
“¿Y ahora qué?”. Es una pregunta que surge cuando familias, educadores y la sociedad en general deben considerar lo particular de las infancias,y en especial cuando se trata de trabajar con la neurodiversidad.
Daniel Valdez es psicólogo clínico y educativo y dirige el Diploma Superior de Posgrado “Prácticas Inclusivas en CEA” de FLACSO y el Diplomado en Especialización en Autismo de CPAL. Su último libro Infancias aprendiendo. Desarrollo temprano y desafíos de la neurodiversidad (2026, Tilde Editora) plantea un recorrido no solo por su trabajo sino también por el de otros especialistas que desarrollan “la importancia de la atención temprana en autismo, la construcción de la memoria en niños prototípicos y neurodivergentes y la multidiscapacidad asociada a la sordoceguera.”
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Con los aportes de de Margarita Cañadas, Karina Solcoff y María Núñez, Daniel Valdez invita a pensar el diálogo entre aprendizaje e inclusión para “conocer para comprender y comprender para actuar”. Además ofrece una caja de herramientas para abordar lo diverso desde lo humano.

–“Infancias aprendiendo” es un título poderoso que pone el foco en el hacer ¿Qué dice eso sobre cómo concebís la neurodiversidad?
—Sí, Infancias aprendiendo implica una acción, implica justamente prácticas. Porque, claro, ese aprendizaje ocurre en esas propias prácticas de crianza, en el seno de la familia, en el seno de la cultura familiar. Esto es importante porque ahí destacamos no solamente el aprendizaje desde el punto de vista del desarrollo cognitivo, sino, y sobre todo, desde el propio desarrollo afectivo-emocional.
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Estas prácticas de crianza implican vínculos; implican justamente poner en marcha esos patrones de apego que suponen que el bebé puede explorar el mundo, que a partir de esa base segura que brindan mamá o papá puede sentirse, justamente, con las condiciones de conocer ese mundo y tener la seguridad de que va a ser cuidado y protegido.
—¿Cómo fue el proceso de compilación para este libro? Es interesante porque hacés honor a la diversidad al ofrecer diversas miradas como las de Cañadas, Solcoff y Nuñez.
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—Es necesario entender que este aprendizaje tiene desafíos. Cuando hablamos del paradigma de la neurodiversidad y, en particular, de las neurodivergencias, el aprendizaje y el desarrollo siguen diferentes vías. Hay una diversidad de expresiones subjetivas que entendemos en esos contextos y prácticas de crianza; estamos hablando de la constitución subjetiva, de la constitución del psiquismo, por lo que es un tema clave.
Infancias aprendiendo plantea ese panorama teniendo en cuenta distintos factores. Ahí trabajamos sobre un programa de atención temprana, sobre el desarrollo temprano de la memoria autobiográfica, el tema de la sordoceguera en la infancia temprana y algunas pautas de intervención posible y sobre intervención centrada en la familia, que es un paradigma clave para entender estos procesos.
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—Creaste y desarrollaste el enfoque CODDA (Contextos, Desarrollo, Dimensionalidad y Apoyos) como herramienta para ir más allá de las etiquetas diagnósticas. ¿Qué pasa cuando el sistema educativo argentino sigue organizando los apoyos en función del diagnóstico y no del contexto?
—Muchas veces uno se pregunta cómo se juegan estas cuestiones en el día a día de una institución escolar, en un contexto educativo o en un aula. ¿Qué pasa con los docentes? Tenemos maestros y maestras sumamente comprometidos en el sistema; sin embargo, este no es un trabajo individual. La inclusión no es un favor que depende de la buena voluntad de un maestro, debe ser un marco institucional, social y político a largo plazo. Es la política educativa y son las políticas públicas las que tienen que marcar esta línea de trabajo, dándole apoyo a los maestros y profesores, brindando formación y, para ser realistas, asignando el presupuesto necesario y la formación permanente, porque debe ser un proyecto de una comunidad entera.
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—El libro se presenta como una contribución a la “divulgación del conocimiento científico”. ¿Cuánta distancia hay hoy entre lo que la investigación sobre neurodiversidad sabe y lo que efectivamente llega a las aulas?
