Uno de los magistrados del Juicio a las Juntas argentinas, en España: “Lo natural, lo esperable, era que no hubiera juicio”

Ricardo Gil Lavedra rememora las claves del juicio que sentó las bases de la democracia en Argentina tras la dictadura militar

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Ricardo Gil Lavedra firma un libro junto al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz (FGE)
Ricardo Gil Lavedra firma un libro junto al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz (FGE)

Ricardo Gil Lavedra, uno de los seis magistrados que conformaron el tribunal en el denominado Juicio a las Juntas militares argentinas en 1985, ha rememorado este jueves en la sede de la Fiscalía General del Estado española el procedimiento judicial que devolvió a la democracia al país tras la dictadura que lideró el militar Jorge Rafael Videla.

Sentado junto al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, y la fiscal delegada de Sala de Derechos Humanos y Memoria Democrática, Dolores Delgado, Gil Lavedra ha destacado que en un contexto de transición como el que encabezaba el presidente Raúl Alfonsín, “lo natural, lo habitual y lo esperable, era que no hubiera juicio alguno” a los responsables de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las Juntas de la dictadura.

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“Nadie hablaba ni quería juicio, ni los empresarios, ni la Iglesia. Decían que mirar hacia atrás desunía y ponía en peligro la democracia. Los medios de comunicación también pedían que se mirase hacia adelante”, ha explicado el magistrado, abogado y exministro de Justicia argentino.

Sin embargo, el propio Alfonsín “salió del marco, rompió el panorama y tomó la decisión de que la democracia no podía construirse sin barrer debajo de la alfombra”. Así, “sin saberlo, estaba creando la primera comisión de la verdad de la historia”.

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Ricardo Gil Lavedra, durante su exposición (FGE)
Ricardo Gil Lavedra, durante su exposición (FGE)

En 1985, después de estar varias veces en peligro, el juicio era una realidad. En el banquillo se iban a sentar nueve de los máximos responsables de las Juntas. Gil Lavedra, uno de los seis miembros del tribunal, ha destacado la “rapidez” y la “publicidad” de las vistas orales, a las que tuvo acceso la prensa. “Era la mejor forma de saber lo que había ocurrido”, ha subrayado.

Bajo la experiencia de Gil Lavedra, el juicio fue “una aventura”, además de por su trascendencia, porque ninguno de los seis jueces del tribunal habían celebrado nunca una vista oral, ya que en la época se solían hacer por escrito. “Por suerte, los (abogados) defensores tampoco lo habían hecho”, ha bromeado el magistrado.

Las jornadas empezaban a las tres de la tarde y se prolongaban hasta altas horas de la madrugada. Y es que la rapidez era importante por el creciente descontento militar. “Si el juicio hubiera estado en trámite en 1987 -año en el que se produjo el alzamiento contra Alfonsín-, no me quiero imaginar lo que hubiera pasado”, ha dicho Gil Lavedra.

El papel del fiscal Strassera

También ha puesto de relieve el papel de los fiscales, especialmente el de Julio César Strassera, cuya figura toma protagonismo en la película Argentina, 1985. El magistrado ha remarcado que el fiscal del caso “se transformó” y adoptó una personalidad “de comerse la cancha”. De hecho, el tribunal tuvo que amonestarle en dos ocasiones por “provocar” y “burlarse” de los abogados de los militares. “Les invito a que vean el alegato de Strassera, es diez veces mejor que el de Darín” en la película, ha asegurado.

En la sentencia fueron condenados cinco de los acusados y otros cuatro resultaron absueltos. Para Gil Lavedra “las penas fueron bajas respecto a los hechos acontecidos” dada la rigurosidad del tribunal. “Hubiera sido fácil imponer penas altísimas, pero no hubiéramos sido jueces”, ha concluido.

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