
La fructosa es un azúcar natural que se obtiene principalmente de las frutas, pero que también se utiliza en la elaboración de algunos productos procesados, como los refrescos, los zumos, la bollería o las golosinas. Al ser natural podemos pensar que es un azúcar inocente, sin embargo, nos equivocamos, ya que, una ingesta excesiva puede provocar graves consecuencias en nuestra salud.
Tal y como detalla la Fundación Española del Corazón en su portal web, la fructosa es un hidrato de carbono simple que se halla tanto en la fruta como en la miel, que se absorbe en el intestino y pasa al hígado, una vez allí, se metaboliza a glucosa. Consumida de forma natural no es dañina, pero hay que tener especial precaución cuando se ingiere en productos procesados. Entre los problemas de salud que puede provocar destacan:
- Elevación de la presión arterial.
- Aumento de los triglicéridos.
- Aumento del colesterol LDL, el ‘malo’.
- Facilita la acumulación de grasa en las vísceras, sobre todo, en el hígado.
- Incremento de la presión arterial.
- Incremento del ácido úrico.
Los tres mecanismos por los que un exceso de fructosa puede llevar a un empeoramiento de nuestra salud metabólica

En un vídeo publicado en su perfil de TikTok, la médico y divulgadora Isabel Vina ha explicado cuáles son los tres mecanismos por los que un exceso de fructosa —que no viene de tomar la pieza de fruta entera, sino de consumirla oculta en refrescos, zumos y otros productos aparentemente ‘sanos’— “puede llevar a un empeoramiento de nuestra salud metabólica y de nuestra salud hormonal y, por lo tanto, de nuestra salud en general”.
Explica la experta que el exceso de fructosa llega al hígado y ahí consume el ATP que es “la moneda energética” con la que el órgano funciona y, por tanto, todas las funciones que realiza: detoxificación de sustancias, fármacos, hormonas, vitaminas, metabolismo de proteínas, de hidratos de carbono, de grasas, etcétera.
Por otro lado, detalla que el superávit de este azúcar se acaba convirtiendo en “triglicéridos que salen a la sangre y se depositan en nuestro tejido apidoso contribuyendo a elevar nuestro porcentaje de grasa“. Destaca que, por último, ”pero no menos importante", la fructosa provoca una “elevación del ácido úrico”, un metabolito que, “además de producir la famosa gota, es tremendamente oxidativa y proinflamatoria”. Estas condiciones contribuyen a un estado inflamatorio de bajo grado que “está detrás de la mayor parte de enfermedades actuales y contribuye a empeorar en general las enfermedades crónicas“.
Qué alimentos hay que evitar
Según asegura la Fundación Española del Corazón, es preciso controlar el consumo de fructosa, sobre todo, en el caso de las personas que padecen factores de riesgo vascular, como la diabetes y los triglicéridos altos.
Cuando el sistema digestivo no absorbe de manera adecuada la fructosa, podemos sentir dolor de estómago, hinchazón, diarrea y gases, lo que se conoce como intolerancia a la fructosa. Como se detalla desde la web de Mayo Clinic, en ese caso será necesario leer atentamente las etiquetas de los productos y evitar alimentos que contengan:
- Almíbar de agave.
- Fructosa.
- Jarabe de maíz alto en fructosa.
- Miel.
- Azúcar invertido.
- Almíbar de arce saborizado.
- Melaza.
- Azúcar de palma o coco.
- Sorgo.
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