David Garza Salazar, presidente del Tec de Monterrey: “Nos consideramos una universidad emprendedora”

En diálogo con Ticmas, el presidente del Tec de Monterrey repasa los proyectos que marcan la agenda de la institución —entre ellos, la inauguración del Hub de Innovación y Emprendimiento Eduardo Garza T.— y reflexiona sobre el rol del Tec como actor social: la diáspora de los Exatec, el desafío de hacer investigación aplicada con impacto real y la apuesta por construir una universidad de clase mundial en un país que todavía no lo es

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David Garza Salazar
David Garza Salazar en el edificio Hub de Innovación

“El apellido Garza es muy común aquí”, dice David Garza Salazar. Nadie ignora que el actual presidente del Tec de Monterrey comparte apellido con quien fuera su fundador, Eugenio Garza Sada. “Pero mi relación con la familia fundadora quizá tenga que ver con ancestros”, dice.

La historia de David Garza Salazar es probablemente el ejemplo más potente del poder transformador de la educación. Nacido en el seno de una familia trabajadora, su abuelo paterno había cruzado el río a nado en busca de una mejor vida en Estados Unidos. En el vecino del Norte nació el padre de David y, en cuanto pudieron, la familia regresó a Monterrey, de donde ya no se irían. “Tengo un gran respeto por los migrantes”, dice ahora David, con un brillo en los ojos.

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Un día, cuando todavía era un chico, vio desde afuera del campus el mural de Camarena que corona la Rectoría del Tec y, asombrado por las formas y colores, les preguntó a los padres qué era ese edificio. “Es una universidad”, le dijeron, “la más prestigiosa de Latinoamérica”.

David Garza Salazar creció con el sueño de estudiar en el Tec; sueño que logró gracias a una beca. Es ingeniero en Sistemas Computacionales por el Tec y doctor en Ciencias Computacionales por la Universidad Estatal de Colorado. Desde hace cuarenta años está vinculado al Tec, donde ha ocupado diversos cargos académicos y directivos. Entre 2017 y 2020 fue rector y desde entonces se desempeña como presidente del grupo educativo.

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—¿Qué pensarían de mí mis padres y mis abuelos? —dice—. Ni mis padres ni mis abuelos habían tenido la oportunidad de ir a la universidad. Fui estudiante de primera generación. Mi abuelo ya había fallecido cuando me gradué, pero estoy seguro de que habría estado muy contento de ver que él, que cruzó el río para buscar mejores oportunidades, vio reflejadas esas oportunidades en sus nietos.

En esta entrevista con Ticmas y con su experiencia de vida como telón de fondo, David Garza marca el compromiso que el Tec mantiene como actor social relevante en México. Una marca que se ve en los últimos desarrollos y avances que han hecho, como por ejemplo la inauguración del Hub de Innovación y Emprendimiento Eduardo Garza T., un edificio que busca convertirse en el espacio de referencia en América Latina para emprendedores y startups.

David Garza Salazar
David Garza Salazar

Unos años atrás, usted contaba que el Tec tenía la intención de llegar a 500.000 estudiantes, sobre todo con una propuesta de lifelong learning. Ahora acaban de inaugurar el Hub de Innovación, que es un puente hacia las startups y los negocios. ¿Este nuevo espacio es una respuesta a aquella aspiración?

—Efectivamente, por un lado existe la intención de estrechar y potenciar aún más el gran talento y el liderazgo de nuestros Exatec. La comunidad suma casi 400.000 personas. Acabamos de tener una reunión en Boston con alrededor de ciento cincuenta Exatec, todos haciendo cosas extraordinarias. El año pasado sucedió algo similar en Suecia. Entonces pensamos qué pasaría si estuviesen aquí. Como país nos faltan entornos en los cuales ellos puedan potenciar lo que hacen. Sin duda, el Hub abre una oportunidad para los Exatec emprendedores. Alrededor del 20% lo son cuando se gradúan; a los quince años, cerca del 50% ha creado su propia empresa. Pero diría que, si bien un elemento del Hub tiene que ver con que nuestra comunidad de alumnos, Exatec y profesores pueda aprovechar la infraestructura tanto física como de ecosistema, el otro aspecto es atraer a quienes están en el campo profesional pero no son Exatec. Una estadística señala que, en México, alrededor del 80% de las startups no tienen ningún tipo de apoyo ni del sector público ni del sector privado. Podemos cubrir parte de ese grupo que no encontró apoyo con una iniciativa como el Hub de Innovación y Emprendimiento Eduardo Garza T.