—Aquí es muy importante recalcar como primer punto que no es posible una extrapolación directa del conocimiento del campo de la psicología, el desarrollo y el aprendizaje hacia el aula. Lo que tenemos que pensar es cómo funciona el aula y cómo funciona la escuela: entender la especificidad del dispositivo escolar, comprender la cultura de la escuela, entender y respetar las experiencias de los maestros y trabajar, justamente, en equipo. Porque es muy importante entender que no hay manera de trabajar en educación inclusiva si uno se apoya solo en el maestro, si el peso va únicamente al docente.
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—La Sociedad Internacional de Investigación del Autismo premió un trabajo sobre educación inclusiva en Argentina que dirigiste. ¿Qué encontró esa investigación que fuera relevante a escala internacional, pero que en Argentina siga siendo difícil de implementar?
—En realidad, me permito hacerle una corrección: no se trata de educación inclusiva, sino que son investigaciones que abordan temas de accesibilidad, dinámicas familiares, falta de apoyos y las barreras para acceder a las terapias. En ese estudio encontramos que hay una brecha temporal muy grande entre el momento en que aparecen las primeras señales de alarma y el que la familia recibe el diagnóstico.
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—El libro incluye un capítulo específico sobre atención temprana. En el sistema de salud argentino, ¿cuánto demora en promedio un niño en recibir una intervención desde la primera consulta? ¿Esa demora tiene consecuencias irreversibles?
—En el libro se publica un programa entero llamado DIATeC, que es un dispositivo de apoyo para el aprendizaje de la comunicación social. El DIATeC es como una caja de herramientas para los primeros 50 días después de que la familia encuentra las primeras alertas en el desarrollo o después del diagnóstico. Se propone como un programa accesible y abierto; por eso lo publicamos, para que la gente pueda leerlo y entender el día a día de cómo favorecer el desarrollo de pautas intersubjetivas tempranas, de juego, de comunicación y de lenguaje.
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Actualmente estamos haciendo una investigación piloto en el Hospital Regional de Río Gallegos, porque proponemos el DIATeC como un programa accesible y gratuito que pueda estar en los centros públicos y en los hospitales, porque hay muchas personas que no tienen acceso a los tratamientos por razones económicas o geográficas.
Y surge de nuestra investigación con la Red de Espectro Autista de Latinoamérica (REAL), en la cual han participado 2520 familias, donde encontramos datos muy significativos. En promedio, las familias se dan cuenta de que el desarrollo está teniendo grandes desafíos (alertas o alarmas en el desarrollo) a los 22 meses de vida del bebé y reciben el diagnóstico oficial a los 46 meses. Es decir que existe una diferencia de dos años entre la primera sospecha y el diagnóstico. Muchas familias no tienen acceso a ningún tipo de tratamiento ni a servicios clínicos o educativos hasta que no cuentan con el diagnóstico oficial. Esto supone que pasan dos años sin ningún tipo de apoyo. En ese periodo, ese bebé o esa beba puede tener problemas de sueño, de alimentación, de conducta, o dificultades para entender y hacerse entender, así como problemas para jugar e interactuar. La familia se encuentra completamente sola en ese momento. Por eso es tan importante el tema de la caja de herramientas.

—¿Por qué se incluyó la sordoceguera en un libro sobre neurodiversidad? ¿Qué enseña sobre el resto de las condiciones?
—El tema de la sordoceguera es muy importante y no está muy transitado, sobre todo en español; creo que no hay publicaciones en castellano sobre el tema. Aquí, la dra. María Núñez, que tiene investigación y experiencia en la temática, propone ese recorrido.Cuando hablamos de los patrones de interacción social y las pautas de referencia conjunta —es decir, un bebé que mira a su mamá, mira a la mamadera y mira a la mamá, o que señala la mamadera o el juguete y mira a su mamá o a su papá—, estamos hablando de esas pautas de atención conjunta y acción conjunta de una manera, entre comillas, “clásica”.
