
Comer frutas y verduras todos los días es una excelente manera de mantenerse sano, pero es importante limpiarlas correctamente, ya que en el medio donde se cultiva hay elementos, como el suelo, el polvo, el agua de riego y los insectos o los animales, que pueden dejar microorganismos patógenos y elementos químicos que en ocasiones pueden contaminar estos alimentos y hacer que resulten peligrosos.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda lavar las frutas y verduras bajo el grifo, manteniendo la piel intacta. “Este paso es crucial incluso si vas a pelarlas después, ya que así evitarás que cualquier contaminación superficial se transfiera al interior del alimento durante el corte o pelado”, detallan. También aconsejan usar un cepillo específico para limpiar las superficies de cáscara dura de las frutas (melón, sandía) y de algunas verduras (pepino, calabacín). El siguiente paso sería secarlas con papel de cocina o con un paño limpio.
La AESAN también indica que el caso de emplear productos químicos, como por ejemplo la lejía alimentaria, es importante consultar primero la etiqueta para saber aquellos que se pueden utilizar y tener en cuenta las indicaciones para su uso correcto. No obstante, en un artículo en The Conversation, Primrose Freestone profesora especializada en Microbiología de la Universidad de Leicester, aboga por usar solo agua.
El agua, el mejor limpiador
“La forma más sencilla y segura de lavar los productos frescos es a mano, con agua corriente fría. Frote las frutas y verduras con las manos para eliminar la suciedad, los pesticidas y algunos gérmenes de la superficie”, dice y recuerda que los estudios actuales avalan que el agua por sí sola sigue siendo la mejor manera de limpiar los productos frescos. “No hay ninguna ventaja real en usar vinagre o bicarbonato de sodio”, añade en respuesta a los miles de videos que aparecen en las redes sociales recomendando estos productos.
Cómo lavar estos alimentos en función de su piel
Freestone explica que los productos con cáscara dura (como las calabazas) o una piel firme (como las patatas) se pueden frotar con un cepillo, mientras que los tomates se pueden enjuagar simplemente bajo el grifo durante unos 30 segundos mientras se frota suavemente con las manos. Por otro lado, para lavar las verduras de hoja verde, como la lechuga, el brócoli, la coliflor, la col rizada o el repollo, aconseja que sean separadas primero en hojas o floretes y enjuágalas individualmente bajo el grifo, frotando con las manos .
Para frutas de hueso, el enjuague debe realizarse con agua corriente fría durante un máximo de un minuto para eliminar la suciedad, los microbios y cualquier recubrimiento de cera. Sin embargo, hay frutas más delicadas que requieren mayor atención. El alto contenido de agua de cerezas, uvas, fresas y otras bayas, hace que estas frutas sean particularmente perecederas. “Humedecer las bayas aumentará el crecimiento de los gérmenes presentes y reducirá su vida útil. Es mejor guardarlas sin lavar en el refrigerador, solo lavándolas cuando se vayan a comer”, señala.
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