
Hasta hace poco, la idea de que solo el ser humano practica la medicina parecía incuestionable. Sin embargo, Jaap de Roode, un biólogo de la Universidad Emory en Atlanta, ha alterado esta percepción a través de sus investigaciones sobre las mariposas monarca. “Mis colegas y yo descubrimos que algunos algodoncillos o asclepias son medicinales para las monarcas”, comenta de Roode. Estas plantas, continúa, contienen toxinas que ayudan a las mariposas a combatir infecciones provocadas por un parásito. “Nos preguntamos entonces si las monarcas podrían estar usando activamente plantas medicinales cuando se enfermaban”, explica.
Según compartió en una entrevista con la BBC, durante su trabajo, de Roode observó que “los chimpancés y otros animales también usaban medicinas”, lo cual le llevo a documentar cómo “todo tipo de animales usan medicamentos”. Esta fascinación por el mundo animal fue la chispa que encendió la creación de su libro “Doctores por naturaleza”.
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Doctores por naturaleza: los animales no humanos también practican la medicina
De Roode revela detalles sobre las mariposas monarca, señalando que “las madres monarca medican a sus crías incluso antes de nacer”. Las hembras de estas mariposas deciden cuidadosamente dónde dejar sus huevos, optando por algodoncillos con propiedades médicas para dar a sus orugas la mejor oportunidad de sobrevivir. “Probamos primero si las orugas elegían el algodoncillo medicinal, pero descubrimos que no. Simplemente comen lo que encuentran primero”, indica, sugiriendo que las madres juegan el papel más crucial en esta estrategia de protección.
Para corroborar esta teoría, de Roode detalla un experimento en el que se usaron “jaulas grandes en el invernadero, cada una con un algodoncillo medicinal y otro no medicinal”. Las observaciones mostraron que “las hembras infectadas pusieron muchos más huevos allí (en las medicinales), pero las monarcas sanas no mostraron preferencia”, reforzando la hipótesis de que las mariposas enfermas seleccionan plantas médicas de manera consciente.
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Sus estudios trascienden a otras especies, presentando el caso de los chimpancés. De Roode menciona el trabajo de “Michael Huffman y Mohamedi Seif Kalunde, quienes demostraron que los chimpancés pueden usar medicina”. Este par de investigadores describió cómo los primates en Tanzania emplean hojas peludas para tratar infecciones por lombrices. Otros grandes primates también hacen lo propio: Rakus, un orangután salvaje, fue observado arrancando y mascando hojas de una planta medicinal - utilizada por personas en todo el sudeste asiático para tratar el dolor y la inflamación - para luego, con sus dedos, aplicar los jugos de la planta sobre una herida en su mejilla derecha. Se puso hasta “vendaje”: presionó la planta masticada sobre la herida abierta, según un estudio publicado en Scientific Reports.
Otro ejemplo fascinante es el de ciertas aves que utilizan colillas de cigarrillos para “fumigar” sus nidos, como destacaron Monserrat Suárez Rodríguez y Constantino Macías García de la UNAM. Según explica de Roode, “las aves recolectaban activamente colillas en respuesta a la presencia de garrapatas”, reduciendo así la cantidad de parásitos en sus crías.
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En el ámbito de la ganadería, Juan Villalba, de la Universidad Estatal de Utah, ofrece nuevas perspectivas con sus descubrimientos sobre ovejas que, cuando tienen parásitos intestinales, eligen consumir plantas ricas en taninos. Este comportamiento inherente permite a los animales beneficiarse de medicamentos naturales mediante la selección de alimentos.
Otro hito de la medicina natural en el reino animal es el uso de propóleo por las abejas silvestres, que lo emplean para protegerse de patógenos. De Roode señala que aunque “las abejas silvestres esparcen propóleo para protegerse contra diversos patógenos”, algunas prácticas actuales de apicultura podrían obstaculizar este comportamiento.
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El libro de de Roode sugiere también que fueron los osos, que consumen corteza de sauce para tratar el dolor, los que inspiraron la creación de la aspirina. Cuando los osos salen de la hibernación (con muchos dolores e inflamación por su postura prolongada) comen corteza de sauce. Esta contiene ácido salicílico, la sustancia que Bayer posteriormente convertiría en aspirina.
Finalmente, resalta la importancia de seguir observando a la naturaleza. “Necesitamos preservar la naturaleza y proteger tanto las medicinas como a los animales que las utilizan. Creo que solo hemos arañado la superficie”, concluye de Roode, destacando el vasto potencial médico que aún se esconde en la biodiversidad del planeta.
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