
Fernando Magro Moros es un guardia civil destinado actualmente en Sevilla como jefe de la Sección de Apoyo Operativo del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS). Sin embargo, tras la invasión rusa, hizo frente a una misión más arriesgada en Ucrania. Magro se encargó de ser el representante de la Guardia Civil que asesoraba y formaba en materia de orden público, gestionaba proyectos para la adquisición de material de seguridad para las fuerzas ucranianas, era el coordinador de género de la Unidad de Policía de la Misión, gestor de los cursos de primeros auxilios y policía de estabilidad para los agentes del orden desplegados o a la espera de desplegarse en los territorios desocupados y adyacentes de las zonas del este de Ucrania. Dirigió también dos equipos móviles de apoyo en las fronteras polaco-ucranianas de Hrebenne/Rava Rus’ka y Budomierz/Hrushiv, monitorizando los pasos fronterizos de Ucrania.
En una entrevista para la Revista Guardia Civil, Magro cuenta que en 2021 lideró la candidatura de la Guardia Civil que fue seleccionada para impartir siete cursos dirigidos a más de 500 policías y guardias nacionales de Ucrania. “Este fue mi modesto inicio en el ámbito internacional, hecho que me impulsó para continuar en Ucrania y solicitar un puesto de trabajo como asesor para la misión, por lo que volví a Kiev en enero de 2022″, comenta el agente.
“Desde mayo hasta noviembre de 2021, tuve la oportunidad de impartir cursos en las ciudades de Kharkiv, Odessa y Dnipro con mi Equipo de Especialistas en Orden Público de la Agrupación de Reserva y Seguridad. Pese a la guerra en el Donbass que comenzó en 2014, en estas ciudades se respiraba tranquilidad y seguridad. A mi regreso en enero de 2022 a Kiev, la situación en Ucrania era semejante y prácticamente nadie podía imaginar que la acumulación de tropas de la Federación Rusa en territorios cercanos a la frontera con Ucrania pudiera acabar en una invasión a gran escala, como ocurrió el 24 de febrero de 2022″, narra en la entrevista.

El impacto de la destrucción y el caos
Cuando le preguntan qué fue lo que más le impactó en sus primeros días, el experto en seguridad explica que recuerda la mañana del 24 de febrero de 2022: “Me desperté, leí las noticias y directamente escribí a mis intérpretes y a los policías ucranianos con los que había trabajado el año anterior. Con ellos había compartido seis meses en 2021 y nos solicitaban apoyo para conseguir uniformes militares o cualquier cosa que pudiera ayudarles a repeler la agresión. La intérprete que trabajó conmigo tuvo que huir del país, ya que la ciudad donde vivía con su familia se encuentra actualmente ocupada por la Federación Rusa. Posteriormente, estuve desplegado con EUAM en la frontera de Ucrania con Polonia, monitorizando y apoyando el flujo de refugiados saliente y la entrada de ayuda humanitaria en el país. Durante este periodo, nos entrevistamos con muchas personas que nos contaban las penurias que habían pasado para llegar hasta la frontera. Ante esta situación, decidí organizar con otros dos compañeros desde España un viaje en una furgoneta para llevar ayuda humanitaria a la frontera y traer a tres familias a Ávila, que actualmente han rehecho sus vidas en nuestro país”.
Uno de los momentos más difíciles para Magro, sucedió el 10 de octubre de 2022, cuando un misil lanzado por la Federación Rusa impactó a escasos metros del edificio principal de la Misión de la Unión Europea en Kiev. “Recuerdo a la perfección la explosión que escuché desde el refugio, a tan solo 300 metros del punto de impacto, y que había mucha gente en la calle que se dirigía a la entrada del refugio, pero sobre todo, la imagen de la destrucción ocasionada en los edificios y vehículos que vi al día siguiente”, cuenta. Otro momento muy complicado fue el invierno de 2022 “tras los intensos ataques de la Federación Rusa a la infraestructura energética ucraniana”. “Kiev se encontraba prácticamente a oscuras. Los cortes de suministro eran frecuentes y las calles parecían sacadas de una película de terror, cubiertas de nieve, vacías y sin luz. A esto se sumaban los zumbidos de los drones suicidas y los sistemas de defensa aérea ucraniana para neutralizar los que sobrevolaban la ciudad, motivo por el cual el espacio aéreo en todo el país continúa cerrado hasta la fecha”, recuerda.
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“Me ha cambiado la vida”
“El haber participado en la Misión de Asesoramiento de la UE en Ucrania me ha cambiado la vida. En primer lugar, me he dado cuenta de que los españoles, y en especial los guardias civiles, somos muy queridos y respetados en todo el mundo. Nuestra forma de ser, nuestra historia y nuestras costumbres gustan a lo largo de todo el globo terráqueo. En segundo lugar, me ha permitido conocer a gente maravillosa a nivel profesional y personal. Y por último y más importante, me he dado cuenta de lo afortunado que soy por no haber vivido un periodo de guerra en mi país como sí vivieron nuestros antepasados. La guerra es muy dura y deja marcas de por vida; en la guerra no gana un bando u otro, en la guerra todos pierden”, sentencia para acabar.
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