
“De cien mil dólares hacia abajo es donde está la mayor necesidad y ahorita nosotros empezamos a ver ya proyectos que se están desarrollando en ese rango. Es más, entre 70 mil y 100 mil dólares”, precisó José Velásquez al referirse a la posibilidad concreta de adquirir una vivienda en El Salvador.
El presidente de la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción explicó durante una entrevista en Diálogo que los esfuerzos del sector están enfocados en facilitar el acceso a casas y apartamentos para quienes buscan su primera propiedad. Destacó que este nuevo enfoque responde a la demanda social más urgente, ya que miles de familias aspiran a una solución habitacional que se ajuste a sus posibilidades económicas.
Velásquez detalló que, a partir de acuerdos con la Presidencia de la República y el Ministerio de Vivienda, todo proyecto cuyo precio no supere los 100 mil dólares se considera vivienda de interés social y puede tramitar permisos y gestiones de manera prioritaria. Esta política busca incentivar la construcción en el rango donde existe el mayor déficit habitacional y agilizar los procesos para quienes más lo necesitan.
El dirigente empresarial reconoció que, en años recientes, el promedio de precios de vivienda en el país se ha visto influido por el desarrollo de proyectos dirigidos principalmente a los sectores de mayores ingresos. “Lo que pasa es que eso se promedia. Y al promediarse, como últimamente nosotros hemos estado más atendiendo la parte alta de la pirámide, o sea, aquellas unidades habitacionales de un mayor valor, entonces eso, al promediarlo, obviamente da un valor más alto”, explicó.

Anticipó que esta tendencia comenzará a revertirse, ya que ahora el sector constructor está priorizando la creación de soluciones habitacionales para la base y el centro de la pirámide social. Según Velásquez, esta transformación permitirá que más salvadoreños puedan adquirir una vivienda propia en condiciones accesibles.
Construcción en altura, preferencias habitacionales y acceso al crédito
Consultado sobre el tipo de obras que predominan en la actualidad, Velásquez explicó que la construcción en altura no solo es resultado de un cambio cultural, sino también una respuesta a la necesidad de optimizar el uso del territorio. “Estamos construyendo en altura porque hubo un cambio cultural, porque tenemos necesidad de hacerlo y tenemos necesidad de hacerlo por nuestro límite territorial. No somos un territorio demasiado grande para impactar menos en la parte medioambiental y otros temas”, afirmó.
Esta tendencia hacia los edificios verticales está directamente relacionada con la presión sobre el suelo urbano, la densidad poblacional y la protección ambiental, factores que inciden en la planificación de los nuevos proyectos habitacionales. Para el sector, adaptarse a estas condiciones es indispensable no solo para mantener el ritmo del desarrollo, sino también para preservar los recursos naturales del país.

En este contexto, el debate sobre la compra o alquiler de vivienda cobra especial relevancia. Velásquez indicó que buena parte de la población sigue considerando que adquirir una casa es la mejor inversión: “Lo ideal es que nosotros alquilamos un inmueble justo antes. Si estoy pagando alquiler, mejor lo pago en una casa, mejor compro”. Sin embargo, reconoció que las nuevas generaciones tienden a optar por el alquiler, ya que buscan flexibilidad en cuanto a ubicación y movilidad laboral, una preferencia que también influye en la demanda y el tipo de proyectos que el sector está impulsando actualmente.
Este cambio de preferencias implica que la oferta inmobiliaria y los productos financieros deben ajustarse a diferentes perfiles. Para quienes desean comprar, el acceso al crédito sigue siendo un reto, especialmente para quienes no cuentan con ingresos formales. Por ello, el sector ha intensificado el trabajo conjunto con el gobierno y la banca para mejorar las condiciones y garantizar que más personas puedan ser sujetas de crédito.
Velásquez destacó la colaboración con entidades estatales y la banca multilateral, como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Centroamericano de Integración Económica y la Corporación Andina de Fomento. Gracias a estos esfuerzos, se están flexibilizando las carteras de crédito y ampliando las oportunidades de financiamiento para la adquisición de vivienda.
“Las buenas noticias son de que hemos venido trabajando en eso ya por algún tiempo y que ahorita se están cristalizando todos esos temas para poder ofrecerle a la gente estas oportunidades de financiamiento que se necesitan”, concluyó.
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