Qué es un cordón sanitario en política y por qué el PP se lo aplica a Bildu pero no a Vox

La estrategia de aislar a ciertas formaciones políticas ha sido utilizada en países como Francia o Bélgica para frenar a la extrema derecha. En España, el PP invierte el modelo

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El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo

El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, volvió a desmarcarse este fin de semana de la estrategia de “cordón sanitario” aplicada a la extrema derecha en otros países europeos. El líder popular aclaró que “el único cordón sanitario” que su partido levantará será contra EH Bildu; Vox, aun con sus discrepancias programáticas, no quedará fuera de posibles acuerdos parlamentarios en caso de elecciones.

Feijóo pronunció el anuncio durante la clausura del XXI Congreso Nacional del PP, un acto convertido en ensayo de investidura donde prometió un “Gobierno en solitario, sólido y para todos”. En un mensaje dirigido al electorado de Santiago Abascal, recordó que Vox es “la tercera fuerza política del país” y que sus votantes “merecen respeto”, argumento con el que justificó la negativa a arrinconarles mediante vetos formales.

¿Qué es un cordón sanitario?

El término proviene del ámbito médico y designaba la barrera establecida para aislar territorios infectados durante epidemias; su uso político se popularizó en Bélgica y Francia en los años ochenta para impedir que partidos de extrema derecha accedieran al poder mediante pactos. En esencia, el cordón sanitario consiste en que el resto de fuerzas se comprometen a no negociar ni gobernar con la formación señalada.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo

El antecedente histórico más citado apunta a 1821, cuando Francia desplegó 15 000 soldados en los Pirineos con la excusa de frenar la fiebre amarilla que asolaba Barcelona; la verdadera finalidad era evitar el “contagio” del liberalismo español. Desde entonces, la expresión conserva un trasfondo político: poner una “cuarentena” ideológica para defender valores considerados básicos del sistema.

El veto selectivo del PP

El giro de Feijóo supone la culminación de un recorrido ideológico: en 2022 se presentaba como dique moderado frente a Vox; tres años después, abraza parte de su discurso —en inmigración, feminismo o memoria histórica— al tiempo que blinda la puerta a Bildu. Analistas en Génova argumentan que la estrategia busca atraer al votante descontento con la derecha dura sin perder centralidad ni cerrar la aritmética parlamentaria a pactos con nacionalistas como PNV o Junts.

El movimiento, sin embargo, reabre el debate sobre la eficacia del cordón sanitario. En Francia, pese al veto persistente, la extrema derecha suma hoy su mayor representación parlamentaria, aunque jamás ha gobernado a nivel estatal. Sus detractores señalan que el aislamiento alimenta la narrativa victimista; sus defensores replican que ha logrado frenar la entrada de Marine Le Pen en el Elíseo. España experimentará ahora una versión invertida: veto a un partido de izquierdas independentista, apertura a un partido de extrema derecha nacional.

PP, Vox y Junts derogan el decreto de subida de pensiones y las ayudas al transporte y la DANA.

Los próximos sondeos medirán si la decisión del PP erosiona el muro de contención que separa a Vox de los populares o, por el contrario, refuerza la posición de Bildu como némesis en la campaña. El tablero se redibuja mientras PSOE y Sumar sopesan cómo evitar que la bandera del antifascismo quede monopolizada por la izquierda abertzale y cómo responder a un cordón sanitario que esta vez no apunta a la ultraderecha, sino a ellos.