¿Cómo es la propuesta para que los emprendedores entren en relación con inversores, ángeles, formadores?

—Uno de los aspectos tiene que ver con la conexión, la mentoría, los expertos y también los recursos —principalmente financieros— que pueden venir de VCs o de inversionistas. También buscamos una conexión con quienes potencialmente pueden ser su mercado: las empresas. Hay startups que apenas están incubando; otras están en etapas más desarrolladas. Nosotros teníamos la conexión con los diferentes grupos, pero no habíamos tenido la manera de concentrar, orquestar y coordinar esas conexiones. Ese es el paso que estamos dando ahora.

¿Podría desarrollar la idea?

—Cada año nos vinculamos con más de 2.600 empresas y organizaciones, ya sea por nuestro modelo educativo o por los servicios de educación continua que damos. El desafío está en conectar al potencial emprendedor con el ecosistema que ya tenemos. Por otro lado, tenemos un grupo de inversionistas que ayudan a las startups en etapa temprana que quieren escalar. Y también queremos atraer nuevas conexiones, sobre todo de VCs e inversionistas, porque hemos identificado que a veces esa es la parte donde se atoraron los emprendimientos.

Ticmas - Edificio HUB Tec
El Hub de Innovación y Emprendimiento Eduardo Garza T.

En una entrevista anterior, yo le preguntaba por el impacto del Tec en la economía de Monterrey y usted me decía que era importante. Pero el Tec, por su vocación y función, necesariamente es más lento que la economía y la política. ¿Cómo plantean proyectos a largo plazo?

—Aspiramos a ser una universidad de clase mundial, pero sabemos que estamos en un contexto de muchos desafíos. Ciertamente no podemos decir que nuestro contexto de país sea de clase mundial. ¿Cómo rompemos eso? La respuesta tiene que ver en parte con nuestro Consejo Directivo, conformado por líderes, empresarios y referentes de la sociedad civil que siempre nos retan a tener una visión de largo plazo. Hoy somos un grupo educativo con el Tec de Monterrey, TecMileno y TecSalud, y todo comenzó en una casona con 350 alumnos. Existía la convicción de que, a través de la educación, se podía tener un impacto en el desarrollo económico del país. También diría que en el ADN del Tec está cómo podemos pensar en grande.

¿“Go big or go home”?

—Sí, pero en muchos de estos proyectos ambiciosos hay más preguntas que respuestas. Si vemos que el impacto sería muy diferente si lo hiciéramos, hay que intentarlo. No hay nada peor que dejar pasar una oportunidad.

¿Puede dar un ejemplo?

—Hace un tiempo, una acreditadora nos dijo que teníamos una buena calidad educativa y que los egresados estaban contentos, pero que nuestros profesores no tenían grados doctorales ni de maestría. En ese momento nos preguntamos cuánto iba a costarnos, pero a la vez aparecieron otras preguntas: ¿cómo íbamos a atraerlos si no realizábamos investigación aquí?, ¿seríamos una mejor institución?, ¿tendríamos un mayor impacto si nuestros profesores tuvieran maestrías y doctorados? La respuesta fue sí. Hoy estamos viendo los frutos de esa decisión.

Mencionó la palabra “investigación” y el Tec propone que las investigaciones generen impacto. ¿Habla de impacto económico?

