
“Teniendo en cuenta que soy la persona más adorable que conozco, que reúno en mí todos los dones de la naturaleza, que no se puede ser más inteligente, más simpático, más encantador y más mono... pues encuentro que soy muy poco vanidoso”. Terenci Moix (Barcelona, 1942-2003) era un “divo”. Así describe Luis Antonio de Villena al que fuera su amigo en la presentación de Terenci: La fabulación infinita, un contenido original de Filmin que ahonda, veinte años después de su fallecimiento, en la polifacética carrera del popular escritor y personaje televisivo.
Apasionado del cine, del arte, de la literatura y de la cámara, Moix “quería ser entrevistado hasta por la mona Chita”, buscando representar las dos facetas que marcarían su vida: la del escritor “para las minorías cultas” y la del autor “bestsellerista”. Terenci: La fabulación infinita llegará como documental a la plataforma este viernes y como serie capitular el día 22 de septiembre.
Ganador del Premio Planeta en 1986 con No digas que fue un sueño, Terenci Moix fue una figura indispensable del mundo de las letras y la televisión. “La idea era revivirlo todo desde una perspectiva cinematográfica. Terenci vivía en el cine, él siempre cuenta que le salvó la vida, y eso es algo que está en la génesis de cómo se ha hecho el documental”, declara Marta Lallana, directora y coguionista del documental.
Terenci: La fabulación infinita se construye a través del archivo del autor, un animal televisivo, y por medio de las entrevistas a familiares y conocidos concebidas en el documental. “Ha sido muy bonito, hemos viajado en el tiempo y ha sido una construcción artesanal”, afirma Lallana.
Enajenación cultural
La realidad debería estar prohibida. La frase del personaje de Marisa Paredes (Leo Macias) en La flor de mi secreto se emplea para describir a Terenci Moix. “Para entender a Terenci tenemos que situarnos en la Barcelona triste y gris de la posguerra y en un niño que entra en una sala de cine y decide que es mucho mejor vivir en la pantalla que en la vida real”, describe Álvaro Augusto, coguionista de Terenci: La fabulación infinita.
Para Augusto, Terenci fue un “pionero”, pues en la coyuntura actual “todos creamos, a través de las redes sociales, una burbuja en la que la vida es mucho más fascinante de lo que realmente es”. Autor de obras como El día que murió Marilyn (1969), El sueño de Alejandría (1988), El peso de la paja (1993), El beso de Peter Pan (1993) o El amargo don de la belleza (1996), Terenci nunca tuvo miedo a la libertad que practicó tanto en la realidad como en la ficción. “Necesitaba la atención y la validación constante de todo el mundo, era un monstruo del amor”, declara el coguionista del documental.
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Una de las partes más emotivas, y destructoras, del largometraje es su romance con Enric Majó: una relación que duró 14 años y que acabó con ambos soltando pestes del otro. La pareja más longeva, y quizá el amor de la vida de Terenci, aparece en el documental de Filmin para recordar su relación con el autor. “Cuando se enfadaba con alguien de verdad, como por ejemplo con Majó, Terenci podía ser muy duro”, afirma Luis Antonio de Villena.

El largometraje de la plataforma lleva a cabo un trabajo excelso a la hora de recomponer y reconstruir todas las partes que conformaron al escritor catalán. Su homosexualidad, su afán por la fama, su escritura, su dramatismo, su necesidad de atención y, ante todo, su apabullante carisma. También su talento e inteligencia. “El Terenci mediático fantaseaba mucho, eso el Terenci real no lo tenía”, cuenta su amigo, que perfila las aptitudes de un hombre “más bien humilde que quería ser un divo”.
Una de las claves para entender al autor es esa dualidad entre la fama común y la aceptación académica. El ímpetu del derroche monetario “para moverse por Ventalló con chófer” y “el lado de clase vulgar” que no le abandonó “nunca”. “Quiere ser a la vez un escritor para pocos y de consumo, eso es muy difícil de mantener y el escritor de consumo se impuso al otro”, declara Luis Antonio de Villena.
Otro de los elementos sin los que es imposible comprender la figura de Terenci Moix es el tabaco. Fumaba entre tres y cuatro cajetillas de Ducados al día y acabó siendo consumido por un cáncer de pulmón que le arrebató la vida a los 61 años. Los cigarros también fueron su escape, incluso en los últimos días de su vida.
Terenci: La fabulación infinita recupera el espíritu soñador de un autor que descartó por completo la contemplación de lo mundano.
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