
Neil Gaiman, autor de obras como The Sandman, Good Omens, American Gods y Coraline, cuyas adaptaciones cinematográficas y televisivas han sido ampliamente reconocidas, enfrenta ahora cuatro nuevas acusaciones de abuso sexual. Según una investigación de Vulture, las denuncias provienen de mujeres de diferentes edades que eran admiradoras del escritor o trabajaban con él en el momento de los incidentes.
La presunta víctima más joven tenía 18 años, mientras que la mayoría de las denunciantes tenían entre 20 y 30 años cuando ocurrieron las agresiones, mientras Gaiman tenía entre 40 y 50 años. Sin embargo, hay una excepción: una mujer relató que el escritor la besó a la fuerza en 1986, cuando él tenía entre 20 y 30 años.
En el artículo, Scarlett Pavlovich narró su experiencia, asegurando que Gaiman la violó en su casa en Waiheke, Nueva Zelanda. La joven explicó que había sido invitada por la ex esposa del autor para cuidar a sus hijos durante un fin de semana. Durante ese tiempo, los niños estaban en una cita de juego, lo que dejó a Pavlovich y a Gaiman a solas.

Pavlovich relató que, después de la cena, el escritor le sugirió que utilizara la bañera del jardín. A pesar de rechazar la propuesta varias veces, finalmente aceptó, ya que él le aseguró que estaría en su estudio, tomando una llamada de trabajo. Sin embargo, unos minutos después, él apareció desnudo y se metió en la bañera con ella.
El autor comenzó a hablar de temas triviales con la joven, que en ese momento tenía 22 años, y luego le pidió que estirara las piernas y se “pusiera cómoda”. A pesar de su incomodidad, Pavlovich expresó su rechazo.
“Le dije que no. No me siento segura de mi cuerpo.” Ante su negativa, él respondió: “Está bien, soy solo yo. Relájate. Charlamos un rato. No arruines el momento”, según relató la joven a Vulture. Finalmente, Pavlovich accedió, pero en cuanto lo hizo, él empezó a acariciarle los pies, lo que provocó en ella una sensación de “terror sutil”.

Después, Neil Gaiman le pidió que se sentara en su regazo, pero no contó con que él abusaría de ella: “Intentó meter su pene. Y yo dije: ‘No, no’. Luego intentó frotar su pene entre mis pechos y yo también dije ‘no’. Luego me preguntó si podía correrse en mi cara y yo dije ‘no’, pero lo hizo de todos modos. Dijo: ‘Llámame ‘amo’ y me correré'. Dijo: ‘Sé una buena niña. Eres una buena niña’”, recordó.
Otra mujer, Katherine Kendall, relató que conoció a Gaiman en 2012, cuando ella se ofreció como voluntaria en uno de sus eventos en Asheville.
Él la invitó a unirse a una fiesta posterior, donde la besó. Poco después, ambos comenzaron a intercambiar correos electrónicos y a conversar por Skype durante las noches.
Sin embargo, Kendall no quería tener una relación sexual con el escritor y, en una de sus llamadas, se lo expresó. Más tarde, registró en su diario la respuesta de Gaiman: “No tenía planes para mí más allá de una amistad coqueta, y le creo completamente”.

Diez meses después, el autor sugirió a Katherine Kendall y a otras dos chicas que lo esperaran en el autobús de su gira, para poder pasar un rato juntos una vez finalizado un evento.
Cuando Neil Gaiman llegó, empujó a Kendall hacia la parte trasera del autobús, se colocó encima de ella y le dijo: “bésame como si lo sintieras”. Sin embargo, ella no pudo corresponderle debido al pánico que experimentó.
Tras un momento de tensión, el escritor se apartó y le lanzó una advertencia: “Soy un hombre muy rico y estoy acostumbrado a conseguir lo que quiero”. Según la declaración de Kendall a Vulture, unos años después de este incidente, el autor le entregó 60 mil dólares para cubrir su terapia, en un intento de “compensar parte del daño” causado ese día.

Una tercera víctima, identificada como Kendra Stout, relató que comenzó una relación con el escritor en 2003, cuando ella tenía 18 años. Sin embargo, comentó que con el tiempo, la relación se volvió físicamente dolorosa, ya que en ocasiones él la golpeaba durante el acto sexual.
Stout explicó a los medios que, en una ocasión, le mencionó a Neil Gaiman que no podían tener relaciones sexuales debido a una dolorosa infección en las vías urinarias, pero él desoyó sus deseos.
Por otro lado, la última demandante, Brenda, narró a Vulture que viajó a Chicago para asistir a la Convención Mundial de Terror, donde el autor recibió el premio principal por American Gods, la obra que lo consolidó como un exitoso novelista.

La noche posterior a la ceremonia de premios, ambos mantuvieron relaciones sexuales, pero se dio cuenta que la personalidad del famoso no fue más que un engaño para que confiara en él, pues la sometió sin su consentimiento y hasta le exigió que le prometiera su alma: “Parecía tener un guion. Él quería que lo llamara ‘maestro’ inmediatamente. Fue como si hubiera entrado en un ritual que no tenía nada que ver conmigo”, recordó.
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