Arturo Cherbowski: “El valor que los seres humanos traemos al mundo de las máquinas es algo muy anticuado que solía llamarse discernimiento”

En diálogo con Ticmas, el director general de Universia México, plantea la urgencia de que las universidades encuentren un nuevo modelo en medio de un cambio de época marcado por la irrupción de la inteligencia artificial

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Arturo Cherbowski Lask (foto: cortesía
Arturo Cherbowski Lask (foto: cortesía Tec de Monterrey)

Arturo Cherbowski Lask es director ejecutivo de Santander Universidades y director general de Universia México. Desde esos roles impulsa proyectos para universidades, con una agenda que incluye digitalización, innovación educativa, emprendimiento y programas de becas, cátedras y colaboración académica.

Su recorrido en educación superior suma más de dos décadas en México, lo que lo llevó a ser una voz habitual en debates sobre internacionalización y movilidad académica. En 2024 recibió el premio CASE James L. Fisher por Servicio Distinguido a la Educación y también obtuvo un Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Cáucaso en Georgia. Nació en la Ciudad de México y se formó como politólogo en UC Berkeley, con maestría y doctorado en Yale.

En diálogo con Ticmas discute la tensión entre la necesidad de aggiornamiento que impone la inteligencia artificial y el papel de la universidad como espacio de reflexión. Habla de planes de estudio más flexibles, del lugar de las microcredenciales y la formación continua, y del riesgo de subordinar la educación al pulso del mercado laboral. A la vez, lee señales concretas del mundo corporativo y las conecta con un cambio de época más amplio. En ese marco, propone una idea a la que vuelve una y otra vez: el diferencial de los humanos no está en competir con las máquinas, sin en desarrollar un pensamiento profundo.

"Hay que pensar en un
"Hay que pensar en un ritmo ágil de la formación", dice Arturo Cherbowski (foto: Cortesía Tec de Monterrey)

Alguna vez ha dicho que el programa de estudios debería cambiar cada seis meses. Esa idea, típica de las compañías “ágiles”, ¿cómo se aplica en la educación? ¿Qué tan posible es?

—Déjame matizarlo, porque una cosa es una provocación en el mundo de la Academia resistente al cambio y otra, lo que es real y factible. Yo no soy proponente de un cambio a ultranza cada seis meses. Soy proponente de que tenemos que tener un debate serio, que las exigencias de la producción del conocimiento tienen un ritmo distinto al que está acostumbrada la Academia y que, si varios señalan lo absurdo de pensar en una carrera de cuatro o cinco años sobre un contenido que a los cinco años va a ser obsoleto, hay que pensar en un ritmo ágil de la formación. Más que hablar de cambiar los planes de estudio cada seis meses, las universidades tienen que tener la flexibilidad para mejorar, cambiar, incorporar contenidos.

Pero…

—Pero las universidades van a decir que hay un marco regulatorio que no se los permite y demás. Sabemos que hay formas para hacerlo más allá de los marcos regulatorios: llamémosle microcredenciales, llamémosle programas de educación continua, llamémosle títulos no normados que te permiten jugar con una agilidad. Esto no quita que la universidad no es solo formación para el trabajo, no es solo formación para el mundo laboral. Hay una parte muy rescatable y muy valorada que no reacciona al cambio con esa velocidad: hay algo que decir de la parte lenta de la universidad como espacio cognitivo para una reflexión profunda.

Es la primera vez que me dicen que hay que valorar la lentitud de la universidad.

—Esa parte es muy rescatable. Lo importante es cómo hacemos el balance con los conceptos que están viniendo como el aprendizaje para toda la vida, la reacción a los cambios en los mercados laborales, que van al ritmo de las nuevas tecnologías y la tradición de una formación de pensamiento profundo, con espacios cognitivos que toman tiempo. Hay una paradoja en cómo la inteligencia artificial nos obliga a una velocidad estrepitosa, pero a la vez, si queremos defender el valor diferencial de lo humano de cara a las máquinas, también nos obliga a otros tiempos.

