Dora Postigo (Madrid, 2004) llega con el aura del que acaba de llenar un concierto en el Madison Square Garden. Vestida de negro (la tendencia nun core llevada a una rave techno) y con unas gafas de sol vintage de Dior, presenta Camino a Roma, el cuarto sencillo de su próximo disco y una canción en la que colabora con uno de los perfiles más interesantes de la industria, la etérea María Arnal. “Ha sido una vomitada de todo lo que no he podido hacer con mi carrera musical”, indica a Infobae España. Los impedimentos no venían de un bloqueo creativo o una falta de referentes, más bien de un periodo formativo del que no quería prescindir. “Tenía el colegio de por medio”, dice en tono cómico.
Sus padres nunca le impidieron que su imaginación campase a sus anchas en el estudio, pero antes debía terminar sus estudios. “Me saco la polla encima de la mesa porque claro, como tengo talento”, ironiza. El toque de genio “no se justifica si no trabajas”, admite. En septiembre, Dora comenzará sus estudios universitarios, centrados en la música y la composición. La falta de tiempo ha ido marcando la cronología de su trayectoria como mocatriz, hasta ahora liderada por sencillos sueltos y una aparición en Rainbow, la ecléctica película de Paco León en la que el Mago de Oz recibe un tratamiento trash al más puro estilo John Waters.
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Antes de Camino a Roma, Dora estrenó Play (que se sumó a los sencillos anteriores Nada que Perder y Marceline), una canción en la que hablaba de la soledad urbana, un sentimiento que parece compartir con muchos perfiles de su generación. “Siempre he vivido en Madrid y he tenido las dos caras”, afirma sobre los diferentes estilos de vida que ha experimentado en la capital. “Me he sentido sola y no encontraba un sitio en el que sentirme identificada”, una situación opuesta a la actual, pues “tengo amigos increíbles”.
Para ella, la música es sinónimo de vida. “Significa todo, porque he crecido con ella y siempre me rodea”, afirma. Junto a su padre, Diego Postigo, enarbola a diario todo tipo de conversaciones enfocadas en los géneros y nuevos nombres que copan la industria. “Empecé a escribir como mecanismo de defensa”, explica. Su complicada juventud, tuvo que lidiar con la pérdida de su madre, Bimba Bosé, a los 13 años, la llevó a querer volcar su mundo interior en un bloc de notas sonoro.
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“El rollo ‘nepo baby’ es una tontería”
La familia es un tema muy recurrente en el día a día de Dora. Su madre Bimba y su tío Miguel Bosé son dos figuras que contaron con un alto grado de notoriedad pública. Ella, sin embargo, ni rechaza ni se adscribe a la iglesia del nepotismo. “Tengo mucha suerte y estoy profundamente agradecida de haber crecido con tantas referencias”, admite, pero “el rollo nepo baby me parece una tontería”, apostilla. “Lo veo tan de Estados Unidos”, ríe. “Todos los famosos son nepo babies”, afirma mientras procede a enumerar un largo listado de artistas, entre ellas, Ariana Grande o Billie Eilish. “Yo he estado en un colegio privado británico toda mi vida y me quise ir al público de Malasaña”, apunta.
En un apunte con el que pretende dar un giro a la conversación, Dora cree muchos de los artistas actuales no han triunfado únicamente gracias a su ética de trabajo, un caso que no aplica a Rosalía. “Se ha hecho un hueco que flipas, ha roto una barrera de trauma cultural que tenemos aquí en España”, dice sobre el flamenco y los elementos clásicos que fascinan al externo, pero que causan división interna.
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En cuanto a la música coyuntural y de su generación, Dora admite estar “saturada” de tanto lanzamiento, éxito repentino e información. “A mí me han dejado de gustar artistas por el simple hecho de que les veo todo el rato en Instagram”, dice. Las cosas que suben rápido descienden con mayor velocidad. Muchos artistas que se han consagrado en cuestión de meses, como en el caso de Quevedo, han decidido retirarse (un término que puede apelar al abandono a o una pausa temporal). “Me parece bastante frívolo”, admite. “¿Hasta qué punto te gusta la música y hasta qué punto te gusta lo que estás haciendo por ella?”, se cuestiona. A Dora le da “rabia” que muchos cantantes actuales no busquen tener una carrera “con bases, con peso de años”, más bien un éxito repentino que termina comiéndoles.
“No sé por dónde va a salir, pero espero que sea en un cambio de género, que provoque algo diferente en la música”, dice sobre la burbuja coyuntural en la que cada día hay un nuevo artista famoso al que venerar. “Sigo escuchando movidas en la radio como Avicii y dices, ¿pero esto qué es?”, bromea. Dora quiere una revolución, porque “como en la Historia, se crean cuando la gente está harta, se satura y explota”, un sentimiento que tiene con respecto al gremio del que forma parte.
Una burbuja con la que está más que satisfecha es la del auge de los conciertos. “Yo he sido muy friki”, dice sobre haberse comprado más de una entrada para ver al mismo artista. “Es cuando ves su esencia más pura”, añade. Uno de los últimos bolos a los que ha acudido y que recuerda con mayor asombro es el de Peso Pluma en el WiZink Center. “Es lo más punki que he visto y no le había escuchado en mi vida”.

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