
Es 2024, pero un adolescente o niño puede aprender con el “Libertador de América” o “Padre de la patria”, Don José de San Martín (1778-1850), y no solo aprender más de historia sino también vivir una experiencia de intercambio de impacto impensada tan solo unos años atrás. ¿Cómo es posible que ya no sea ciencia ficción?
“Hablar” con un personaje histórico es viable a partir de las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial al recrear avatares hiperrealistas que generan nuevos puntos de conexión e interés entre estudiantes; siendo al mismo tiempo una valiosa herramienta para los docentes y plataformas educativas que buscan ir “más allá” y trabajar en entornos inmersivos.

¿Qué es un avatar?
Muchos tendrán en mente la película Avatar (2009), de James Cameron, ambientada en 2154, sobre unos humanoides azules conectados corporal, ética y filosóficamente con la naturaleza del mundo que habitan. Sin entrar en detalles, lo interesante del uso de avatares que propone el film es la posibilidad de transformar a un humano en uno de esos seres viviendo una realidad paralela y al mismo tiempo tan real como la propia.
El concepto avatar fue creado en la década del ochenta por el diseñador de juegos Richard Garriot quien notó que al ofrecer una “identidad visual” a un usuario se generaba empatía y mejor predisposición para sumergirse en un entorno virtual.
El origen de la palabra proviene del hindú que nos lleva a la reencarnación y lo divino, pero ¿y en la educación? El crecimiento exponencial del uso de inteligencia artificial no solo en texto sino también en la creación imágenes fijas y animadas provocó en los últimos dos años un cambio importante en las aulas. Aunque no es algo tan novedoso, considerando que hay instituciones y empresas -en especial en el ámbito militar y de la salud- que vienen trabajando con avatares desde hace varias décadas.

Tener de profesor a Albert Einstein: ¿por qué no?
Este año se realizó un curso de “Redes sociales para creativos” que tuvo lugar en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST) y que disparó los debates sobre los beneficios de la hibridez entre tener un profesor presencial y sumar uno digital de apoyo.
Incluso un reciente estudio de la Universidad de Stanford, en California, Estados Unidos, asegura que el uso personalizado de avatares creados con inteligencia artificial en plataformas de aprendizaje generó un aumento del 15% en la participación de los estudiantes y la retención de contenidos, en especial al crear simulaciones guiadas en entornos inmersivos.
Por otro lado, desde el MIT diversos estudios de casos demostraron que el uso de avatares incrementó de manera positiva la comunicación en hasta un 20% entre estudiantes en programas de intercambio.
Estas cifras positivas también se ven reflejadas en los avatares como solución ante estudiantes con dificultades en sus aprendizajes -al poder personalizar tiempos, refuerzos y guías de recorridos- como así también en aquellos casos en los que se necesita lengua de señas o ciertas particularidades para la comprensión de cursos.
Si bien el uso de avatares educativos tiene hoy su mayor foco en la educación superior, lo cierto es que cada vez es más difícil no encontrarse en una situación cotidiana digital en la que tal vez quien nos esté hablando no sea alguien de carne y hueso sino una creación de la inteligencia artificial. Y en el ámbito educativo no universitario lo que se conoce como gamificación es un gran disparador para repensar el uso de avatares no sólo como guías sino también como una forma de sumergirse y crear nuevos compromisos en los contenidos de una currícula.

Empoderar docentes en el uso de avatares
Así como siguen abiertos los debates sobre el uso de la inteligencia artificial en las aulas con respecto al uso de generadores de textos, la posibilidad de incorporar un avatar educativo genera ciertas preocupaciones ante la idea de “un reemplazo”.
La clave, es para muchos, no entrar en un debate de apocalípticos e integrados sino más bien en poder ver el potencial de una herramienta tecnológica que puede estar al servicio de la educación y el docente.
Un asistente virtual para moldear y personalizar en base a las necesidades de cada curso -e incluso estudiante- y en el que delegar tareas de repetición de temas, refuerzos y/o actividades administrativas; con la posibilidad de la empatía y ciertos lineamientos éticos de privacidad y control de información.
Inteligencia en expansión
Se espera que para el año 2030, los usos principales de avatares en educación cubran áreas claves de guías online personalizados, tareas automáticas y de planificación de docentes, educación accesible para diversas capacidades y necesidades y enseñanza de habilidades de inteligencia artificial; es decir que la propia inteligencia artificial nos enseñe a sacarle el mejor provecho.
Pero no todo es positivo a la hora de pensar en el ingreso de la inteligencia artificial en las aulas; una encuesta realizada en Estados Unidos por el portal alemán de estadísticas Statista en marzo de este año destaca que si bien la llamada Generación Z es la que se muestra más abierta al ingreso de inteligencia artificial y avatares, los millennials y Generación X se muestran recelosos sobre los posibles usos e impactos.
En lo que respecta a período educativo que se conoce como K-12 (jardín de Infantes, primaria y secundaria), el 50% de los encuestados consideró que es clave la enseñanza del uso de inteligencia artificial y ya no solo la generación de contenido sino también la interacción con identidades que se alimentan de algoritmos y aprenden con nuestra preguntas y toma de decisiones.
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