Su historia se ha contado cientos de veces en diferentes formatos. Películas, libros y documentales han plasmado la tragedia de los Andes, el terrible accidente de avión que en 1972 sufrió el equipo uruguayo de rugby Old Christians por un error de cálculo del piloto debido al mal tiempo. Las autoridades les habían dado por muertos, pero 16 de ellos sobrevivieron y lograron superar más de dos meses en la nieve, con temperaturas a 25 grados bajo cero y alimentándose de los cuerpos de sus compañeros fallecidos para poder vivir hasta ser rescatados. Cincuenta y un años después, es el cineasta Juan Antonio Bayona quien cuenta su hazaña en La Sociedad de la Nieve, consiguiendo “transmitir fielmente muchas de las sensaciones” que vivieron en la montaña, según contaron a Infobae España los propios supervivientes.
“La película de Bayona permite al espectador ponerse en nuestro lugar y preguntarse qué decisiones habría tomado si hubiera estado allí”, dijo Roberto Canessa en octubre, cuando se cumplieron los 51 años del brutal accidente. Este superviviente fue, junto a Fernando Parrado, quien caminó 38 kilómetros durante 10 días en busca de ayuda hasta que encontraron a un arriero chileno que finalmente dio la voz de alarma para que los rescataran. De las 45 personas que viajaban en el avión, incluyendo la tripulación, 12 murieron el accidente y otras 17 fallecieron días después, la mayoría a consecuencia de una avalancha de nieve que los sepultó.

Después de ese alud que sepultó parte del fuselaje del avión, los supervivientes sabían que su única posibilidad era escapar de la montaña, pero eso implicaba escalar, muy debilitados ya, un enorme pico de más de 5.000 metros. Pese al cansancio y a que habían perdido unos 30 kilos de peso, lo consiguieron. Canessa lo recuerda como si hubiera ocurrido ayer y, por increíble que parezca, asegura que recurrir a la antropofagia no fue lo más difícil de aquella terrible experiencia.
“Habíamos creado la sociedad de la nieve, dejando atrás la civilizada, donde la comida eran los que ya no estaban y donde la fe religiosa surgió con una fuerza impresionante al estar al límite de nuestras capacidades. Éramos personas comunes y corrientes enfrentándonos a una situación terrible y logramos salir de ahí. Ojalá hubiera sido tan fácil como comerse a los muertos para salir de la cordillera, ojalá eso y nada más, pero tuvimos que salir caminando, esperar a que mejorara el tiempo y cruzar los Andes… eso es lo que le apasiona a la gente, la diferencia entre lo que piensan y el prejuicio que tienen y lo que realmente nos pasó en la montaña”, dijo a este medio.
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Por aquel entonces Canessa era estudiante de Medicina y no dudó en prestar cuidados a sus compañeros heridos. Después, tras el accidente, continuó con su carrera hasta convertirse en un reconocido cardiólogo infantil en Uruguay, además de conferencista, como la mayoría de los supervivientes, que han recorrido el mundo dando charlas motivacionales y explicando cómo lograron su hazaña.
Las lecciones de la montaña
Los 16 supervivientes contaron su tragedia frente a un mundo atónito. Habían luchado para volver a sus casas, a sus estudios, al rugby, “pero con nuevas demandas porque estaban las familias de los amigos que habían desaparecido y querían saber qué había pasado”. “Nos apoyaron desde el dolor, nunca desde el odio, y eso fue muy importante para nosotros”, relató.
A sus 70 años, con tres hijos y varios nietos, sigue dando charlas motivacionales explicando cómo aplicar las lecciones de la montaña en el día a día para superar situaciones de adversidad. Los supervivientes no han cambiado de barrio en Montevideo, se siguen viendo con mucha frecuencia y han acudido varias veces al lugar del accidente para rendir homenaje a quienes no pudieron salir de las montañas. “Hay una gran hermandad”, asegura Canessa, si bien fallecieron por enfermedad Javier Methol en 2015 y José Luis Inciarte el año pasado.

Canessa explicó que de la montaña sobre todo aprendió que el temor al fracaso “cizalla tus posibilidades”, por lo que a partir del accidente decidió afrontar la realidad del día a día desde otra actitud, la de seguir hacia delante y “no esperar a que el helicóptero venga a buscarte”.
Otros de los supervivientes se hicieron empresarios, como Carlos Paéz, Pedro Algorta, Daniel Fernández, Ramón Sabella, Álvaro Mangino o Antonio Vizintín, o arquitectos como Eduardo Strauch, que fue junto a su primo Adolfo Strauch, ahora al frente de una explotación ganadera, quienes tras el accidente asumieron la difícil tarea de cortar la carne de quienes habían muerto. Fernando Parrado se convirtió en productor de televisión, Roy Harley en ingeniero, Bobby François en productor agropecuario, Alfredo Delgado se hizo notario y Gustavo Zerbino trabaja en la industria farmacéutica.
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