes se enfrentan a dicho calor todos los veranos.

Así, Lucas, un joven de Escocia que desde hace un tiempo reside en Madrid, se ha sorprendido por una cuestión que ocurre con las altas temperaturas en España o en otros países con condiciones meteorológicas similares: “En 23 años de mi vida nunca me había pasado hasta que vine aquí”.
“No sabía que eso existía”
“Antes de mudarme a España, ni siquiera sabía que tu teléfono podía dejar de funcionar si se calentaba demasiado”, explica Lucas. Debido a que las temperaturas no suelen ser tan altas en su país, el joven escocés nunca se había enfrentado al mensaje que los teléfonos móviles emiten cuando se sobrecalientan.
Cuando esto ocurre, ya sea porque ha estado expuesto directamente al sol o porque se encuentra en un lugar en el que la sensación térmica es muy intensa, el móvil no permite ser utilizado hasta que se recupere una temperatura más normal. “Si lo dejas fuera por un minuto, te da ese aviso que dice que esperes a que el teléfono se enfríe. No sabía que eso existía”, se sorprende el joven.
“Cada día se aprende algo nuevo”, destaca Lucas, que ha tenido que adaptarse al calor de la capital española. Así, explica a sus seguidores que, desde que ha conocido este fenómeno, tiene que acordarse de esconder el móvil cuando está sentado en algún lugar exterior, ya sea cubriéndolo o metiéndolo en algún sitio en el que el sol no le dé de frente. De lo contrario, no podrá utilizarlo hasta que vuelva a enfriarse.
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