Soledad Gutiérrez Eguía: “Hay muchos peligros de los que no se habla, como la adicción a la pornografía, que es muy temprana”

La solución educativa TICMAS conversó con la autora de “Querido adolescente, no es tu culpa”, un libro pensado a partir de la experiencia, la reflexión y la necesidad de replantear responsabilidades en el mundo adulto y en el de los adolescentes y jóvenes

Nota 24/9- Entrevista Soledad Gutiérrez Eguía
Soledad Gutiérrez Eguía
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La culpa es una emoción compleja que atraviesa numerosas dimensiones en la vida de las personas, y en ciertas etapas de la vida puede ser incluso aterradora. La licenciada en Ciencias de la Comunicación, Soledad Gutiérrez Eguía conversó con la solución educativa TICMAS sobre su libro Querido adolescente, no es tu culpa (2025); un texto que invita a la concientización sobre cómo nos relacionamos con las pantallas a partir de una mirada constructiva y sin sermoneos.

El libro “dedicado a todos los mayores de 12 años que tienen acceso a un celular o a cualquier dispositivo electrónico” -siendo ineludible también para pensar las prácticas desde el mundo adulto- es producto de meses de investigación y años de experiencia en contacto con jóvenes con distintas realidades. Y hoy sigue circulando cada vez con más fuerza entre adolescentes e incluso ya tiene ediciones en otros idiomas.

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Gutiérrez Eguía trabaja en la acción social a partir de diversos programas y proyectos de arte y acciones solidarias. Querido adolescente, no es tu culpa fue autoplicado para poder ser donado a chicos y chicas en situación de vulnerabilidad socioeconómica y aborda temas como la ludopatía, la pornografía, los trastornos alimentarios y el consumo problemático de pantallas.

—El título del libro tiene un término muy fuerte que es la culpa. ¿Por qué elegiste esa palabra? ¿Es algo que vos sentiste que se transmitió desde tu trabajo que hiciste con adolescentes? ¿O porque también surge de lo que nos ocurre a los adultos?

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—Voy a empezar por el final de tu pregunta. A veces me preguntan, ¿entonces de quién es la culpa? Y ahí hablo sobre la responsabilidad. No es responsabilidad de los chicos y no era responsabilidad de los padres hasta un momento porque no sabíamos. Yo arranco mis charlas y talleres diciéndoles perdón a los chicos porque les entregamos esta herramienta sin prepararlos. No sabíamos de estos peligros. No los conocíamos. Perdón como generación. Hoy sí es responsabilidad de los adultos. Por supuesto que cabe muchísima responsabilidad también en las plataformas y en todos los creadores de tecnología, pero ese es otro capítulo. Pero, ¿por qué decidí llamar al libro así? Me involucré en esta problemática a raíz de observar a los chicos, sobre todo después de la pandemia, en los talleres de arte comunitario que yo dirigí durante ocho años. Pasaron más de 800 chicos en ese tiempo por los talleres, y noté mucho daño causado por la sobreexposición a las pantallas.

Te hablo de chicos que no podían sostener conversaciones cara a cara. Chicos que no podían mantenerse despiertos a lo largo de todo el taller porque se habían quedado con el celular hasta altas horas de la noche. Muchos chicos con autolesiones, muchos trastornos de ansiedad. Y hubo un caso en particular que a mí me conmovió mucho. Y fue el de un chico de 16 años que contó que su primo, de su misma edad, se había suicidado por deberle plata a una plataforma online. Te hablo de un chico que vivía en un barrio muy humilde, en Don Torcuato. Y él se había metido en este mundo como un juego, con muchas ganas de ayudar a su familia a salir de ese lugar. Y nunca se imaginó que eso terminó sacándole las ganas de vivir.

Y ahí fue cuando empecé a decir, ¿qué estamos haciendo como generación? Y cuando empecé a notar que algunos de los chicos decían “pensé que era yo el problema”.

Nota 24/9- Entrevista Soledad Gutiérrez Eguía
Una página del libro "Querido adolescente, no es tu culpa"

—El libro pone el foco en construir un pensamiento crítico sobre lo que les pasa los adolescentes, es interesante que no les quites responsabilidad a ellos

—Por eso les digo, no es tu culpa que veas contenido que no es para tu edad. No es tu culpa que dejes el celular y sientas una profunda ansiedad. No es tu culpa que hayas intentado hacer apuestas online. Nada de todo esto es tu culpa, pero te quiero explicar lo que sucede en tu cerebro y los cambios neuronales que se producen, que hacen que después a vos no solo te cueste todo lo que estás viendo en pantalla procesarlo, sino que además te afecta tu vida entera. Porque dejas la pantalla y como tu cerebro se adaptó, te cuesta mucho disfrutar de la vida real. Por eso elegí: “Querido adolescente, no es tu culpa”; es una palabra que es dura, es verdad, pero es para decir “no te cargues con esto”; sí podés hacer algo al respecto. De hecho, les digo está en tus manos, no les quito responsabilidad. Porque ellos algo pueden hacer. Pero siempre digo, no solos. El libro tiene Instagram y eso se lo digo a los chicos a propósito para que sepan que yo no vengo a demonizar la tecnología, sino para que la usen a su favor.