—Buscamos un impacto económico, social y ambiental, y queremos que en un corto o mediano plazo ese impacto se vea. Nuestro enfoque es hacia la investigación aplicada, por nuestro contexto país, por nuestra vocación como institución relacionada con la industria y porque creemos que ahí es donde podemos influir. Quiero precisar que eso no quiere decir que la investigación básica o fundamental no sea relevante; al contrario. Pero ponemos la prioridad y el énfasis en la investigación aplicada: en aquello en lo que decimos “aquí todavía hay una última milla por hacer”.

¿Es difícil hacer fundraising en el Tec? La imagen que dan hacia afuera es la de una institución sólida y autosustentable. Pero los proyectos necesitan apoyo económico antes de llegar a ser autosustentables. ¿Cómo se presentan ante un inversor?

—Comenzamos diciendo que tenemos grandes sueños que, con los recursos propios de la institución, no podríamos alcanzar. También los invitamos a ver que esta es una manera de trascender. Estamos convencidos de que la educación es transformadora. Nuestro propósito es transformar vidas, personas y comunidades a través de ella. Al final del día, somos una institución de la sociedad y para la sociedad: una universidad privada sin fines de lucro. Otro aspecto importante es mostrar el impacto: cuántos empleos han generado nuestros egresados. Hay un impacto directo de la labor que realizamos. También es clave hablar de la causa específica, como el programa “Líderes del Mañana”, donde atraemos estudiantes altamente talentosos que están en una situación económica que quizá ni siquiera les permite considerar ir a la universidad. Si nos ponemos en el lugar del potencial donante, quizá es alguien comprometido con devolver algo a la comunidad.

¿Es el caso de Eduardo Garza, que financió la creación del Hub?

—Es el gran ejemplo. Él dijo: “Yo vine aquí, estudié aquí, estuve en preparatoria y profesional, puse mi empresa, me ha ido muy bien y debo regresar algo”. También tiene que ver con que buscamos a las personas correctas: personas cuya mente no está puesta únicamente en generar riqueza —que tiene su valor, porque generar riqueza nos ayuda a tener una mejor calidad de país—, sino que además ven esa riqueza como parte de un compromiso social.

Ticmas - Edificio HUB Tec

Desde que usted es presidente y Juan Pablo Murra es rector, el Tec tomó una estrategia más activa en América Latina. ¿Por qué y cómo la van a sostener?

—Una de las primeras reflexiones tenía que ver con nuestra estrategia de internacionalización. Queríamos elevar nuestro impacto como institución y nos dimos cuenta de que ese impacto también tenía que ver con alianzas y relaciones internacionales. Por la cercanía con Estados Unidos, hemos tenido mucha relación con ese país. Pero también fue un momento de reflexión: lo que más nos une, en términos de retos, cultura, idioma e incluso reconocimiento, es la región latinoamericana. Seguimos cultivando relaciones con América del Norte, Europa y países asiáticos, pero nos preguntamos cómo podíamos ser todavía más intencionales.

¿Todavía tienen oficinas en España?

—Tenemos oficinas en España, en América del Norte y también cierta presencia en el sudeste asiático. Parte de eso era también preguntarnos sobre nuestra presencia: en qué foros es relevante estar y con quiénes es relevante relacionarnos. Esto se amplía todavía más con esta mirada de grupo educativo. Dijimos: tenemos una universidad, TecMilenio, con una estrategia de mayor crecimiento para impactar a más personas, y ese crecimiento no lo estamos limitando solo a México. Vemos que puede ser en otros lugares y, claro, lo natural tiene que ver con el habla hispana. Lo otro es la Vicepresidencia de Aprendizaje para el Futuro, donde queremos llegar a más de 500.000 estudiantes, sean o no Exatec. Ahí también vemos que la parte natural donde debemos comenzar a impactar tiene que ver con Latinoamérica.

¿Cómo manejan el error? El Tec parece una institución donde las cosas siempre salen bien. Pero que siempre salgan bien quiere decir que, a veces, quizá no están preparados para que salgan mal. ¿Qué pasa cuando algo no funciona? ¿Cómo lo reconocen? ¿Cuánto les duele?

