El cambio climático vuelve el calor, la DANA y las devastadoras borrascas en costumbre: “Debemos adaptarnos a fenómenos cada vez más extremos”

El temporal que recorrió el país hace unos días provocó inundaciones, cortes en carreteras e innumerables daños, sobre todo en la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha

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Fotografía de un parque infantil este domingo en la playa de Vinaros (Castellón). EFE
Imagen de un parque infantil en la playa de Vinaròs, Castellón. (EFE)

No hay duda de que los veranos se están volviendo cada vez menos confortables, en cuanto a temperaturas se refiere. Y el de 2023 no ha sido la excepción: las cuatro olas de calor que hubo a lo largo de julio y agosto dejaron temperaturas de más de 45 grados en numerosos puntos de España y noches tórridas que hicieron imposible conciliar el sueño. Por si fuera poco, hace unos días una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) provocó abundantes precipitaciones, causando inundaciones y grandes destrozos en la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha, principalmente.

Todo indica, además, a que estos fenómenos meteorológicos extremos se van a repetir con más frecuencia y no solo en España. De hecho, Grecia vive en estos días las peores inundaciones de su historia, tras caer más de 800 litros por metro cuadrado en algunos puntos del país. Las lluvias que han provocado inundaciones, deslizamientos de tierra y enormes daños en viviendas e infraestructuras. Las fuertes tormentas también han causado estragos recientemente en Bulgaria, Turquía, Brasil o Hong Kong.

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La DANA no es un fenómeno nuevo en España, pero a diferencia de otras, esta última ha ocurrido en el interior peninsular y ”ha sido muy intensa para la época del año”, pues suelen ser más frecuentes en otoño. Y fue especialmente devastadora en la zona centro del país porque “había un aporte de aire muy húmedo procedente del Mediterráneo que alimentó las tormentas”, explica a Infobae España Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). “Ese aire húmedo estuvo estático en la zona durante muchas horas y eso hizo que las precipitaciones alcanzasen valores muy elevados”, dejando cifras de récord en ciudades como Valladolid, Segovia o Toledo. Nunca había llovido tanto en 24 horas.

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No obstante, el experto de la Aemet señala que, así como en las temperaturas está muy clara la influencia del cambio climático, las lluvias torrenciales son un parámetro “más escurridizo” a la hora de analizarlo estadísticamente. Pero, en cualquier caso, añade, las proyecciones indican que “los episodios extremos irán a más”. “Es de esperar que en un planeta más cálido en el que el agua del mar está más caliente, y por tanto hay más evaporación, y en el que una atmósfera más caliente es capaz de contener más vapor de agua, los fenómenos de lluvias torrenciales puedan ser más intensos”, aclara.

La DANA ha dejado graves desperfectos en Buenache de Alarcón. EFE
Imagen de algunos de los destrozos que provocó la DANA en el municipio de Buenache de Alarcón, Cuenca. (EFE/ PP Cuenca)

Cambia la forma de llover

Algo innegable, dice por su parte el investigador Jorge Olcina, es que en España “está cambiando la forma de llover”, y, especialmente desde 2010, la lluvia intensa cae de forma más frecuente, sobre todo en el Mediterráneo, de forma que en cortos espacios de tiempo “caen trombas muy potentes” y no hay capacidad de acoger tal cantidad de agua.

“Nuestro clima también tiende a ser cada vez menos confortable, térmicamente hablando, y lo notamos sobre todo en verano. El calor dura cada vez más y tiende a tener más eventos atmosféricos extremos, tanto de calor, como de lluvia y viento, lo que evidencia que el clima está cambiando”, añade Olcina, director de laboratorio de climatología de la Universidad de Alicante.

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Como estos fenómenos atmosféricos no se pueden evitar y tampoco se está logrando revertir el calentamiento global, las ciudades deben adaptarse a esos extremos. Eso conlleva “una mejora del sistema de alcantarillado, dándoles más capacidad para asumir trombas de agua, o que el diseño urbano no ocupe zonas inundables”, al tiempo que sectores económicos como el turismo y la agricultura también deben amoldarse a esta realidad, señala.

“Hay que hacer inversión, en definitiva, para minimizar el impacto de un clima que cada vez es más intenso”, resume Olcina. Algunas ciudades, como Alicante, ya van tomando medidas con la creación de un parque inundable para protegerse de las inundaciones. Otras urbes, por ejemplo, cuentan con depósitos para almacenar agua de lluvia. Es la única manera de enfrentarse a episodios tan extremos como la DANA.

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