
Embarcarte en la compra y reforma de una casa se puede convertir en una aventura en todos los sentidos. Los nuevos dueños casi nunca saben qué es lo que se esconde tras los muros o el suelo de su nuevo hogar, y puede que nunca lo descubran. Sin embargo, cuando se realizan obras para reacondicionar o modernizar un espacio, suelen salir a la luz los vestigios de las vidas pasadas de los moradores de la vivienda.
Ludovic Mollier y Richard Desperrier se encontraban inmersos en la reforma de su casa en Matour, una localidad francesa ubicada en la región de Borgoña, en el centro del país. Una de las remodelaciones que hicieron fue la de quitar el suelo de madera del inmueble para cambiarlo por uno nuevo. Esto les permitió descubrir un sorprendente secreto.
Bajo el parqué encontraron un frasco de cristal que, en un primer momento, pasó completamente desapercibido para Mollier y Desperrier. Pensaron que era simple botella de vidrio sin valor y que habría acabado allí de una forma fortuita. Sin embargo, al analizarla más detalladamente y comprobar qué había en su interior, la pareja francesa descubrió que era una cápsula del tiempo, dejada allí hacía más de un siglo.
El contenido del frasco
Tras abrir la botella, los nuevos inquilinos de la vivienda encontraron un pequeño pedazo de papel enrollado en el que había escrito un enigmático mensaje, conservado bastante bien pese al paso del tiempo. Su autor, tal y como se podía leer en la nota, era Guillaume Mandelier y el texto tenía una antigüedad de 130 años.
“Este parqué lo puse yo, Guillaume Mandelier, comerciante de vinos de Matour, el 15 de junio de 1894″, comenzaba la nota, que, por tanto, había sido escrita en el siglo XIX. “Aquellos que lo retiren pronunciarán un De profundis para el reposo de mi alma y beberán un trago a mi salud”. El antiguo residente de la vivienda había querido dejar un pequeño mensaje para sus futuros moradores, casi como si una profecía le hubiese indicado que muchos años después alguien encontraría el frasco de cristal.
La nota terminaba casi en forma de brindis, deseando un buen futuro para aquellos que encontrasen el mensaje oculto en el suelo de la vivienda: “Les deseo una larga vida, mucha prosperidad y que su muerte sea al anochecer de un buen día. Que Dios tenga piedad de sus almas. Guillaume Mandelier”.

Tras el extraño y sorprendente hallazgo, Mollier y Desperrier decidieron llamar a Alain Guérin, concejal del pueblo, para enseñarle la nota y preguntarle sobre su autor. Tal y como había pedido el comerciante de vinos de Matour, la pareja se fue a tomar algo en el bar de al lado para beber un trago a su salud. Además, también siguieron el deseo de pronunciar un De profundis, por lo que organizaron una misa en el pueblo del centro de Francia para brindarle un homenaje al misterioso autor de la nota, que había querido seguir presente en aquella vivienda incluso más de un siglo después.
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