Los efectos secundarios de la metoclopramida, un medicamento contra las náuseas y los vómitos

Como todos los fármacos, pueden provocar una serie de efectos secundarios que son importantes reconocer para consultar con nuestro médico

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Medicamentos de una farmacia (Shutterstock)

La metoclopramida es un medicamento ampliamente utilizado para tratar náuseas y vómitos, tanto de origen agudo como crónico. Actúa principalmente como un antagonista de los receptores de dopamina en el sistema nervioso central, lo que aumenta el peristaltismo gastrointestinal y acelera el vaciado gástrico. Aunque es efectiva para estos propósitos, su uso no está exento de efectos secundarios, como todos los fármacos.

Según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), la metoclopramida puede causar una variedad de efectos adversos que varían en frecuencia e intensidad. Estos efectos secundarios se clasifican en varias categorías basadas en la incidencia y la gravedad.

Entre los efectos secundarios más comunes se encuentran la somnolencia y el cansancio. Estos síntomas son generalmente leves y pueden desaparecer con el tiempo a medida que el cuerpo se ajusta al medicamento. Sin embargo, en algunos casos, la somnolencia puede ser lo suficientemente intensa como para afectar la capacidad de realizar actividades que requieren alerta mental, como conducir o manejar maquinaria pesada.

La metoclopramida, al actuar sobre el sistema gastrointestinal, puede causar efectos adversos en este ámbito. Estos incluyen diarrea, náuseas (paradójicamente, dado que el medicamento se usa para tratar náuseas), y en casos raros, estreñimiento. Estos síntomas pueden variar en intensidad y generalmente se resuelven con la discontinuación del medicamento.

Efectos neurológicos, los más preocupantes

Uno de los efectos secundarios más preocupantes de este fármaco son los efectos neurológicos. Entre estos, se destacan los síntomas extrapiramidales, que incluyen distonía aguda, parkinsonismo y discinesia tardía. Estos síntomas son el resultado de la acción del medicamento sobre los receptores de dopamina en el cerebro y pueden ser especialmente problemáticos en pacientes jóvenes y ancianos.

La distonía aguda se caracteriza por contracciones musculares involuntarias que pueden ser dolorosas y desfigurantes. Generalmente, se manifiesta en las primeras 24 a 48 horas de tratamiento y puede afectar los músculos de la cara, el cuello y el torso. Este efecto secundario es más común en pacientes jóvenes y en aquellos que reciben dosis altas del medicamento.

El parkinsonismo inducido por metoclopramida se asemeja a la enfermedad de Parkinson, con síntomas como temblores, rigidez muscular y bradicinesia (movimientos lentos). Aunque estos síntomas son reversibles con la discontinuación del medicamento, pueden ser debilitantes y afectar significativamente la calidad de vida del paciente durante el tratamiento.

Marc Gauthier, de 62 años, ha vuelto a caminar tras un diagnóstico de Parkinson hace ya tres décadas.

La discinesia tardía es una condición grave caracterizada por movimientos involuntarios repetitivos, principalmente en la cara y la lengua. Este efecto secundario suele desarrollarse tras el uso prolongado del medicamento y puede ser irreversible. Por esta razón, el uso de metoclopramida está generalmente limitado a tratamientos cortos (no más de 5 días consecutivos) para minimizar este riesgo.

Por otra parte, la metoclopramida también puede causar efectos secundarios endocrinos debido a su capacidad para aumentar la liberación de prolactina. Esto puede llevar a galactorrea (producción de leche), ginecomastia (aumento de las mamas en hombres) y amenorrea (ausencia de menstruación) en mujeres. Estos efectos suelen ser reversibles con la discontinuación del medicamento.

Dada la posibilidad de efectos secundarios graves, la AEMPS recomienda precaución en el uso de metoclopramida. Está contraindicada en pacientes con historial de trastornos neurológicos, como epilepsia, debido al riesgo aumentado de síntomas extrapiramidales. También se debe tener cuidado en pacientes con insuficiencia renal o hepática, ya que pueden requerir ajustes de dosis.