Por qué nos frustra el “conocimiento débil”

En “La escuela inteligente”, un ensayo clásico sobre la enseñanza y el aprendizaje, David Perkins señalaba que el saber frágil y desconectado de la realidad genera frustración y desmotivación

Guardar
Google icon
(Imagen Ilustrativa Infobae)
David Perkins sostiene que el conocimiento débil genera frustración, desmotivación y una sensación de inutilidad que afecta tanto a estudiantes como a docentes (Imagen Ilustrativa Infobae)

En 1987, una encuesta educativa realizada en Estados Unidos dejó un dato por demás llamativo: dos de cada tres estudiantes del nivel secundario tenían problemas para definir cuándo había sucedido la Segunda Guerra Mundial, aunque la mayoría había estudiado el conflicto en clase. Para David Perkins, autor de un ensayo clásico fundamental, como es La escuela inteligente, esta situación reflejaba algo más profundo que la falta de memoria. Era un problema estructural en la educación: la prevalencia de lo que llamó “conocimiento débil”, un aprendizaje que no logra echar raíces, que es afectado por pseudosaberes y se desmorona en el primer intento de aplicarlo en un contexto real.

Perkins describe al conocimiento débil como un saber inerte desconectado de las habilidades prácticas y del pensamiento crítico. En su análisis, lo divide en cuatro grandes categorías, aunque en la práctica suelen solaparse.

PUBLICIDAD

Por un lado, está el conocimiento que simplemente desaparece con el tiempo. Es el típico caso de quien memoriza fechas y datos para un prueba. Es lo que explica, por ejemplo, que un estudiante pase un examen de Geografía y dos o tres días después no pueda identificar los ríos en un mapa. Los detalles se desvanecen porque no hizo un esfuerzo real por integrarlos en un marco más amplio de significado.

Otro tipo de conocimiento débil es el que permanece en la mente, pero como un recurso inactivo. Los estudiantes pueden recordar fórmulas matemáticas o leyes científicas, pero no logran usarlas fuera del contexto del aula. Un ejemplo podría ser el chico que es capaz de calcular áreas y volúmenes en un ejercicio, pero no puede aplicar esos saberes para medir una habitación.

PUBLICIDAD

También está el conocimiento ingenuo, donde las concepciones erróneas o simplistas sobreviven incluso después de la instrucción formal. Un caso extremo: el terreplanismo. Otros no tan extremos: la idea de que los objetos más pesados caen más rápido que los livianos, aunque hayan aprendido las leyes de Newton.

Finalmente, el conocimiento ritual es aquel que se aprende mecánicamente, siguiendo una serie de instrucciones o pasos, sin comprender cabalmente qué significan. En el libro, Perkins cuenta el caso de una nena que hacía cuentas según el valor de los números. Por ejemplo: si le daban dos números grandes, hacía una resta; si le daban un número grande y un número chico, hacía divisiones.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El conocimiento débil es un saber inerte desconectado de las habilidades prácticas y del pensamiento crítico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando no saber duele

Perkins sostiene que el conocimiento débil —o frágil— “duele” porque genera frustración, desmotivación y, en última instancia, una sensación de inutilidad que afecta tanto a estudiantes como a docentes. Para los estudiantes, el dolor aparece como respuesta a reconocer que lo aprendido no les sirve en situaciones reales. Es una experiencia común para quienes enfrentan problemas prácticos y descubren que los conocimientos adquiridos no son suficientes. La frustración aumenta al darse cuenta de que el tiempo invertido en estudiar no les ha dado las herramientas necesarias para enfrentarse a desafíos cotidianos o intelectuales.

Pero, dice Perkins, el conocimiento débil no es culpa de los estudiantes ni —en la mayoría de los casos— de los docentes, sino que es el resultado de un sistema educativo que prioriza la cantidad sobre la calidad y el rendimiento sobre la comprensión. Los currículos abarcan demasiados contenidos, dejando poco tiempo para explorarlos en profundidad. Los exámenes suelen medir la capacidad de recordar datos, más que la habilidad de relacionarlos o aplicarlos en nuevos contextos. Es aquí donde la enseñanza tradicional, centrada en la transmisión de información, falla en generar un cambio significativo en la manera de pensar de los alumnos.

Imagen de adolescentes felices con mochilas, caminando hacia la escuela. Otras opciones: grupo de amigos, estudiantes alegres, regreso a clases. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Superar el conocimiento débil requiere un cambio profundo en la forma de concebir la enseñanza: Perkins abogaba por lo que llamó “enseñanza para la comprensión” (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hacia un conocimiento fuerte

Superar el conocimiento débil requiere un cambio profundo en la forma de concebir la enseñanza. No se trata solo de transmitir información, sino de construir una comprensión que sea útil, transferible y duradera. En su propuesta, Perkins abogaba por lo que llamó “enseñanza para la comprensión”. Esto implica enfocarse en conceptos fundamentales y vincularlos con problemas reales, de modo que los estudiantes no solo memoricen datos, sino que comprendan cómo funcionan en el mundo. Por ejemplo, enseñar ciencias no debería limitarse a explicar teorías, sino a invitar a los alumnos a aplicarlas en experimentos o investigaciones relacionadas con su entorno.

El aprendizaje significativo también requiere actividades auténticas. Un ejemplo podría ser un proyecto en el que los estudiantes diseñen soluciones para problemas comunitarios, como la gestión de residuos o el ahorro energético. En lugar de ejercicios abstractos, este tipo de tareas permite a los alumnos conectar lo aprendido con situaciones reales, desarrollando un conocimiento más sólido y útil.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

Matemática, la gran deuda de aprendizaje: qué están haciendo las provincias para mejorar la enseñanza

Los ministros de Educación de todo el país acordaron un “compromiso federal” para priorizar esta materia, similar al que lanzaron en 2024 para la alfabetización. Las 24 jurisdicciones presentaron planes, con focos y alcances diversos. Según los expertos, el desafío es que esas políticas lleguen a las aulas

Matemática, la gran deuda de aprendizaje: qué están haciendo las provincias para mejorar la enseñanza

Formación docente: “Más de 3,2 millones de maestros no cumplen los requisitos mínimos en América Latina”

El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) publicó un documento que funciona como hoja de ruta institucional para orientar la inversión y la asistencia técnica en materia educativa donde la formación docente tiene un rol clave

Formación docente: “Más de 3,2 millones de maestros no cumplen los requisitos mínimos en América Latina”

Aprender 2025: Las claves de una política educativa que puso a Córdoba por encima de la media nacional

En esta columna de opinión, el ministro de Educación de Córdoba señala cómo un plan centrado en la continuidad de las políticas públicas le permitió a la provincia superar la media nacional en las pruebas Aprender 2025

Aprender 2025: Las claves de una política educativa que puso a Córdoba por encima de la media nacional

¡No a los deberes en vacaciones!

En tiempos de chicos agotados y ansiosos, defender el descanso --dice la autora de esta columna de opinión-- no es bajar la exigencia: es comprender mejor cómo se aprende

¡No a los deberes en vacaciones!

Bostezar puede hacer que el cerebro se prepare para aprender mejor

El cansancio y el tedio pueden ser algunas de las razones del bostezo, aunque la ciencia comienza a poner la mirada en la acción como un “reset” cerebral que puede impactar en el aprendizaje

Bostezar puede hacer que el cerebro se prepare para aprender mejor