La sexta edición del Seminario de Innovación Educativa organizado por Ticmas contó con la presencia de educadores, empresarios y especialistas en tecnología que subieron al escenario para hablar de inteligencia artificial y el desafío que tienen las escuelas y las empresas para incorporar las nuevas tecnologías en su vida cotidiana.
Hernán Sánchez, en representación de AMD, expuso a través de una reveladora presentación el papel que debe jugar la IA en la educación y la importancia de dejar de verla como un sustituto del docente y comenzar a incorporarla como un recurso estratégico para potenciar la labor en las aulas.
AMD (Advanced Micro Devices) es una empresa estadounidense que, en este contexto, se posiciona como un facilitador tecnológico brindando recursos útiles para permitir el funcionamiento de la IA de manera local (en notebooks o dispositivos integrados) sin depender exclusivamente de la nube.
Entre lo humano y lo artificial
Desde el principio, Hernán dejó en claro que la innovación en educación no debe entenderse como una moda pasajera. “La innovación en educación es un tema permanente. La inteligencia artificial es un tema importante en la sociedad y fundamental en la educación”, afirmó.
Para dilucidar la cuestión, Sánchez propuso pensar las inteligencias artificial y humana en paralelo, estableciendo un marco de comparación que permita entender sus capacidades, limitaciones y puntos de contacto.
En ese sentido, explicó un proceso que consiste en el conocimiento, la comprensión y la inferencia: primero adquirimos experiencias y adquirimos conocimiento, una vez almacenado ese conocimiento podemos comprender las cuestiones. Ahí llega la etapa de la inferencia y podemos llegar a conclusiones con cierto grado de certeza razonable. “Cuando hablamos de sistemas informáticos, los sistemas son bastante similares”, señaló Sánchez.
Sin embargo, al comparar ambas inteligencias, vemos que también existen muchas diferencias. La inteligencia humana, por un lado, se caracteriza por su creatividad, capacidad de abstracción y pensamiento crítico. Estas fortalezas, a su vez, conviven con limitaciones como el agotamiento y los sesgos culturales.
La IA, por su parte, cuenta con una capacidad de procesamiento y almacenamiento de datos infinitamente superior a la humana. Su disponibilidad es constante y ha sido entrenada con grandes cantidades de información. Sin embargo, su debilidad radica en la falta de originalidad y pensamiento crítico genuino, ya que sus inferencias se basan exclusivamente en patrones ya incorporados.
La gran diferencia: formación vs educación
Por otro lado, Sánchez diferenció claramente dos conceptos esenciales en el ámbito pedagógico: formación y educación. Según explicó, la formación se orienta al desarrollo de competencias técnicas para resolver problemas, mientras que la educación está ligada al desarrollo del pensamiento la creatividad y el pensamiento crítico.
En ese sentido, las aplicaciones actuales de IA son más afines a la formación. Pueden entrenar, asistir y agilizar procesos, pero la educación exige algo más. Ahí es donde entra en juego el rol del docente.
Inteligencia artificial, ¿amenaza real?
Pero, volviendo a la pregunta inicial, ¿puede la IA sustituir al docente? La respuesta es no. Más allá del miedo a ser reemplazados, Sánchez indicó que la inquietud era exagerada. El verdadero valor de estas herramientas está en su capacidad de complementar, no en su potencial como sustituto.
En este sentido, la IA puede actuar como un asistente pedagógico, especialmente en tareas rutinarias como el seguimiento de procesos, análisis de desempeño y generación de contenidos específicos. Al mismo tiempo, el rol humano se debe mantener en la creatividad, en la supervisión, en la motivación, por ejemplo.
“Lo que puede ser la debilidad en un caso, es la fortaleza del otro. El docente tiene que mantener el rol de asegurar la creatividad, de alimentar el pensamiento crítico, de asegurar el debate”, señaló. Esta visión, lejos de los relatos apocalípticos, invita a construir una educación del futuro basada en la colaboración entre docentes y tecnologías inteligentes.
Por último, Hernán también advirtió sobre la necesidad de establecer marcos éticos y legales para el uso de la inteligencia artificial, especialmente en contextos educativos. Subrayó que sin regulaciones adecuadas, el impacto de estas tecnologías puede ser más perjudicial que beneficioso y que el éxito o fracaso de estas herramientas dependerá de nuestra capacidad de definir sus límites y responsabilidades.
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