“Playas de pesadilla” y colas para bañarse: una revista de Alemania describe la masificación turística de Mallorca

La Cala Llombards incluso ha perdido el color azul turquesa de sus aguas, dando paso a un tono verde provocado por el plancton

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Hace unos años, todo el mundo huía buscando calas tranquilas en las que poder disfrutar sin prácticamente nadie. Sin embargo, la llegada de las redes sociales y sus posts han provocado que estos tesoros naturales hayan quedado masificados

Hace unos años, muchas personas huían de las playas masificadas en busca de calas en las que poder disfrutar sin prácticamente nadie. Un paraíso escondido a tan solo unos minutos del bullicio, que permitía a estos exploradores pasar un día tranquilo y relajado. Sin embargo, la llegada de las redes sociales y con ellas los posts y cuentas de viajes han provocado que estos tesoros naturales hayan quedado masificados, o incluso más, que las propias playas principales. Ahora se han convertido en un secreto a voces y no dejan de aparecer entre las “recomendaciones imprescindibles si visitas...”. Se acabaron las calas vacías o, por los menos, muchas de ellas han llegado a su fin.

Este es el caso de dos calas situadas en Mallorca: Caló des Moro y Cala Llombards. Desde hace unos años, estos “escondites” para algunos bañistas o para los propios mallorquines se han masificado. Tal es el punto al que ha llegado la situación que la revista alemana Stern ha realizado un reportaje acerca de lo que se está viviendo este verano en estas dos calas. Mallorca en el punto de inflexión: cómo dos bahías de ensueño se convirtieron en playas de pesadilla, este es el titular que Fabián Huber, autor del reportaje, ha elegido para narrar la situación de estas calas mallorquinas.

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El reportaje comienza en Caló des Moro, donde el periodista alemán describe que ya ni siquiera se puede aparcar el coche en la cala, sino en un aparcamiento habilitado para ello un poco retirado del destino final. Una vez estacionado el vehículo, los turistas desfilan en fila india por un camino de tierra que llega a la playa. Un camino que si antes se hacía en pocos minutos, ahora requiere un poco más de tiempo. En este sentido, según Fabián Huber, durante este camino los ciudadanos aprovechan para sacarse un selfie, o una docena, con el fin de poder compartir en redes sociales la “escondida” cala que han visitado.

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Calo des Moro, Mallorca (Getty)
Calo des Moro, Mallorca (Getty)

Cala Llombards pierde su agua azul turquesa

Caló des Moro no es la única playa que está sufriendo las consecuencias del exceso de turistas, los cuales, explica Stern, ni siquiera se bañan, únicamente acuden a este antiguo paraíso para hacerse una foto y subirla a su cuenta de Instagram. Cala Llombards se suma a este boom de calas que han dejado de ser desconocidas, el problema es que sus aguas están sufriendo los efectos. Las aguas azul turquesa son ya cosa del pasado, ahora el color que presenta la playa es verde, un verde en el que “si una piscina fuera de este color, casi nadie mojaría un dedo gordo del pie en el agua”, describe Fabián Huber.

Un color que obligó al Ayuntamiento de Santanyí a cerrar la playa durante tres días. El problema es que al cuarto, con unas aguas todavía con un color lejos del habitual, el Consistorio decidió volver a abrir para que los turistas pudieran disfrutar de esta cala (ya no tan) paradisíaca. En la publicación alemana, detallan que el verde de las aguas se produjo por el plancton, una planta que se está extendiendo por esta cala.

Cala Llombards, Mallorca (Getty)
Cala Llombards, Mallorca (Getty)

Un paraíso destruido por el cambio climático y los humanos

El agua de un color verde y el aumento de la presencia de plancton en la Cala Llombars se debe a dos razones. Por un lado, las altas temperaturas del agua provocadas por el cambio climático, dado que en los últimos años no han dejado de incrementarse, llegando incluso a registrar 30 grados. Por otra parte, se debe a la contaminación humana, dado que el incremento de personas ha provocado que se produzca cada vez más basura. Además, aguas residuales y de los barcos, es decir, aguas sucias, desembocan esta playa, en lugar de hacerlo en el puerto, lo que contribuye a empeorar todavía más la situación.

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