Un educador argentino decía que la Secretaría de Educación debería depender del Ministerio de Trabajo. ¿Qué impacto tendría un vínculo tan cercano entre educación y trabajo?

—Yo creo sería que un error garrafal. No podemos ser ingenuos: hay una parte pragmática donde la educación, para tener relevancia y pertinencia, tiene que obedecer a las necesidades de los mercados laborales. Eso es inevitable. Pero los mercados laborales cambian tan rápido que no hay velocidad que alcance. Siempre está el riesgo de caer en modas, de tener lecturas equivocadas de las señales. Quizás la inteligencia artificial nos obliga a reconcebir la universidad, no tanto a la cercanía con el mercado laboral, sino precisamente en la defensa a ultranza de una visión del aprendizaje que, o no tiene que ver directamente con las necesidades específicas del mundo de trabajo, o lo tiene que ver con un sustrato. Antes les llamábamos soft skills. Hoy les pueden llamar habilidades perdurables. Parece ser que el valor que los seres humanos traemos a la mesa en el mundo de las máquinas es algo muy anticuado que solía llamarse discernimiento.

Arturo Cherbowski participó en el
Arturo Cherbowski participó en el panel "Las decisiones que definirán a la universidad en la próxima década" en el IFE Conference 2026. Junto a él: Ricardo Villanueva Lomelí, Fernanda Llergo Bay, Luis Armando González Plasencia y Bernardo González Aréchiga

Cada vez que se habla de la inteligencia artificial, se dice que va a cambiar todo en poco tiempo. Ya pasaron cuatro años del lanzamiento de ChatGPT. Entonces, ¿para cuándo podemos esperar ese cambio? ¿Se va a dar?

—Yo creo que sí, los tiempos están acelerados. Ha habido una curva de adopción que está mandando señales con los recortes de personal en las grandes empresas multinacionales. ¿Qué nos debería de poner en alerta? Las primeras empresas que han hecho recortes enormes de personal son las Big Tech. Esto es comprobable. Están dejando ir a los ejércitos de tiracódigos que habían contratado en los últimos diez años porque hoy la máquina tira código mejor que ellos. Son señales del mercado; vienen cambios fuertes. Lo difícil es la predicción del tiempo. ¿Cuánto es mucho, cuánto es poco? Es innegable que estamos en un cambio de época. Lo vemos no nada más en el lado educativo. Lo estamos viendo en el desmantelamiento del orden mundial.

La geopolítica.

—La geopolítica manda las señales más claras del desmantelamiento del viejo orden mundial. Estamos en un cambio de época: ¿cuánto es mucho, cuánto es poco tiempo para un cambio de época? Pensemos en la dupla Ilustración - Revolución Industrial: es un arco de 200, 250 años dependiendo de qué historiador lees. ¿Fue mucho o fue poco tiempo? Se dieron muchos ganadores y muchos perdedores en un ciclo de 250 años. Si comprimes 250 años en 50, ¿es mucho o es poco?

Hay una pregunta que suelo hacerle a las personas que piensan la educación desde un rol jerárquico: ¿qué haría con 10 millones de dólares?, ¿dónde los invertiría?

—Es una gran pregunta… Una vez, siendo muy crítico de los ministerios y las secretarías de Educación de Latinoamérica como órganos de control político, un ex secretario de Educación me dijo: “Oye, ¿qué harías si te ofrecieran el cargo de secretario de Educación?”. Lo primero que le dije fue: “No aceptar el puesto, Señor secretario”. Pero una cosa es decir que no a un encargo político y otra es tener 10 millones de dólares. Ahorita lo invertiría en mover lo que estamos viendo en inteligencia artificial por algo más transformador y ecosistémico, pero con una visión humana. ¿Qué pasó cuando llegó la imprenta y perdimos la tradición oral? Hubo un reacomodo de nuestras capacidades cognitivas. Yo creo que la inteligencia artificial va a generar algo así. Tenemos que adelantarnos a la curva y empezar a ver cómo hacer una nueva universidad. No sé si 10 millones alcanza, pero puede ser bueno para un proof of concept.

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