
La Fundación Nacional Batuta de Colombia sigue haciendo historia tras tres décadas y media de compromiso no solo con la cultura, a través de la música, sino con su impacto educativo y transformador de vidas de miles personas. Tras el memorable concierto que tuvo lugar el pasado 6 de septiembre, TICMAS conversó con miembros de la Fundación para ahondar en su labor y dar a conocer más de este proyecto que forma “tejido social a través de la educación integral para la paz.”
“Desde su creación en 1991, el modelo pedagógico de la Fundación Nacional Batuta ha transitado de una propuesta centrada en la formación sinfónica hacia un modelo de educación musical integral, diverso y conectado con las realidades de los territorios. El encuentro de Batuta con las consecuencias de la violencia generada por grupos armados al margen de la ley en Colombia, llevó a comprender que la formación musical debía dialogar con las necesidades emocionales, familiares y comunitarias de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Por ello, el modelo incorporó progresivamente el acompañamiento psicosocial y consolidó la música no solo como un propósito artístico, sino también como una herramienta para la transformación social, la protección y la prevención de violencias”, destacan desde la Fundación a la hora de pensar cómo fue el recorrido educativo y social de más de tres décadas.
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Y explican: “En sus primeros años, Batuta se concibió como un sistema nacional de orquestas sinfónicas infantiles y juveniles. El objetivo era masificar el acceso a la práctica orquestal como estrategia de inclusión social y prevención de violencias. El modelo se estructuró alrededor de la metodología orquesta-escuela, donde la práctica colectiva era el eje del aprendizaje y del desarrollo de valores como disciplina, trabajo en equipo y pertenencia. En esta etapa, la ruta formativa estaba fuertemente orientada hacia la conformación de orquestas sinfónicas, con énfasis en instrumentos de la tradición sinfónica occidental.”

Formaciones con corazón inclusivo
El programa de preorquestas fue “diseñado para desarrollar habilidades psicomotrices, auditivas, rítmicas y de lectoescritura musical básica mediante agrupaciones con instrumentos Orff, percusión menor y folclórica, flautas dulces y trabajo vocal. Con el tiempo, estas agrupaciones fueron renombradas como ensambles de iniciación musical, reflejando un enfoque menos jerárquico y más diverso en términos de repertorio y sonoridades. Este cambio de denominación no fue solo nominal: implicó reconocer que la formación inicial no tenía que ser necesariamente un tránsito hacia la orquesta sinfónica, sino un espacio válido de práctica musical colectiva con identidad propia.”
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Fue a partir de 2012 cuando se dio una evolución con el programa de formación coral “para complementar tanto la iniciación musical como la formación sinfónica, trabajando la musicalidad a través de la voz cantada a una, dos y tres voces, el desarrollo del oído interno, el acople grupal y la conciencia de escucha. El repertorio coral integró obras colombianas, latinoamericanas y del repertorio universal, abarcando desde la música popular hasta la música erudita, en español y otros idiomas. Esta ampliación permitió que muchos niños, niñas y jóvenes que no necesariamente continuaban en instrumentos sinfónicos encontraran en el canto una vía de permanencia y crecimiento dentro del sistema Batuta.”

El foco de la primera infancia: música y juego
El trabajo con primera infancia ha sido otro eje de transformación del modelo de Fundación Nacional Batuta. Inicialmente conocido como “Batubebés; este programa de estimulación musical temprana buscaba acercar a niños y niñas pequeños (2–4 años) a experiencias sonoras, corporales y lúdicas. Con los años, el programa se fue perfeccionando y diversificando bajo nuevas denominaciones y enfoques, como Estimulación Artística, Transición Musical y, más recientemente, iniciativas como Batumamás (madres gestantes y lactantes) y Cajita de música y juego.”
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Desde la Fundación subrayan: “Estos programas reconocen que la formación musical en la primera infancia no es solo preparación para la orquesta, sino un derecho cultural y una herramienta clave para el desarrollo cognitivo, emocional y social. Se trabaja con ejes como música y juego, mundo sonoro, canción y lenguaje, siempre en articulación con el acompañamiento psicosocial a las familias.”

Transformaciones pedagógicas y creación
A través de los años la decisión de incorporar de forma “más decidida” músicas tradicionales colombianas fue creciendo; e incluso esto se vio plasmado en el histórico concierto que celebró los 35 años.
