Investigadores desarrollan un método para evitar la erosión en los monumentos

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Zaragoza, 24 may. Una investigación realizada conjuntamente por el Instituto de Carboquímica (ICB) del CSIC en Aragón y la Universidad de León ha desarrollado un procedimiento de recubrimiento barato, permanente y a gran escala con un nanomaterial, el óxido de grafeno, para proteger del deterioro la piedra dolomítica de la Catedral de León.

Los últimos resultados de la investigación, que acaban de publicarse en la revista Advanced Materials Technologies, han evidenciado que este nanomaterial sería muy efectivo para frenar la erosión que sufre el monumento, incluso en condiciones meteorológicas extremas, informa el CSIC en una nota de prensa.

Por su versatilidad, las piedras caliza y dolomía se han empleado históricamente en multitud de monumentos y esculturas como la Catedral de León, el Coliseo de Roma (Italia), la Catedral de Nôtre Dame (Francia) o la Gran Pirámide de Giza (Egipto) pero se trata de un material muy vulnerable a la contaminación, la lluvia y las temperaturas, agravado ahora por el cambio climático y que afecta especialmente a la Catedral de León, debido al clima extremo de la zona.

José Miguel González, investigador principal del proyecto en el ICB que ha desarrollado el nanomaterial, explica que los últimos resultados que se han obtenido “han demostrado que el procedimiento protege incluso mejor de lo que creíamos inicialmente” y piensa que “podría ser la solución definitiva a este desgaste por la erosión al que se enfrentan estos monumentos”.

“Al depositar el nanomaterial con un spray en una muestra de la piedra y someterla a los ensayos hemos visto que el recubrimiento llega a reducir drásticamente la erosión y se mantiene fuertemente unido a la piedra, sin cambiar su estética original”, añade.

La investigadora principal del proyecto en la Universidad de León, María Fernández Raga, es la encargada de diseñar los experimentos de simulación ambiental, para lo que ha empleado simulaciones equivalentes a dos décadas de precipitaciones en la ciudad de León y han evaluado los resultados mediante técnicas diversas, como por ejemplo escáner de luz estructurada.

Uno de los retos ha sido el de dar con un material que no altere la apariencia original del monumento, y, en el caso del óxido de grafeno cuenta con la particularidad de tener un color muy parecido al de la piedra caliza y dolomítica, es hidrófilo, por lo que protege del agua y de los microorganismos y permite una fuerte interacción con la piedra, "lo que hace que se quede pegado a ella pase lo que pase", resalta González.

El investigador destaca además que el óxido de grafeno, el derivado del grafeno más químicamente versátil, es además "más barato, y más fácil de producir en grandes cantidades que otras variantes del grafeno" y les permite trabajar con él en medio acuoso sin aditivos.

Esta investigación se enmarca dentro del proyecto Nanoshield (https://nanoshieldproject.com/) para la conservación de patrimonio pétreo con nanotecnología, un reto que, recuerdan los investigadores principales, “comenzó hace 5 años durante una barbacoa en Chinchón” durante la que intercambiaron conocimientos de física, ingeniería y química y de la que “surgió la idea”.

En 2021 obtuvieron financiación pública a cargo de la convocatoria “Retos” del Ministerio de Ciencia e Innovación y actualmente cuentan con un equipo de trabajo formado por una docena de investigadores, un grupo que obtuvo además el primer premio en de Castilla y León del Concurso Desafío Universidad Empresa 2020.

El próximo paso será extender la metodología a otras grandes superficies con interés patrimonial u ornamental e incluso probarlo en otros materiales después de comprobar que "funciona en otro tipo de piedras e, incluso, en hormigón. No solo tenemos el ojo puesto en el patrimonio antiguo, también queremos proteger el patrimonio del mañana”, avanzan. EFE

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