
En México, como en muchas partes del mundo, la participación de las mujeres en las áreas STEM (acrónimo en inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) sigue siendo significativamente baja, a pesar de los avances en igualdad de género. Esta disparidad no solo refleja una pérdida de talento potencial, sino también una limitación en la diversidad de pensamiento y creatividad, cruciales para la innovación y el desarrollo económico.
En respuesta a esta situación, al igual que muchas otras ingenieras y científicas, he participado en diversas iniciativas para fomentar la participación de las mujeres en STEM. Una de ellas es Ingenia, un programa del Tecnológico de Monterrey del cual me enorgullece formar parte.
Ingenia busca fortalecer la presencia de las mujeres en ingeniería y ciencias a través del trabajo de cinco diversos comités que impulsan, entre otras cosas, programas de mentoría en distintas etapas: en preparatoria, para fomentar el interés de las jóvenes en carreras STEM; durante su carrera profesional, para evitar el abandono de los programas; y al finalizar sus estudios, para apoyar su ingreso a la industria.

Los programas de mentoría, encabezados por la maestra Yolanda Burgos, líder del Comité de Mentoría en Ingenia, han arrojado resultados sobresalientes. Por ejemplo, 208 estudiantes se han beneficiado hasta la fecha, con 98 actualmente en sesiones de mentoría, y la colaboración de 70 mentoras y mentores de diversas empresas. Sin embargo, sólo estamos abordando una parte del reto; otra parte comienza en las empresas y la industria.
Según el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), en México solo el 12.9% de los 3.6 millones de empleos en áreas STEM son ocupados por mujeres. Esta baja representación puede atribuirse, en parte, a la falta de espacios para el networking. Los motivos van desde la desequilibrada carga de deberes domésticos, que siguen considerándose principalmente responsabilidades femeninas, hasta la falta de confianza en entornos ocupados en su mayoría por hombres.
Como investigadores, dependemos de relaciones profesionales para formar equipos y obtener fondos, por lo que es crucial crear espacios para destacar nuestras habilidades y enfoques. Es por esto que el acompañamiento inicial y la creación de redes deben ser parte de los programas de diversidad en las diferentes industrias, ya que apoyar a las mujeres a integrarse a las áreas STEM va más allá de la simple contratación.

Por otra parte, es crucial fomentar proyectos que integren una perspectiva de género desde su concepción, incluyendo la conformación de equipos y la selección de muestras de estudio. Según datos del Instituto de Estadísticas de la UNESCO, las mujeres representaron aproximadamente el 33.3% de los investigadores en 107 países durante el período de 2015 a 2018.
La falta de representación de mujeres en muestras de estudio ha llevado a diagnósticos y tratamientos inexactos. Por ejemplo, el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) solía considerarse exclusivo de niños debido a la predominancia de sujetos masculinos en la investigación, dejando a muchas mujeres sin una solución por años. Hasta ahora.
Por todo lo anterior, insto a las empresas y a las instituciones a que se involucren activamente en programas de mentoreo en cualquier institución que fomente esta participación e integren en sus programas el acompañamiento a ingenieras y científicas así como el apoyo a proyectos con perspectiva de género. La colaboración empresarial e institucional es fundamental para derribar las barreras y construir un futuro más inclusivo y equitativo en STEM.
* Líder del núcleo de investigación Salud y profesora investigadora especializada en proteínas vegetales y producción de leche en la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey. Doctora en Biotecnología. Ha recibido varios premios por su investigación y mentoría.
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