
(Enviado especial).
Ken Beatty es un referente de la educación. Docente, escritor —es autor de más de un centenar de libros— y formador de formadores, su vasta trayectoria lo llevó a través de América, Asia y Oriente Medio: territorios en donde ha dado conferencias sobre la enseñanza y el aprendizaje de idiomas, desde el nivel primario hasta el universitario. Como un dato clave para entender la magnitud de su figura: dictó más de 500 sesiones de capacitación docente y presentaciones en conferencias en 35 países.
Ayer, Beatty estuvo a cargo de dar la conferencia inaugural de la quinta edición del Congreso Tesol de Colombia, que tiene como eje principal la enseñanza del inglés y continúa hoy y mañana en la sede de la Universidad de La Sabana, en Chía. Con el provocador título “Luchando con listas de palabras: ¿cuándo puedo decir alegría?”, abordó las complejidades acerca de la manera en que los estudiantes aprender el vocabulario de una lengua extranjera: cómo las listas de palabras impactan la enseñanza y el aprendizaje, y las estrategias que los maestros pueden usar para asegurarse de que los estudiantes aprendan el léxico que necesitan.
Después de la conferencia —a sala llena—, Ken Beatty visitó el living que Ticmas montó junto al auditorio de la universidad, donde profundizó algunos de los conceptos que abordó en su charla.

—¿Qué es más importante: aprender las palabras o aprender las habilidades para aprender las palabras?
—Definitivamente, las habilidades y las estrategias son más importantes. Podemos vincularlo con la expresión: “Si le das a alguien un pescado lo alimentarás por un día, pero si le enseñas a pescar lo alimentarás para el resto de su vida”. En esencia, lo que nosotros como docentes queremos hacer es enfocarnos en el aprendizaje para toda la vida. Cuando un estudiante se va de la clase, no nos va a llamar por teléfono por una palabra que no comprende. Una vez que se van, nunca más contactan al maestro: necesitan ser independientes y aprender por sí mismos.
—Entonces, ¿qué debe hacer un docente?
—Yo creo que hay que enseñarles la mayor cantidad de estrategias posibles. Cuando era un joven maestro —¡hace como cien años!—, cuando un estudiante no conocía una palabra, mi reacción habitual era decirle que la buscara en el diccionario. En ese entonces creíamos que las “habilidades del diccionario” eran las más importantes. Pero no lo son si se comparan con otras, como comprender el prefijo, el sufijo, las raíces, las familias de palabras, asociaciones con palabras significativas, etc. A mí no me preocupan los intereses de los estudiantes…
—¿Por qué?
—Porque, por ejemplo, si les propongo hacer un proyecto, les diría “Escribe algo o haz un video o algo que ames”. Quizás uno haga algo con skates y otros con grafitis y otros cocinen. Pero, hagan lo que hagan, van a usar el mismo núcleo de vocabulario: van a usar palabras y conjunciones y adverbios, y los van a recordar con mayor profundidad porque van a estar relacionados con sus propios intereses.
—En este contexto, ¿cómo se deben preparar las evaluaciones?
—Trato de no tomar pruebas; yo creo que los estudiantes deben trabajar más en la clase. Los exámenes siempre suponen una conmoción. Te preparabas para dar un examen y cuando te lo tomabas te encontrabas con algo que no sabías que entraba en la prueba. Si hago que los estudiantes se preparen para un examen pueden compartir las respuestas, pero, por supuesto, en la clase van a producir más de lo que yo podría tomarles. El tipo de evaluación que me gusta es la que está basada en proyectos, donde los estudiantes hacen cosas más elaboradas y las muestran. Primero, porque hacer un video es como sacarse una selfie: nadie se saca una sola. Te sacas una y la miras y vuelves a sacarte otra. Y, entonces, lo que realmente están haciendo con un proyecto de video es desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que hacen.
—Con esto que acaba de decir, parecería ser que la apuesta a futuro de la educación es el aprendizaje basado en proyectos.
—Absolutamente. Definitivamente.
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