“Inicialmente, el repertorio y los instrumentos privilegiados eran los de la tradición sinfónica occidental. Con el tiempo, Batuta empezó a incluir de manera sistemática músicas de las distintas regiones del país y, con ellas, instrumentos propios de cada contexto: marimbas, tambores, gaitas, cuatros, entre otros. Este giro no solo amplió el repertorio, sino que transformó la concepción misma de ensamble Batuta: incorporando y dialogando con las sonoridades locales, reconociendo los saberes musicales comunitarios y construyendo prácticas colectivas que reflejan la diversidad cultural del país.”, celebran desde la Fundación.
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A esta decisión se sumó “la incursión en programas que vinculan música y movimiento. Estas experiencias reconocen que el aprendizaje musical en niños, niñas y jóvenes no puede separarse de la experiencia corporal. A través de juegos rítmicos, danzas, percusión corporal y actividades de expresión motriz, se fortalecen la coordinación, la escucha interna y la capacidad de improvisación.”
Y destacan: “Uno de los cambios más profundos en el modelo pedagógico ocurrió alrededor de 2014–2015, cuando Batuta empezó a involucrar de manera decidida el componente creativo. Hasta ese momento, el énfasis estaba principalmente en la interpretación de repertorio ya escrito. A partir de entonces, se fortalecieron procesos de composición, arreglos, creación colectiva y producción musical, entendiendo la creatividad como una competencia central para la formación integral. Hoy, el modelo pedagógico de Batuta reconoce que hacer música no es solo reproducir obras, sino también crearlas. Los laboratorios de creación, así como los procesos de composición de canciones, son expresiones concretas de esta orientación. Esto ha permitido que niños, niñas y jóvenes no solo sean intérpretes, sino también autores de sus propios repertorios, fortaleciendo su voz, su identidad y su capacidad de expresión.”
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Dignidad y enriquecimiento social
Desde Fundación Nacional Batuta desarrollan un “acompañamiento psicosocial como un proceso que apunta a la reivindicación de la dignidad humana y al enriquecimiento de la vida de niños, niñas, adolescentes, jóvenes y familias desde la práctica musical colectiva.”
De esta forma se trabaja la noción de “potencia” como “la capacidad que tienen los sujetos de transformarse, proyectarse y llegar a ser”. Para ello se trabaja en “fortalecer competencias emocionales y relacionales para el desarrollo del pleno potencial y contribuir a mitigar los efectos de situaciones de vulnerabilidad presentes en el contexto colombiano.”
Otro hito fundamental fueron las experiencias piloto, a partir de 2009, con los programas de “formación musical para personas con discapacidad cognitiva, sensorial, motora o intelectual. La práctica musical colectiva, sumada al acompañamiento psicosocial, ha creado espacios donde la inclusión y el desarrollo personal florecen, y donde cada participante es valorado por su singularidad. Este trabajo ha demostrado que la música puede ser una vía poderosa para la expresión, el aprendizaje y el crecimiento personal de niños, niñas, adolescentes y jóvenes con discapacidad.”
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A lo largo de su historia, el modelo de Batuta se ha ido transformando en “un sistema que no solo forma músicos, sino que potencia habilidades cognitivas, socioemocionales y ciudadanas, en línea con el propósito de transformación social que ha definido a la Fundación desde su origen”.

Un concierto histórico
El pasado 6 de septiembre Bogotá vivió una noche de música, paz, inclusión y transformación social a partir de la celebración de los 35 años de la Fundación Nacional Batuta.
Desde la organización explican a TICMAS que “esta residencia artística implicó mucho más que preparar un concierto. Supuso, en primer lugar, un proceso previo de preparación musical serio y riguroso para que los músicos colombianos llegaran a la residencia con un alto nivel de dominio de las obras. Esto implicó un trabajo intenso de estudio, tanto de las piezas interpretadas junto al coro y los músicos acompañantes como de las obras para cuerdas, algunas de ellas especialmente exigentes desde el punto de vista técnico y musical. En segundo lugar, la residencia exigió una organización muy precisa. En dos días y medio era necesario articular a directores, solistas y músicos alrededor de un repertorio amplio y exigente”.
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Y destacan: “Pero, sobre todo, la residencia permitió un verdadero intercambio artístico y humano. A su llegada, los músicos españoles —Rubén Darío, director invitado; Zaloa Gorostidi Bidaurrazaga y Emilio Robles Félix, violines; Vicent Nogués Alcaraz, viola; Suzana Stefanović, violonchelo; Roberto Terrón, contrabajo; Nancy Catalina Rodríguez Garnica, soprano; y Miguel Ángel Ariza Calatayud, tenor— se encontraron con niños y jóvenes con un nivel musical muy alto, pero también con una seriedad, una rigurosidad y un compromiso que superaban ampliamente lo que esperaban encontrar en músicos de su edad.”
