
Cuando besamos a alguien, dentro de nuestro cerebro se produce una reacción química que es la que provoca que se sienta una sensación tan placentera al realizar dicha acción. Son varias las hormonas que influyen en este proceso y muchos los beneficios que tienen los besos: "Se mejora el estado de ánimo y se reduce el estrés, ya que se liberan ciertas hormonas como la oxitocina, la dopamina y también endorfinas. Estas últimas tienen un efecto analgésico natural", explica el conocido enfermero Jorge Ángel en uno de los últimos vídeos publicados en su cuenta de TikTok (@enfermerojorgeangel).
La oxitocina, también llamada “hormona de la felicidad”, activa unas áreas del cerebro que se asocian con el placer y la recompensa. Esto provoca una sensación de calma, bienestar y confianza y permite que se refuercen los lazos afectivos. Además, esta hormona está vinculada con la regulación emocional y la empatía.
En cuanto a la dopamina, que es un neurotransmisor clave en el sistema de recompensa del cerebro, provoca una respuesta de euforia, motivación y deseo de repetir la acción. Está vinculada con la sensación de logro, ya que resulta ser una experiencia gratificante.
Además, cuando besamos a alguien, la serotonina también juega un papel crucial en la regulación del estado de ánimo y la sensación de bienestar, puesto que es una sustancia química que se asocia con la estabilidad emocional, la reducción del estrés y la satisfacción.

La curiosidad que nos genera saber todo lo que gira en torno a los besos no pasa únicamente por sus beneficios y el proceso químico que se desarrolla con esta acción. Existen ciertas costumbres arraigadas y cuyo origen es desconocido: por ejemplo, por qué se cierran los ojos cuando damos un beso.
Besar con los ojos cerrados
El enfermero Jorge Ángel explica que, según diversas investigaciones, nuestro cuerpo cierra los ojos al besar “para aumentar más la concentración y potenciar otros sentidos”. De esta manera, se enfoca con mayor intensidad en el gusto, el tacto o el olfato.
Esto se debe a que el cerebro tiene unos recursos limitados para procesar los estímulos, por lo que, si se cierran los ojos, se reduce la sobrecarga sensorial y es posible centrarse en cuestiones como el contacto, la temperatura y el movimiento.
Así, “se aumenta la conexión con la pareja”, pues se genera un momento más íntimo y emocional. Al eliminar el estímulo visual, se conecta de una forma más profunda con la otra persona y con las sensaciones del beso.
Además, mirar a alguien de cerca mientras lo besamos puede resultar forzado o incluso incómodo, por lo que es una forma también de relajarse y encontrar una cierta comodidad. No solo eso, sino que también juega un papel importante el condicionamiento cultural y biológico: en muchas culturas, el beso va asociado a cerrar los ojos, por lo que aprendemos a hacerlo, al igual que ocurre con muchas otras costumbres y tradiciones. Es, al fin y al cabo, un gesto automático del cuerpo cuando disfrutamos y experimentamos situaciones placenteras.
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