Ahora, el bebé con sordoceguera, por supuesto, no mira a la mamá o al papá de la misma manera. ¿Cómo son esas aproximaciones? ¿Cómo es esa interacción? ¿No crea pautas intersubjetivas de interacción o pautas de referencia conjunta y pautas sociales con mamá o papá? Por supuesto que sí, pero ahí tenemos que entender este camino que es multisensorial. Probablemente la modalidad entonces no sea la única, es decir, la modalidad visual o auditiva. ¿Cómo podemos entenderlo mejor para poder intervenir? Al estudiar esas pautas en bebés sordociegos, se nos plantean desafíos importantes para comprender cómo aprenden, cómo interactúan y cómo se implican en pautas sociales, emocionales y afectivas que van a promover su aprendizaje y desarrollo.
—Una parte significativa de tu trabajo está orientada a padres y madres, no solo a especialistas ¿Qué tan importante es trabajar el aprendizaje sobre la neurodiversidad en el entorno familiar?
—Otra cuestión que está suficientemente estudiada es el altísimo nivel de estrés de las familias, sobre todo de las madres de niños autistas o neurodivergentes en general. Es fundamental brindar estas herramientas porque hay un tema que indagamos aquí: el estrés ligado a la percepción de autoeficacia. A veces la mamá o el papá sienten que no están siendo buenos padres o buenas madres, en el sentido de “no puedo jugar con mi bebé” o “no sé cómo comunicarme con mi bebé”. Esto ocurre porque, justamente, la comunicación y la interacción ofrecen grandes desafíos en las neurodivergencias.
El DIATeC trata de brindar esas pautas para interactuar, jugar y plantear pautas intersubjetivas tempranas siguiendo las prácticas de crianza cotidianas. La idea principal es no dejar sola a la familia. Si hablamos de la planificación centrada en la persona, mirar a la persona significa entender su nivel de desarrollo actual, su potencial y sus intereses (más allá del diagnóstico y de cualquier tipo de programa), sin olvidar sus grandes desafíos. Esa es la idea que trata de cubrir el programa manualizado DIATeC, con pautas de interacción semana a semana, trabajo con las familias y trabajo con los propios bebés para promover el desarrollo, el aprendizaje, la comunicación y la interacción intersubjetiva.
—¿La formación de grado en psicología y en educación en Argentina hoy prepara para trabajar con neurodiversidad, o eso sigue siendo terreno de posgrado o especializaciones específicas?
—La formación de grado sigue siendo un tema muy complejo. Prácticamente no existen contenidos sobre discapacidad o neurodiversidad (no solo de autismo) en las carreras universitarias; por lo general, estos temas quedan relegados a los posgrados. Para resolver esto se necesita: formación académica que permita integrar estas temáticas en los planes de estudio obligatorios; institucionalización de los apoyos: es fundamental que las unidades académicas institucionalicen la educación inclusiva.
Actualmente trabajamos en programas de apoyo para estudiantes universitarios autistas porque la demanda es cada vez mayor y muchas facultades aún no cuentan con estos recursos y es clave evitar un abordaje basado en los casos individuales: no se puede fragmentar la ayuda caso por caso. El alumno debe saber que existe un área específica de neurodiversidad o neurodivergencias diseñada para brindarle acompañamiento y asegurar los ajustes razonables, tal como lo estipula la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Algunas universidades ya están avanzando. Hemos dictado cursos y formaciones a profesores y equipos directivos que están muy comprometidos e interesados, motivados por la presencia de alumnos que plantean estas necesidades debido a que cada vez hay una mayor conciencia social. Eso va de la mano del diagnóstico de autismo en la edad adulta, que ha crecido muchísimo. Se observa principalmente en dos perfiles: padres y madres: Adultos que tienen hijos autistas y, al conocer el desarrollo de sus niños, toman conciencia de que ellos mismos podrían serlo; y adultos sin diagnóstico en la niñez, lo que se llamaría TEA Nivel 1: personas que no presentan discapacidad intelectual ni alteraciones en el lenguaje, que frecuentemente trabajan, estudian en la universidad, han hecho carreras profesionales o han formado sus propias familias. Este es un tema clave en la actualidad.
—¿Qué tema sobre neurodiversidad está emergiendo ahora mismo en la investigación que todavía no estaba maduro cuando se editó el libro?
—Respecto a “nuevas tendencias emergentes” en la investigación de este año, se sigue avanzando sobre estas mismas líneas ya planteadas; no ha surgido una novedad disruptiva reciente. Cabe destacar que el libro fue un proyecto de publicación inmediata, por lo que su contenido es actual.
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