
Una comida en el restaurante Il rifugio dei naviganti, en la isla italiana de Ponza, la isla más grande del archipiélago de las islas Pontinas en Italia, terminó en polémica después de que cuatro comensales se vieran obligados a pagar una factura de 923 euros tras pedir una comida compuesta por un aperitivo, cuatro primeros platos, agua y vino. Así lo informó el medio italiano Open, que calificó la experiencia como una “cuenta de pesadilla”.
Según el medio La Reppublica, el precio tan desorbitado se debió principalmente a cuatro raciones de scialatielli con bogavante, pasta típica de ciudad de Amalfi, cuyo total ascendió a 759 euros, además de dos botellas de vino blanco de la bodega Cantine Migliaccio, que costaron en conjunto 120 euros. Cada persona terminó pagando cerca de 230 euros, una cifra que generó mucha indignación entre los turistas.
El gerente del restaurante, Mario Coppa, defendió estos precios, asegurando que se trata de un recibo “absolutamente normal” para ese tipo de producto de calidad y, en este caso, típico de la zona.
“La langosta cuesta 230 euros el kilo”, afirma el propietario
Según el medio italiano, Coppa explicó que la langosta utilizada en los platos se muestra viva en la mesa, y en este caso los clientes eligieron ejemplares de 825 gramos por persona. El peso, según dijo, está claramente indicado con una etiqueta en el momento del pedido. En algunos casos, incluso los comensales acuden hasta el acuario para que puedan elegir directamente el animal.
El propietario añadió que llevar langostas vivas en las manos tiene un impacto particular en los clientes, y forma parte de la experiencia que ofrece el restaurante. Según explicó al medio Open, el establecimiento es conocido precisamente por este tipo de producto de alta calidad.

El dueño dice haber hecho un descuento y se muestra arrepentido
Coppa también señaló al medio que aplicó un descuento a los turistas, quienes, según él, se quejaron al personal luego de recibir la cuenta. “Somos famosos por nuestra langosta, y si hubiera sido demasiada, habríamos tomado una más pequeña”, explicó. “Muchas veces los clientes llegan, se comportan como caballeros y luego se quejan del precio”.
En declaraciones al medio mencionado, el propietario expresó que estaba arrepentido por lo ocurrido, “son cosas de las que me arrepiento, soy alguien que también invierte para el público. Donde tenemos el restaurante, he rehecho toda la plaza, es un lugar precioso”. También explicó que el restaurante intenta evaluar si los clientes pueden permitirse consumir productos de ese coste, aunque reconoció que “no siempre lo conseguimos”.
¿Intervino la Guardia di Finanza?
Según testigos citados por Open, los turistas pidieron la intervención de la Guardia di Finanza tras recibir la factura. Sin embargo, por el momento no se ha presentado ninguna queja formal ante las autoridades en Latina.
El alcalde de Ponza, Franco Ambrosino, también se pronunció sobre el asunto. Según declaraciones publicadas por Open, afirmó, “nadie se quejó, yo no sabía nada y hasta ahora no hemos recibido ninguna denuncia sobre los precios de los restaurantes”.
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