¿El Salvador está preparado para desarrollar la energía nuclear?

El Salvador explora la viabilidad de incorporar la energía nuclear, con un marco normativo reciente, análisis de sitios potenciales y opiniones técnicas que destacan tanto los beneficios como los desafíos de adoptar esta fuente en el territorio nacional.

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Imagen de un minireactor nuclear que irradia luz azul desde su centro, con flujos de energía naranja que emergen de varios módulos cilíndricos circundantes.
Representación visual de la generación de megavatios dentro de un minireactor nuclear, mostrando flujos de energía azul y naranja en un entorno tecnológico avanzado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Salvador ha dado pasos formales para explorar la incorporación de la energía nuclear a su matriz energética, impulsado por el crecimiento en el consumo de electricidad y la necesidad de diversificar fuentes de generación ante el incremento de la demanda.

Desde 2024, el país cuenta con la Ley de Creación del Organismo para la Implementación del Programa de Energía Nuclear en El Salvador, un marco legal que busca ejecutar planes y políticas nacionales para la introducción de este tipo de tecnología, tanto para la producción eléctrica como para el desarrollo industrial, médico y agrícola.

El escenario energético nacional muestra que, en condiciones normales, el 60% de la generación proviene de fuentes limpias, principalmente del sector hidroeléctrico. El gobierno ha señalado que la energía nuclear podría traer beneficios económicos y de seguridad energética, al producir electricidad de manera continua y a precios menos que no están sujetos a la volatilidad de los combustibles fósiles. Las proyecciones gubernamentales oficiales apuntan a que para 2050, la energía nuclear podría representar el 26% del total de la matriz eléctrica del país.

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Paisaje partido por un rayo: central nuclear con cielo oscuro a la izquierda y campo de paneles solares con cielo anaranjado a la derecha, torres eléctricas visibles.
La imagen ilustra la dicotomía de la producción energética, contrastando una planta nuclear y un campo solar bajo un cielo partido por un rayo, simbolizando la tensión en la transición energética global. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La experiencia internacional sirve de referencia: Estados Unidos, Francia, Japón, Canadá, Suecia, Bélgica, Brasil y México ya producen energía nuclear a gran escala. Con ese antecedente, El Salvador inició, en mayo de 2026, la primera Misión SEED (Site and External Events Design) junto al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el Organismo para la Implementación del Programa de Energía Nuclear (OIPEN). Un equipo de expertos internacionales y técnicos nacionales analizó posibles emplazamientos para una futura planta nuclear, considerando criterios de seguridad física, viabilidad técnica y protección ambiental.

Los departamentos de San Vicente y Chalatenango surgieron como las de mayor potencial para ubicar una instalación de este tipo. El análisis incluyó riesgos sísmicos e hidrológicos, así como la accesibilidad y la validación de estudios previos. De acuerdo con las autoridades, este proceso marca un avance importante, aunque no implica la construcción inmediata de una planta nuclear.

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El presidente de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), Daniel Álvarez, explicó que la etapa actual es de estudio y planificación, no de ejecución de obras. La energía nuclear, considerada limpia en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, tiene el reto de la gestión de residuos radiactivos, que deben almacenarse de forma segura durante miles de años.

Vista aérea de una planta nuclear con dos torres de enfriamiento emitiendo vapor blanco, paneles solares, un río y colinas verdes en El Salvador bajo un cielo nublado.
Una planta nuclear moderna, con dos torres de enfriamiento emitiendo vapor y paneles solares, se integra en el exuberante valle verde de El Salvador, junto a un río y colinas tropicales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En este contexto, la voz de especialistas como el ingeniero Ismael Sánchez Figueroa, catedrático de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y consultor en energía, aporta elementos técnicos y sociales al debate. Según Sánchez Figueroa, el impulso global hacia la energía nuclear para descarbonizar los sistemas eléctricos se vio afectado tras el accidente nuclear en Japón. “Se le estaba apostando a la energía nuclear a nivel mundial, pero el accidente de Japón detuvo y si no detuvo, le puso un freno tremendo al desarrollo de lo nuclear”, explicó.

Sánchez Figueroa destacó que El Salvador nunca puso la energía nuclear como una opción prioritaria. La elaboración del plan energético nacional hacia 2050 obligó a considerar nuevas fuentes y en ese marco, “no se encontraba otra alternativa energética que pudiera suplir la demanda del país”. El experto reconoce que se han iniciado estudios para evaluar si tecnologías nucleares modulares, como una central de 300 megavatios, podrían ser viables en el territorio salvadoreño.

Sin embargo, advirtió sobre factores que dificultan la implementación: “Falta todavía muchísimo para poder garantizar que el país va a poder manejar eso de una forma segura. El tema sísmico es algo que preocupa en nuestro país. El tema de el agua requerida para enfriar esos generadores, con que la energía nuclear requiere. Y otro punto es nuestro tamaño territorial. Un accidente sería desastroso para el país. En 20 mil kilómetros cuadrados, ¿Dónde lo vamos a colocar? Nadie va a querer tenerlo cerca”.

Tres técnicos con cascos miran planos y tablets frente a la Central Nuclear El Bálsamo, con torres de refrigeración, un río y volcanes.
Técnicos salvadoreños revisan planos y dispositivos digitales frente a la moderna Central Nuclear El Bálsamo, un proyecto clave para la energía limpia en El Salvador, en un paisaje rural con volcanes de fondo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sánchez Figueroa también puso en perspectiva la dependencia tecnológica que implicaría el desarrollo nuclear: “Aunque fuera una fuente de energía alternativa, falta mucho para poder decir de una manera segura que se le apueste a eso. El otro tema también es que vamos a seguir dependiendo del suministro de la energía. Nosotros no tenemos materiales radiactivos para decir: eso vamos a ocupar para desarrollarla. Vamos a tener que seguir importando tecnología, materia prima, para su desarrollo”.

En cuanto a alternativas, el especialista consideró que hay opciones más cercanas a las capacidades nacionales: “Creo que mejor convendría irnos concentrando más en desarrollar lo solar, desarrollar más el tema de eficiencia energética, que es algo que nosotros siempre consideramos que deberíamos de montarnos, intentar consumir la menor cantidad de energía que se pueda, satisfaciendo obviamente las necesidades, pero desarrollar recursos propios. Geotermia, hay que continuar. Hidroeléctrica, hay que continuar con la biomasa”.

El proceso de preparación legal y técnica para la energía nuclear en El Salvador incluye la creación de nuevas instituciones, la capacitación de personal y la validación de estudios técnicos internacionales. El país se encuentra en la fase de análisis de sitios y evaluación de riesgos, con el objetivo de sentar las bases para una posible incorporación de la energía atómica a su matriz energética en el futuro.

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