“Más que encontrarse con jóvenes intérpretes, encontraron un equipo con una identidad y unos vínculos construidos a través de la práctica colectiva. Ese intercambio permitió reconocer no solo sus capacidades como músicos, sino también sus cualidades humanas. En ese sentido, la residencia fue una experiencia coherente con lo que significa Batuta: formar músicos, sí, pero también formar personas. El concierto fue el resultado visible de un proceso mucho más amplio de preparación, encuentro, escucha, confianza y aprendizaje mutuo entre generaciones y entre dos países unidos por la música.”, celebraron.
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El sismo que no detiene la música
Además parte de lo recaudado en el concierto fue destinado a centros musicales que fueron afectados por el fuerte sismo del 10 de agosto en Colombia. “En Buenaventura contamos con un Centro Musical, un Centro Orquestal, un Centro de Discapacidad y dos Establecimientos Educativos; en Quibdó tenemos dos Centros Musicales, un Centro Orquestal y dos Establecimientos Educativos y en Itsmina un centro musical con un total de 1.432 niños, niñas, adolescentes y jóvenes”, detallan.
Y agregan: “La situación es muy grave porque el impacto del sismo no se limita a los daños físicos en los centros musicales y en las instituciones educativas donde desarrollamos nuestras actividades. Sí hay afectaciones en infraestructura que debemos atender y estamos trabajando para garantizar que estos espacios puedan volver a ser lugares adecuados y seguros para nuestros niños, niñas, jóvenes, maestros y equipos psicosociales. Pero quizás el daño más profundo es el que no siempre se ve. El sismo afectó a la familia Batuta: a nuestros maestros, a los profesionales psicosociales, a las familias y, por supuesto, a los niños y jóvenes. Alteró sus rutinas, sus espacios cotidianos y personales y, sobre todo, esa sensación fundamental de seguridad que necesitamos para aprender, encontrarnos y hacer música.”
“Para nosotros, un centro musical de Batuta es mucho más que un lugar físico. Es un espacio seguro, no solamente desde lo estructural, sino también desde lo emocional. Allí los niños encuentran un lugar para expresarse, relacionarse con otros, sentirse acompañados y construir confianza. Cuando esa seguridad se ve afectada, el impacto es mucho más profundo que una pared averiada o un espacio que debe ser reparado.
Por eso, hoy nuestro desafío es doble: atender y recuperar las condiciones físicas de los lugares donde hacemos música, pero también acompañar a nuestra comunidad en la recuperación de sus rutinas, sus vínculos y su sensación de seguridad. Estamos reconstruyendo espacios, pero, sobre todo, estamos ayudando a reconstruir la confianza.”, destacan.
La campaña “Exbatuto o Exbatuta”: seguir conectados al ritmo
En esta celebración de los 35 años, la Fundación Nacional Batuta busca reconectar con “las generaciones que han pasado por sus procesos de formación y reconocerlas como parte activa de su historia. No se trata únicamente de reencontrar antiguos participantes, sino de recuperar sus voces, sus historias y sus trayectorias para mostrar cómo la experiencia Batuta ha trascendido el momento de la formación musical y ha acompañado la construcción de proyectos de vida.”
Y explican: “La campaña también contribuye a visibilizar a los exbatutos y exbatutas como una comunidad que sigue haciendo parte de Batuta, incluso después de terminar su proceso de formación. Muchos de ellos continúan vinculados a la música, a la educación, a la gestión cultural o a otros campos profesionales, llevando consigo aprendizajes, valores y vínculos construidos en Batuta. Sus historias son, por tanto, una manera concreta de mostrar el alcance y la permanencia del poder transformador de la música.”
Además esta campaña es pensada como “una estrategia de memoria, reconocimiento y comunidad: recupera las historias del pasado para fortalecer el sentido de pertenencia en el presente y proyectar a Batuta hacia el futuro. Es una manera de decir que los 35 años no pertenecen solamente a la institución, sino a todas las personas que han hecho parte de ella y que, de distintas maneras, continúan llevando a Batuta consigo.”
Sofía Cano, violinista de la Orquesta Batuta Bogotá resumió la mirada de la Fundación- en su discurso previo al histórico concierto que contó con el apoyo de TICMAS-: “En Batuta no solo crecen músicos, te enseñan la solidaridad y la empatía y en el futuro te cruzas y conectas con niños Batuta y sabes que siempre te unirá la música.”
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