
Más que una tradición centenaria, en el origen de la llamada “pasta del Cónclave” habría una leyenda. Un mito, si no directamente “una invención”, según explica la historiadora Mila Fumini. Se trata de una receta sencilla que (habiendo comenzado el Cónclave de 2025, que desde las 16:30 de hoy reúne a 133 cardenales, que aún no se han puesto de acuerdo para elegir al nuevo pontífice) despierta curiosidad, aunque no hay constancia alguna de ella en los documentos oficiales.
Según informan desde el medio italiano Corriere Della Sera, la receta de la “pasta del Cónclave” se caracteriza por su sencillez: tres ingredientes. Pasta larga o corta - no se especifica cuál -, cocida y luego salteada en una sartén con mantequilla de nuez y una abundante capa de parmesano rallado. Existen también versiones más sabrosas, fáciles de reproducir, que añaden pimienta negra recién molida o que sustituyen el parmesano por pecorino.
En cuanto a sus orígenes, no están muy claros. “La receta no está en modo alguno conectada formalmente con la liturgia del Cónclave”, explica Fumini. La historiadora también considera posible que “se le haya dado este nombre como referencia a un plato de ‘régimen de clausura’. Nace de pocos y pobres ingredientes, como cuando uno se encuentra encerrado a la fuerza y sin una despensa bien surtida de la que echar mano”.

Los orígenes de la “pasta del Cónclave”
Existe alguna hipótesis histórica que justificaría el vínculo entre esta receta y el encierro cardenalicio. El plato podría haberse integrado en la tradición hacia finales del siglo XIII, con la creación del propio Cónclave en 1274, por voluntad del papa Gregorio X. Elegido después de casi tres años de deliberaciones, el pontífice estableció en la constitución apostólica Ubi Periculum reglas estrictas para acelerar los tiempos de la elección, utilizando la cocina como instrumento de presión.
Se introdujo un racionamiento progresivo de los alimentos: de tres comidas diarias se pasaba a una sola si el escrutinio se prolongaba más de tres días, y a solo pan, agua y vino si superaba los ocho días. También en caso de desacuerdos sería, por tanto, el hambre lo que pondría de acuerdo a los cardenales sobre el nombre del pontífice en poco tiempo.
Durante el encierro, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl preparan las comidas que se sirven a los cardenales según instrucciones estrictas. El menú se basa en la sobriedad y la ligereza para no dificultar la digestión, pero también busca ser nutritivo para favorecer la concentración. Las recetas están inspiradas en la tradición italiana, presentadas en su versión más ligera: cereales, carnes blancas, pescado, hortalizas y fruta de temporada.
Todo se cocina dentro del Vaticano para evitar contaminaciones. Se prohíbe el uso de dispositivos electrónicos y no se sirven pasteles con capas ni platos como el pastel de carne: nada que pueda ocultar mensajes secretos, bajo pena de excomunión. Alimentación y religión se cruzan en una tradición en la que, en el caso de la “pasta del Cónclave”, un plato sencillo ha pasado a formar parte del imaginario del proceso más reservado de la Iglesia.
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