
Es sello e icono de la gastronomía española. Y es que, entre la paella y la tradicional tortilla de patatas, el jamón se presenta como uno de los platos típicos del país. Además, su consumo también puede ser muy variado: colocarlo entre panes, como parte de una tapa, en una tortilla o en el relleno de una croqueta,
Sin embargo, desde hace años, varias alarmas se encienden en contra de la ingesta de este producto. Fue en el 2015 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que declaraba la carne roja y la procesada como potenciales carcinógenos. Así, el jamón se colocaba en la lista de alimentos problemáticos

Cuáles son las propiedades nutricionales del jamón
El jamón es el término general para un producto que tiene diferentes variedades. Todas ellas pueden adquirirse a lo largo de todo el año. No obstante, a pesar de que sus aportes y beneficios cambian según la calidad y la categoría, la Fundación Española de Nutrición (FEN) ensalza la aportación nutricional de este último.
De esta manera, el jamón serrano se presenta como una importante fuente de proteínas de alto valor biológico. Su contenido en grasas y proteínas supera al de la carne fresca debido a la pérdida de agua durante el proceso de elaboración. El aroma y el sabor característicos del jamón serrano se deben principalmente a su grasa, cuyo contenido varía según la especie, raza, sexo, edad, parte consumida y alimentación del animal. La grasa del jamón contiene mayoritariamente ácido oleico, similar al del aceite de oliva, con beneficios cardiovasculares.
Además de sus proteínas, el jamón serrano es rico en hierro, zinc y fósforo, cubriendo el 21% de las ingestas recomendadas de fósforo. Sin embargo, su alto contenido de sodio debe ser considerado por personas que necesiten dietas bajas en sodio. En cuanto a las vitaminas, se caracteriza por ser una buena fuente de tiamina, niacina, riboflavina y vitamina B6, lo que contribuye a su perfil nutricional completo.
Estas son las personas que no deberían comer jamón
El consumo diario de jamón, especialmente en grandes cantidades, puede tener graves efectos secundarios. Así, uno de los principales aspectos a considerar es su alto contenido de sodio, derivado del proceso de salazón y curado, que puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, particularmente en personas con hipertensión o problemas cardíacos.
Además, el jamón contiene grasas saturadas que, en exceso, pueden elevar los niveles de colesterol en sangre y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, por lo que se recomienda moderar su ingesta y optar por fuentes de grasas más saludables.
En última instancia, también hay que tener en cuenta que algunos jamones contienen aditivos como nitratos y nitritos, utilizados para preservar y mejorar el sabor del producto. Estos aditivos se han relacionado con posibles riesgos para la salud, incluido un mayor riesgo de cáncer. Ante esta situación, es fundamental leer las etiquetas de los productos y optar por jamones más naturales y con menos aditivos.
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