Y en cuanto a cómo los adultos nos estamos involucrando, es cierto que hay muchos adultos comprometidos. Pero todavía hay muchísimo desconocimiento lamentablemente. Lo noto en territorio todo el tiempo. Hay muchos peligros de los que no se habla como que la adicción a la pornografía es muy temprana. La dopamina es el neurotransmisor del placer y no tiene nada de malo en sí mismo. Se libera cuando tenemos relaciones sexuales, cuando comemos, cuando tenemos logros. El problema es el exceso. Tengo un like, dopamina. Veo un video que me estimula, dopamina. Gano una apuesta, dopamina; dopamina. Llega un momento en que mi cerebro, como no estoy preparado para sentir placer todo el tiempo, se adapta; cambia su estructura. Y eso es lo que yo les explico a los chicos y lo que noto es que hace un clic en chicos y en grandes. Como con cualquier droga, es un círculo vicioso y por eso decimos que las nuevas drogas entran por los ojos

—Realizaste una exhaustiva investigación para argumentar cada propuesta en el libro, pero además durante el proceso pediste la mirada del psiquiatra Matías Bonanni, ¿En qué te ayudó a la hora de poder consolidar la información?

—Si bien toda mi formación tiene que ver con escribir, escribí toda la vida y trabajo hace 10 años con adolescentes, no soy una especialista en salud. El libro lo escribí íntegramente yo, pero cuando lo terminé, dije, quiero la mirada de un psiquiatra. Intenté convertir toda la información a un lenguaje para los chicos, poniéndome siempre de su lado de la forma más clara, sencilla y atractiva posible. Me ocupé de que fuera una artista la que hiciera las ilustraciones. Y fui muy minuciosa con qué quería lograr con cada ilustración. Entonces, cuando terminé de escribir el primer borrador, hablé con Matías y le pedí una mirada médica. Y desinteresadamente me dijo que le parecía valioso, me dio opiniones muy válidas y me aclaró algunos términos médicos.

Y después me aportó algunos conceptos muy puntuales, como esto de que hay distintas formas de mirar y que no es lo mismo mirar lo que yo hago en la vida real y de lo cual puedo aprender, que la mirada de mirar para comparar con lo que hace el otro. Eso no solamente no me suma, sino que me genera un gran vacío. E incluso me marcó en capítulos “No hables como mamá”.

Nota 24/9- Entrevista Soledad Gutiérrez Eguía
"Querido adolescente, no es tu culpa", de Soledad Gutiérrez Eguía

–Y en el caso de la psicóloga Maritchu Seitún, ¿cómo fue el acercamiento? Es relevante que ella advierte a los adultos ir más allá de la “moraleja o el mensaje educativo” y que incluso invita a que el libro primero pase por los adultos para luego llegar a los chicos

—A Maritchu no la conocía personalmente, pero le escribí y le comenté que estaba interesada en tener su opinión. Y me hizo una devolución que me hizo llorar, literal, pero verdaderamente me emocionó mucho y me dijo que incluso había aprendido algunos conceptos a partir de la lectura del libro y me dijo que lo comunique en algo más grande, en charlas. Y luego se ofreció a hacer el prólogo.

Hice una presentación del libro autoeditada, me apoyaron un montón de personas en hacerlo, pero vinieron desinteresadamente también Matías y Maritchu. Y hace poquito recibí un reconocimiento en la Legislatura.

—¿Cómo fue abordar temas como pornografía, ludopatía, trastornos de alimentación, grooming sin asustar ni sermonear a los chicos, pero también encarando la seriedad del tema?

—Antes de mostrarles mi borrador a Matías y a Maritchu, se lo mostré a adolescentes. Empezando por mis hijos y algunos amigos de mis hijos y compañeros de mis hijos y tuve devoluciones muy valiosas. Y de acuerdo a las edades, me fueron dando devoluciones distintas. Uno de ellos me dijo, “por favor, ayúdanos a identificar cuándo se vuelve un problema el juego online”, porque justamente estaba en una camada que había muchas apuestas online. Otro me dijo, “ponele más foco a los trastornos de alimentación”. Entonces, decidí ampliar un poquito la información que tenía en ese apartado del libro. Y varios me dijeron- y eso me llama mucho la atención porque me lo continúan diciendo todo el tiempo- “gracias por hablar de pornografía”.