—Cometemos muchos errores. Tratamos de identificarlos pronto para poder tomar las decisiones adecuadas. Hemos tenido programas que cerramos. Algunos pueden ser errores en el sentido de que creíamos que algo iba a pasar y no pasó. Otros no tienen que ver tanto con errores, sino con decir que en el momento era la decisión adecuada, pero luego era mejor no seguir. También hemos dicho muchas veces que un programa académico iba a ser exitoso, pero luego vimos que no había suficiente interés de parte de los alumnos. En algunos casos nos adelantamos a nuestro tiempo y tuvimos que decir “Lo haremos después”.

A veces llegar temprano es tan problemático como llegar tarde.

—Así es. En los ochenta y noventa teníamos un centro de inteligencia artificial que en algún momento decidimos cerrar. Y hoy seguimos viendo actividad de inteligencia artificial. Se trata de tomar decisiones rápido en aquellos temas en los que creemos que no estamos yendo en la dirección correcta o no estamos viendo los resultados esperados. Nos consideramos una universidad emprendedora, y el emprendedor tiene que intentar. Si hay que fallar, que sea rápido. Siendo autocrítico, a veces no fallamos tan rápido.

En la primera respuesta hablaba de las reuniones que mantuvo con exalumnos en Estados Unidos y en Europa. América Latina se ha vuelto la mano de obra tecnológica de muchas compañías del primer mundo. Ya no exportamos materia prima, pero exportamos cerebros, lo que aumenta la brecha entre naciones ricas y naciones en desarrollo. ¿Qué les propone el Tec a sus estudiantes?

—Hoy, si tomamos una foto, uno de cada cuatro Exatec está en el extranjero. Parte de lo que vimos en estas reuniones es el gran interés de ellos por decir: “¿Qué puedo hacer por México?” Les interesa ayudar al país y creen que el Tec puede ser un vehículo. Eso también nos interesa a nosotros. Hay temas de corto plazo y temas de mediano plazo. Los de corto plazo tienen que ver con la vinculación: si estás en Harvard trabajando en biotecnología, ¿cómo te conectás con los emprendedores de acá? Eso resultó muy benéfico: cada año van grupos de cuarenta alumnos al laboratorio de un profesor que está allá. La parte de mediano y largo plazo es que nos gustaría que en algún momento ellos se propongan regresar para hacer lo que están haciendo allá, porque aquí encuentran los medios y las conexiones. Los vemos como una diáspora. Hago el símil con lo que pasó con India o con China: comenzaron su educación aquí, quizá su posgrado lo siguieron allá, ocuparon posiciones de alto nivel en distintos espacios y hoy tienen la manera de decir: “¿Cómo regreso algo a mi país?” Vemos que muchos están volviendo; a eso aspiramos. Pero tampoco estamos esperando simplemente a que suceda. Por eso pensamos cómo construir el ecosistema y cómo vamos a influir a nivel país para movernos en este tema.

Todos los años el Tec tiene un proyecto nuevo: el modelo Tec21, la IA en el IFE Conference 2022, el DistritoTec, el edificio Expedition, ahora el Hub de Innovación. ¿Qué preparan para los próximos años?

—Hablaría de tres cosas. Una, incluso para este año, tiene que ver con la educación continua y el desarrollo profesional: vamos a lanzar una nueva marca asociada con este gran tema. Un segundo punto: en 2028 vamos a inaugurar nuestro campus de Ciencias de la Salud. Por primera vez, tendremos en un mismo lugar la atención clínica, la educación, la investigación, la innovación y el emprendimiento. Para esas fechas ya estaremos viendo cómo empezamos a convertirnos en un hub de pruebas clínicas aquí en Monterrey. Y un tercer tema tiene que ver con la disrupción de la IA en la educación. Ya hemos estado haciendo cosas, como compartimos en el IFE Conference; sin embargo, todo eso lo catalogamos como incremental. Nos estamos retando a pensar qué puede ser algo todavía más disruptivo asociado al tema educativo.

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