Hoy la infancia está completamente sexualizada, basta con ver a una cantante que te gusta, vestida un poquito sexy, le das un me gusta, al día siguiente te mandan algo más subido de tono, tres días más tarde estás viendo eso. Lo cierto es que cada vez que hablo en conferencias o , con los chicos de los temas en relación a la pornografía, pocos días después o pocas horas después empiezo a recibir devoluciones de me abriste los ojos. Por ejemplo, eso es algo que todavía hay mucho, mucho desconocimiento por parte de los padres.

—Retomando esta participación de los jóvenes en las miradas sobre el libro, realizaste una encuesta que arrojó que el 36% de los chicos quiere cambiar hábitos, pero muchas veces necesita apoyo y no se anima a pedirlo. Pero ¿no se anima a pedirlo o es que no sabe cómo pedirlo? ¿Los adultos estamos siendo receptivos? Tal vez están pidiendo esa ayuda y no nos estamos dando cuenta.

—En las encuestas anónimas que hicimos con casi 200 chicos que leyeron el libro a partir de donaciones, el 94% dice “me sirvió” para implementar cambios en su vida. Algunos pidiendo ayuda a un adulto, algunos lo pueden hacer solos. Pero, ¿qué pasa con el otro 36% que dice, sí, entendí que quiero hacer cambios, pero no lo estoy pudiendo hacer? No se animan a pedir ayuda, no están pudiendo pedir. Y esto tiene que ver con la disponibilidad que tenemos que tener los adultos.

Lo primero que tenemos que hacer es informarnos nosotros para poder saber a qué se exponen y poderlos acompañar. Informarlos a ellos, que es mi granito de arena con el libro. Hay estudios que indican que los chicos que conocen esos peligros y que pueden hablar de esos peligros con sus padres, se autorregulan mucho mejor que los que no. Lo primero que tenemos que pensar es en ser ejemplo, no podemos pedirles a nuestros chicos que hagan algo que nosotros no hacemos.

—¿Y cómo es trabajar lo digital en los talleres?

—Por supuesto, hoy los chicos viven más cantidad de tiempo de su vida atados más a lo digital, pero ahí yo les hago un ejercicio, que se los comparto en el libro también, y lo vengo haciendo en los talleres hace 10 años. Les digo, a ver, cierren los ojos, imaginen una situación ideal, puede ser imaginaria o real, con la mayor cantidad de detalle posible, piensen dónde están, con quién están, qué están haciendo. Cuando lo hacíamos en los talleres lo hacíamos como actividad disparadora, la actividad plástica. Cuando abren los ojos y comparten esa visualización- y hablo de miles de chicos y miles de adultos- nunca nadie jamás mencionó en este tiempo una pantalla o un dispositivo electrónico.

—Eso quiere decir que la imaginación todavía tiene una válvula de escape…

—Si uno realmente se concientiza dónde está la sensación verdadera del bienestar, tiene mucho más que ver con la vida real que con la vida digital. Entonces, primero mostrémosle eso a nuestros chicos, yo los invito a los adultos siempre a que hagan este ejercicio de la noche con sus hijos. A lo largo de casi 10 años que hacemos esto, de todos los adultos, una sola vez una chica de 13 años mencionó una pantalla y era que estaba viendo una película con su abuela que había fallecido y era un momento que le generaba muchísima paz.

La otra cosa que me gusta enfatizar con los chicos es que la vida digital tiene mucho más que ver con el placer, que vuelvo a repetir, no tiene nada de malo, pero el placer en exceso puede convertirse en un enemigo, y la vida real tiene más que ver con la felicidad. El placer genera sensaciones, la felicidad tiene más que ver con el sentido, la felicidad tiene que ver con personas, con estar con otros, con dar a los demás, el placer tiene mucho más que ver con tener, con comportamiento, con sustancia. Nos salva el deporte, nos salva el amor, nos salva el arte, la espiritualidad. Hay una frase con la que cierro los talleres que es de una profesora de mi hijo y es que debemos generar los recuerdos que queremos recordar; si pensamos qué recuerdos queremos recordar, es difícil que estén en torno a pantallas. Tenemos que ayudar a que nuestros chicos recuperen un poco el sentido, una mirada a un proyecto, una mirada a futuro.

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